Muchos recordarán a Nico Birriel como parte de un bando no del todo favorecido por el gran público durante las primeras batallas de Payadores Urbanos, animadas por El Vato a mediados de los 2000. La barra más seguidora de la naciente competición local aplaudía casi de antemano el talento del legendario R Loco, festejaba el humor en las rimas de El Hache (más tarde Hache Souza) y escuchaba con respeto a la valiente Viki Style, en combates casi ineludiblemente masculinos.
Al subir a aquel escenario, otras figuras emergentes y poco ortodoxas, como Mati Maldonado, Kami Rasta y el propio Birriel, sabían que arrancaban perdiendo y que, para escuchar ruidosas muestras de asombro a su favor, debían exprimir las mejores rimas sin perder la calma y el ritmo.
“En ese momento yo venía de otro lugar. En 2001 me había ido a Barra da Lagoa, en Brasil, a cantar en bares, en la calle, en la playa, en fogones, y estaba bastante alejado del rap a la hora de la composición y la ejecución, y mucho más aún del hip hop uruguayo”, rememora Birriel. Cuando volvió a Uruguay, fueron sus amigas y amigos quienes insistieron para que se anotara en Payadores Urbanos: “Las batallas de gallos recién estaban comenzando en Uruguay, pero yo venía haciendo freestyle desde fines de los 90. Pasaba horas con Billy y Marce [de Contra las Cuerdas], iba para la casa de Caballo Loco o le metíamos free en la plaza 7”, rememora, y anota en la lista de sus primerísimas influencias a MC Hammer y Jazzy Mel, y entre sus primeros discos compactos, los de Guns N’ Roses, Metallica, Beach Boys, Fito Páez y Nirvana.
En 2006, cuando el rap local intentaba subirse a la ola mundial y recibía por primera vez el auspicio de Red Bull, Birriel llegó a la final de la competencia y, si bien perdió contra R Loco, su nombre empezó a llamar la atención en el mundillo del hip hop uruguayo. “No había agua en el evento y nos daban bebida energizante. Andaba bastante acelerado ese día”, apunta.
De esa primera etapa de su carrera aún se puede encontrar el álbum Grandes éxitos que no sabías que existían, de 2002. Y en otra sintonía, más ligada a su faceta de cantautor con tintes a veces de folk, a veces de rock y reggae, su material es diverso y para nada menos interesante, como las canciones del proyecto Nico Birriel y Los Bosques, también al alcance de la mano con un clic.
20 años después, Birriel regresa oficialmente a la música de la mano de 873, un disco de rap clásico, de vieja escuela, disponible en plataformas digitales, y un show de presentación definitivamente ambicioso.
Los beats de su nueva placa se rodean de capas de jazz y soul, pero su apoyo grueso es de boom bap. “Todas las canciones fueron escritas, producidas, grabadas, mezcladas y editadas por mí en Fauna Estudio, como parte de un proceso largo, íntimo y personal. Este álbum recorre años de mi vida, cambios, pérdidas, llegadas y aprendizajes”, explicita el artista en el texto subido a Bandcamp.
“Si te soy honesto, me aparté hace tiempo de todo este cuento”, comienza su catarsis en el melancólico “38-11-36”, uno de los mejores tracks del álbum, que hace alusión a un antiguo número telefónico. También resaltan el bailable “20-20” y el cinematográfico “Pasa todo”.
Sobre ese “cuento”, hoy admite las causas de su hartazgo: “Me había aburrido de la movida; no de la música, sino del enfoque. Se hacía un show y la gente se quedaba afuera haciendo puerta y criticando. El ambiente era durísimo y muy under: casi solo hombres midiéndose todo el tiempo, y lo peor es que se criticaba sin proponer nada nuevo. Todo eso resintió la movida. En mi caso, si bien me alejé de la escena del rap, nunca me alejé del todo del rap. Siempre seguí improvisando cada vez que me cruzaba con un beat”.
Entorno e influencia familiar
Con la fecha que brindará este sábado en el Centro Cultural Terminal Goes, Birriel busca “generar una experiencia musical única con una apuesta que se aparta de lo convencional en los escenarios uruguayos”. “Este show es especial para mí”, asegura. “Después de tantos años alejado del escenario, subirse tiene otro peso, otro color. Hay algo parecido a esa adrenalina de antes, pero no es lo mismo. Es otra cosa. Se siente como volver a casa”, reflexiona.
Su banda, LaFam, está integrada por María Fernanda Durán y Tania Amaral en coros, Martín Fernández en bajo, Gonzalo Redín y Marcos Casas en percusión, Gonzalo Ojeda en batería, Matías Pose y Marcel Pronk en guitarras, Ale García y Facu Busallo en teclado, DJ Spawn en bandejas y Belén Algorta en trompeta. La música se acompañará de proyecciones visuales y el espectáculo será filmado para la elaboración de un audiovisual alusivo al evento.
Detrás de sus idas y vueltas estilísticas, Birriel resalta otros cambios más trascendentes en su vida: “Cuando llegó mi hija, la música se convirtió en una forma de que ella me tenga cerca para siempre, cuando yo no esté. Con la pérdida de mi madre y la llegada de mi hija, me di cuenta de la finitud de la vida”, dice.
Oriundo del barrio Sayago, dice que aunque ya no viva allí sigue siendo “aquel niño y aquel joven”: “Hoy soy el hombre que hace canciones, el padre, el técnico de sonido, el productor, el realizador, el creador. Soy todo eso junto, y la música es el hilo que une todo eso”, concluye.
Nico Birriel y LaFam. Sábado a las 21.00 en el Centro Cultural Terminal Goes (Gral. Flores y Domingo Aramburú). Entradas a $ 500 en Tickantel.