Cotidiana Ingresá
Cotidiana

Playa Ramírez, el 2 de febrero.

Foto: Martín Hernández Müller

La playa Ramírez se vistió de blanco y celeste para homenajear a Iemanjá

3 minutos de lectura
Contenido exclusivo con tu suscripción de pago

Comerciantes coinciden en que las ventas de productos y ofrendas “bajaron muchísimo” este año.

Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta
Registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

Vestidos, polleras y palazos blancos y celestes se destacan a lo lejos. Como cada 2 de febrero, las playas uruguayas se vistieron de estos colores para homenajear a Iemanjá, la madre de las aguas, venerada en la Umbanda y en otras religiones de matriz africana que se practican en Uruguay.

Este lunes en Montevideo cientos de religiosos, simpatizantes y curiosos se acercaron a la costa para dejar su ofrenda a la diosa. Una de las playas más visitadas fue la playa Ramírez. A pocos metros se encuentra el monumento a Iemanjá: una estatua de bronce, con cabello largo y ondulado, que espera de brazos abiertos a quienes le son devotos.

En la playa, entre la multitud, las mães resaltan por su vestimenta blanca y pañuelo en la cabeza. Están desde temprano ofreciendo “limpiezas” y atendiendo “solicitudes”.

“Nosotros no tenemos cosas ostentosas. Hacemos limpiezas y atendemos las solicitudes de la gente”, cuenta la mãe Patricia de Oyá, que a las 7.00 ya tenía su tienda sobre la arena: un puesto “humilde” que ofrece servicios “a voluntad”. “Igualmente, a las personas que no tienen no les vamos a negar una limpieza”, aclara.

El afroumbandismo, explica la mãe, “profesa la religión desde las raíces, desde lo ancestral”. “Nuestros ancestros no tenían cosas de lujo, y eso es lo que queremos nosotros: volver a las raíces”, manifiesta. “No nos gusta el sacrificio así porque sí”, aclara, y explica que en el Día de lemanjá está permitido hacer sacrificios con animales.

Foto: Martín Hernández Müller

Pedidos y rituales

Lo que más se suele pedir a la diosa del mar es paz, salud y trabajo. “Paz y salud, principalmente, y tranquilidad en los momentos de angustia”, señala la mãe Patricia, y explica el ritual con el que hace su pedido a Iemanjá.

“Yo vengo, me paro allí [en la orilla], miro y me descargo. Antes de entrar al agua, ‘batimos’ la cabeza, presentándonos, nos mojamos las muñecas, nos mojamos el cuello y entonces podemos pisar el mar tranquilamente”, narra.

Ariana, de 25 años, viste una blusa blanca larga y lleva un pañuelo celeste sobre la cabeza, que hace juego con la sombra de sus ojos. Viene “desde chica” a la playa Ramírez cada 2 de febrero. “Mi madre me traía, era una costumbre, y cuando crecí me metí en la religión”, cuenta.

“Yo lo que principalmente pido es salud. Me parece lo más importante y primordial, porque sin la salud no hay nada: no hay trabajo, no hay amor, no hay nada”, sostiene. Además, pide “prosperidad, caminos abiertos, amor y trabajo, mucho trabajo”. “Si vos le pedís de corazón y con fe, ella responde”, afirma.

Foto: Martín Hernández Müller

Ventas magras y menos gente

Tanto comerciantes como religiosos observan que este año hubo “mucha menos gente” en comparación con 2025. “El año pasado no dábamos abasto: estuvimos hasta la una, dos y media de la mañana trabajando con la gente. Este año está un poco más tranquilo, quizá porque es día de semana, capaz que un poco más tarde empieza a llegar más gente”, especula la mãe mientras espera la ansiada caída del sol.

“Nosotros hace 18 años que venimos a vender acá”, cuenta Leidi, una feriante de Toledo que tiene su puesto en el parque Rodó, frente a la rambla. Según la comerciante, “todo lo que sea blanco y celeste se vende: flores, collares, cadenitas, caravanas, esmaltes, abanicos, perfumes, colonias, labiales”, enumera. En cuanto a la convocatoria y a las ventas, opina: “El calorcito no ayudó mucho hoy, y además es día de semana; la gente recién está saliendo de trabajar”, dice, pero “a la nochecita esto es un hormiguero”, asegura.

Foto: Martín Hernández Müller

Próximo al puesto de Leidi, hay uno de tarot. Dos hermanas viajan desde San José a Montevideo junto con su madre hace “siete u ocho años” para participar en la feria. “Venimos a acompañar a mamá, que tira las cartas”, dice una de ellas, que es católica, a diferencia de su madre y su hermana, que son umbandistas.

Pese a ser de otra religión, ella “respeta” y “saluda” todos los años a Iemanjá. “Fui más temprano, me bañé y agradecí”, cuenta. En cuanto a las ventas, observa que se vende “mucho menos” que el año pasado.

Marcelo y Cristina, de Piedras Blancas, vienen a la feria desde “hace 18, 20 años”. “Es un sueldo más”, señala Marcelo. Este lunes llegaron a las 7.00 y tienen pensado quedarse hasta las 2.00 o 2.30. “Las ventas están ahí”, dice Marcelo, y agrega que, en comparación con otros años, “han bajado muchísimo”. “El año pasado cayó domingo y se movió muchísimo más, mucho más temprano y con mucha mejor venta”, recuerda.

Lo que más venden ellos son las “barquitas”, porque son “económicas” y vienen con la ofrenda preparada: miel, polvo, merengue, velas. “Nosotros no somos creyentes. Lo que hacemos es trabajar en esta fecha y respetar. Todas las religiones se deben respetar. Con esta [Umbandismo] nosotros encontramos la forma de venir y trabajar”, manifiesta.

También en el parque Rodó, Giovanna tiene un puesto en el que vende flores, barcas y estampitas. Este lunes llegó a las 7.00. “No fui la primera, porque hay gente que vino a dormir acá y está desde ayer, pero llegué, aterricé y ya empecé a vender. Para mí las ventas están bárbaro”, valora.

Los productos de Giovanna son reciclados, “casi todo es biodegradable” y vende “a voluntad”. Las barcas son de madera y las flores de papel higiénico. “A la gente le gusta que sea a voluntad y reciclado. Algunos te dan más de lo que vos pensabas y algunos te dan lo que pueden”, señala.

¿Tenés algún aporte para hacer?

Valoramos cualquier aporte aclaratorio que quieras realizar sobre el artículo que acabás de leer, podés hacerlo completando este formulario.

Este artículo está guardado para leer después en tu lista de lectura
¿Terminaste de leerlo?
Guardaste este artículo como favorito en tu lista de lectura