Juan Manuel Olivera y Fabián Estoyanoff, ayer, tras el segundo gol de Peñarol ante Juventud en el estadio Centenario.

La copa medio llena

Peñarol ganó en forma anticipada el campeonato Apertura, que había logrado por última vez en 1996.

Cincuenta y tantos miles fueron al estadio a ver a Peñarol campeón. Y lo vieron. No hubo mucho más que eso, pero tampoco cabía esperarlo. Para que la fiesta continuara siendo fiesta aun terminado el partido, sólo hacía falta ganar, y Peñarol ganó. Incluso hubo un gol de Olivera de cabeza y el Tony Pacheco levantó la copa, así que, pese a que lo que se dice ‘partido’ propiamente dicho no fue necesariamente un espectáculo para recordar, la hinchada sintió que no le faltó nada al banquete.

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Ya desde la previa se sentía como una final, pero con un solo finalista; uno que entró a la cancha precedido de unas 200 mascotas y se ahogó en la ovación y los fuegos artificiales. En el arranque se tradujo todo eso en el intento de dominio avasallante al que parece obligar tener todo un estadio de su lado esperando por un único posible resultado, aunque reste una fecha. Y sucedió, pero por...
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Ya desde la previa se sentía como una final, pero con un solo finalista; uno que entró a la cancha precedido de unas 200 mascotas y se ahogó en la ovación y los fuegos artificiales. En el arranque se tradujo todo eso en el intento de dominio avasallante al que parece obligar tener todo un estadio de su lado esperando por un único posible resultado, aunque reste una fecha.

Y sucedió, pero por apenas dos o tres minutos. Después fue entretenido y medianamente parejo. Algunas situaciones a las que no se les puede negar el rótulo de peligrosas, como un mano a mano que Berbia le ganó a Estoyanoff y una estirada de Bologna ante una definición de Báez. Cuando todo parecía desinflarse llegó el gol, casi seguro que en contra: Brian de Barros extendió hacia su arco para cortar un centro de Zambrana y Berbia detrás de él quiso hacer lo mismo pero en la dirección contraria, por lo que el centro terminó en gol.

Ahí respiró el dueño del estadio, pero no tanto, porque Bologna no fue, ni por asomo, un espectador. Menos que menos Berbia. Un cabezazo de Cavallini, una definición de Olivera desde afuera del área, un zalayetazo desde afuera del área, rastrero, cruzado y apenas afuera, y un tiro libre de Chavasco que alcanzó espectacularmente el golero carbonero, fueron las escenas del tramo más rescatable del partido. Fueron exigidos Berbia y Bologna, que respondieron bien; el primero con voladas y, sobre todo, tapadas mano a mano, y el segundo en atrapadas, alguna paloma más espectacular de lo debido, y en otras ocasiones, gracias a estar bien parado y encontrar la sorpresa en un lugar adecuado.

Igual así la supremacía era aurinegra. No es que Peñarol fuese claro, sino que por momentos se iluminaba, no gracias a una fuerza divina que bendecía individualidades, sino porque hubo esfuerzos por mejorar el trato de la pelota; así se hacía consistente. En síntesis: dominaba, controlaba el juego, pero no necesariamente jugaba bien. Pudo terminar el primer tiempo con un golazo, de Olivera y de cabeza, como más se esperan, pero el travesaño lo negó cuando la pelota había viajado desde el borde del área. Fue después de una de las constantes combinaciones, casi trenzas diría, de volantes y delanteros que por segundos dejan ubicado a Zalayeta de puntero y a Estoyanoff de centrodelantero. “Jugamos con un esquema que necesita de sacrificio”, admitió Zalayeta tras el partido, destacando, de este Peñarol “la solidaridad”.

Lo que hacía falta

El segundo tiempo prácticamente sobró, aunque para el hincha mirasol bien valió como tablas para que Olivera, valiéndose de la mala tarde de Brian de Barros, entonara la última estrofa del repertorio. Tuvo la parte final un corte de cinco minutos por gases lacrimógenos que terminaron en la cancha, tuvo la salida de Grossmüller por lesión y tuvo un pelotazo de Gallegos en el travesaño, que en el rebote Olivera no llegó a cabecear bien. Todo eso antes del gol, que llegó a los 40 minutos, que en realidad eran los 35. Juan Manuel Olivera se sacó las ganas y los comentarios de encima y la mandó a guardar para liquidar definitivamente el juego y el campeonato, aún con una fecha por jugar. Juventud ya se había desdibujado bastante y Peñarol había perdido fuerza, necesitando de Zalayeta fuera del área para generar peligro y apelando siempre a abrir pelotas lanzadas en diagonal para que Estoyanoff entrara como un torpedo por la punta y que terminaron en intervenciones soberbias de Berbia (valga la rima).

“Lo importante fue no perder la calma”, agregó Zalayeta en la misma nota postriunfo, y no se refería necesariamente al partido de ayer, sino al campeonato todo, que arrancó flojo para los carboneros y terminó con un festejo antes de cumplir todas las fechas. No es que haya sido notable, pero sí fue en ascenso, solidificándose y mostrándose consistente para concluir con una copa más en sus vitrinas; un campeón nato.

Detalles

Estadio Centenario

Árbitros: Martín Vázquez, Nicolás Tarán y Marcelo Gadea.

Peñarol (2): Enrique Bologna; Alejandro González; Carlos Valdez; Darío Rodríguez; Nicolás Raguso; Carlos Grossmüller (51’ Ignacio Nicolini); Marcel Novick; Fabián Estoyanoff; Jorge Zambrana (78’ Sebastián Gallegos); Juan Manuel Olivera (goleador, 47’ Damián Macaluso); Marcelo Zalayeta. DT: Jorge da Silva.

Juventud (0): Adrián Berbia (¡Clap! ¡Clap!); Rodrigo Cabrera; Federico Platero; Brian de Barros; Alejandro Prieto; Marcelo Broli (87’ Miguel Márquez); Emiliano Romero; Alejandro Reyes (87’ Maximiliano Russo); Guillermo Chavasco; Jaime Báez; Lucas Cavallini (73’ Heber Collazo). DT: Ariel de Armas

Goles: 15’ Brian de Barros en contra, descolocando a Berbia tras centro de Zambrana (P); 85’ Juan Manuel Olivera, de cabeza, tras córner generado por él (P).

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