37 vueltas eléctricas

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Fue un día soleado, caluroso, veraniego el del sábado en Punta del Este, y si eso fue bueno para quienes abarrotaron las tribunas y para la imagen internacional del balneario, también hay que decir que unas gotitas anticipatorias de la tormenta que llegaría de noche no le hubieran venido mal a la carrera de Fórmula E. Tampoco le hubieran hecho daño a nuestro país como sede del campeonato mundia...
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Fue un día soleado, caluroso, veraniego el del sábado en Punta del Este, y si eso fue bueno para quienes abarrotaron las tribunas y para la imagen internacional del balneario, también hay que decir que unas gotitas anticipatorias de la tormenta que llegaría de noche no le hubieran venido mal a la carrera de Fórmula E. Tampoco le hubieran hecho daño a nuestro país como sede del campeonato mundial, ya que, aunque parezca extraño, jamás ha llovido en un evento de este torneo, que desde hace cinco años hace competir a autos eléctricos en circuitos callejeros de todo el mundo. La lluvia no sólo hubiera significado ese lugar en la historia para Punta (“la primera carrera eléctrica en piso mojado”), sino que también podría haberle dado otra vuelta al espectáculo, dado que la naturaleza del circuito de la playa Brava impide los sobrepasos de manera natural.

Lo sabe bien el brasileño Lucas di Grassi, que pasó toda la carrera atrás, pegadito a Jean-Éric Vergne, pero no pudo pasarlo. Lo intentó más claramente en el final de la vuelta 20, justo después de la parada en boxes, pero no fue suficiente y la cosa siguió así 17 vueltas más, con los dos ex Fórmula 1 en tándem, el segundo buscando forzar un error del primero, cosa que finalmente no ocurrió. Di Grassi fue más rápido y, de hecho, consiguió la pole position, pero una discutible decisión de los comisarios lo hizo largar atrás de Vergne. Atrás sí hubo alguna remontada para alimentar la sed de sorpass, como la del argentino José Pechito López.

El resto, alegría por ver de cerca coches de vanguardia, hermosos, con un sonido que no es rugido, sino más bien una amenaza aguda, como los de las naves del Imperio en La guerra de las galaxias. Todo lo que rodea a la Fórmula E, que es intencionalmente glamoroso (este año llega a Mónaco, por ejemplo), alegra la vista y confirma que es la mayor categoría jamás alojada en Uruguay, y que sería bueno que Punta del Este retornara como fecha fija al calendario.

Hacía dos años que Uruguay estaba afuera como sede del torneo (este año entró de apuro porque cayó Argentina) y en ese tiempo los autos evolucionaron bastante. Los cambios en el reglamento dan más libertad a los equipos y, lógicamente, producen brechas de rendimiento. Por ahora los que la aprovechan mejor son la escudería Techeetah y el francés Vergne, que puntea cómodo el campeonato.

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