Vestidos, polleras y palazos blancos y celestes se destacan a lo lejos. Como cada 2 de febrero, las playas uruguayas se vistieron de estos colores para homenajear a Iemanjá, la madre de las aguas, venerada en la Umbanda y en otras religiones de matriz africana que se practican en Uruguay.
Este lunes en Montevideo cientos de religiosos, simpatizantes y curiosos se acercaron a la costa para dejar su ofrenda a la diosa. Una de las playas más visitadas fue la playa Ramírez. A pocos metros se encuentra el monumento a Iemanjá: una estatua de bronce, con cabello largo y ondulado, que espera de brazos abiertos a quienes le son devotos.
En la playa, entre la multitud, las mães resaltan por su vestimenta blanca y pañuelo en la cabeza. Están desde temprano ofreciendo “limpiezas” y atendiendo “solicitudes”.
“Nosotros no tenemos cosas ostentosas. Hacemos limpiezas y atendemos las solicitudes de la gente”, cuenta la mãe Patricia de Oyá, que a las 7.00 ya tenía su tienda sobre la arena: un puesto “humilde” que ofrece servicios “a voluntad”. “Igualmente, a las personas que no tienen no les vamos a negar una limpieza”, aclara.
El afroumbandismo, explica la mãe, “profesa la religión desde las raíces, desde lo ancestral”. “Nuestros ancestros no tenían cosas de lujo, y eso es lo que queremos nosotros: volver a las raíces”, manifiesta. “No nos gusta el sacrificio así porque sí”, aclara, y explica que en el Día de lemanjá está permitido hacer sacrificios con animales.
Foto: Martín Hernández Müller
Pedidos y rituales
Lo que más se suele pedir a la diosa del mar es paz, salud y trabajo. “Paz y salud, principalmente, y tranquilidad en los momentos de angustia”, señala la mãe Patricia, y explica el ritual con el que hace su pedido a Iemanjá.
“Yo vengo, me paro allí [en la orilla], miro y me descargo. Antes de entrar al agua, ‘batimos’ la cabeza, presentándonos, nos mojamos las muñecas, nos mojamos el cuello y entonces podemos pisar el mar tranquilamente”, narra.
Ariana, de 25 años, viste una blusa blanca larga y lleva un pañuelo celeste sobre la cabeza, que hace juego con la sombra de sus ojos. Viene “desde chica” a la playa Ramírez cada 2 de febrero. “Mi madre me traía, era una costumbre, y cuando crecí me metí en la religión”, cuenta.
“Yo lo que principalmente pido es salud. Me parece lo más importante y primordial, porque sin la salud no hay nada: no hay trabajo, no hay amor, no hay nada”, sostiene. Además, pide “prosperidad, caminos abiertos, amor y trabajo, mucho trabajo”. “Si vos le pedís de corazón y con fe, ella responde”, afirma.
Foto: Martín Hernández Müller
Ventas magras y menos gente
Tanto comerciantes como religiosos observan que este año hubo “mucha menos gente” en comparación con 2025. “El año pasado no dábamos abasto: estuvimos hasta la una, dos y media de la mañana trabajando con la gente. Este año está un poco más tranquilo, quizá porque es día de semana, capaz que un poco más tarde empieza a llegar más gente”, especula la mãe mientras espera la ansiada caída del sol.
“Nosotros hace 18 años que venimos a vender acá”, cuenta Leidi, una feriante de Toledo que tiene su puesto en el parque Rodó, frente a la rambla. Según la comerciante, “todo lo que sea blanco y celeste se vende: flores, collares, cadenitas, caravanas, esmaltes, abanicos, perfumes, colonias, labiales”, enumera. En cuanto a la convocatoria y a las ventas, opina: “El calorcito no ayudó mucho hoy, y además es día de semana; la gente recién está saliendo de trabajar”, dice, pero “a la nochecita esto es un hormiguero”, asegura.
Foto: Martín Hernández Müller
Próximo al puesto de Leidi, hay uno de tarot. Dos hermanas viajan desde San José a Montevideo junto con su madre hace “siete u ocho años” para participar en la feria. “Venimos a acompañar a mamá, que tira las cartas”, dice una de ellas, que es católica, a diferencia de su madre y su hermana, que son umbandistas.
Pese a ser de otra religión, ella “respeta” y “saluda” todos los años a Iemanjá. “Fui más temprano, me bañé y agradecí”, cuenta. En cuanto a las ventas, observa que se vende “mucho menos” que el año pasado.
Marcelo y Cristina, de Piedras Blancas, vienen a la feria desde “hace 18, 20 años”. “Es un sueldo más”, señala Marcelo. Este lunes llegaron a las 7.00 y tienen pensado quedarse hasta las 2.00 o 2.30. “Las ventas están ahí”, dice Marcelo, y agrega que, en comparación con otros años, “han bajado muchísimo”. “El año pasado cayó domingo y se movió muchísimo más, mucho más temprano y con mucha mejor venta”, recuerda.
Lo que más venden ellos son las “barquitas”, porque son “económicas” y vienen con la ofrenda preparada: miel, polvo, merengue, velas. “Nosotros no somos creyentes. Lo que hacemos es trabajar en esta fecha y respetar. Todas las religiones se deben respetar. Con esta [Umbandismo] nosotros encontramos la forma de venir y trabajar”, manifiesta.
También en el parque Rodó, Giovanna tiene un puesto en el que vende flores, barcas y estampitas. Este lunes llegó a las 7.00. “No fui la primera, porque hay gente que vino a dormir acá y está desde ayer, pero llegué, aterricé y ya empecé a vender. Para mí las ventas están bárbaro”, valora.
Los productos de Giovanna son reciclados, “casi todo es biodegradable” y vende “a voluntad”. Las barcas son de madera y las flores de papel higiénico. “A la gente le gusta que sea a voluntad y reciclado. Algunos te dan más de lo que vos pensabas y algunos te dan lo que pueden”, señala.