Según la revista global de negocios Fortune, cuyo reciente informe concuerda con los números del estudio sobre liderazgo publicado por Forbes, actualmente, un 38% de las mujeres en posiciones de mando experimentan comentarios que cuestionan su competencia, frente a un 26% de los hombres, y tienen 39% más chances de ser interrumpidas cuando expresan sus ideas que sus pares varones. Es imposible imaginar lo que habrá sentido en el siglo XV una mujer a todas luces brillante sumida en la más aceptada misoginia de la época, campesina y adolescente, al liderar un ejército durante la guerra de los Cien Años mientras afirmaba que era guiada por el arcángel Miguel, santa Margarita y Catalina de Alejandría.
Luego de la coronación de Carlos VII, Juana participó en el asedio de París y a principios de 1430 organizó una compañía de voluntarios para liberar Compiègne, sitiada por los borgoñones, en ese momento aliados franceses de Inglaterra. Después de ser capturada ese año, fue entregada y procesada bajo numerosos cargos. Protestó, cuestionó gobiernos, ejércitos, a la iglesia y al statu quo, y, ante la más inflexible incomprensión, eligió la hoguera. Años después, en 1456; un tribunal inquisitorial autorizado por el papa Calixto III examinó su juicio, anuló los cargos y la declaró inocente. Juana de Arco, hoy mártir y santa, es la patrona de Francia.
Carmen Lecueder tiene 30 años, pero en contra de lo que indica la tradición europea de elegir actrices veteranas que puedan, según la vieja creencia, comprender al enorme personaje a cabalidad, resulta interesantísimo verla en la piel de Juana de Arco. Además, es admirable la capacidad de esta actriz, egresada de la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático y de la escuela de Espacio Teatro, para encarar la actuación, la dirección y la producción de tantos proyectos en su corta vida, muchas veces simultáneamente.
Lucía Sommer conocía el texto de La segunda venida de Juana de Arco, de Carolyn Gage, le pidió a Andrea Davidovics su traducción al español y las tres se zambulleron en la investigación que el desafío pedía. “La forma de Carolyn de contar esta historia es muy atrapante, directa y actual. Cuando la leí por primera vez no pude parar. Es un texto muy potente y había que llevarlo a la escena”, cuenta la actriz.
Lecueder nunca había enfrentado ese caminar al borde del abismo que suponen los unipersonales: “Estar sola en el escenario era una idea que me inquietaba. Pero desde el momento en que Lucía confió en mí para hacerlo, confié también en mí misma. Además, quería trabajar con ella porque la admiro mucho y esta obra era una gran oportunidad. Fue una experiencia transformadora tanto en lo artístico como en lo personal”.
La actriz confiesa no haberse sentido sola nunca a lo largo del proceso, apoyada en Sommer, en la asistente de dirección María Filippi y en Tabaré Dávila, diseñador integral del espectáculo además de responsable del trabajo de luces y sonido en cada función. “Lucía es increíble como directora. Comenzamos este proceso como algo a investigar, sin tener tan claro cómo eso se podía traducir al cuerpo y al espacio, y en determinado momento se le ocurrió esto de utilizar la sala de otra manera. Y todo se fue desarrollando a partir de ahí. Su mirada artística y como mujer fueron fundamentales para poder trabajar en este personaje”, dice.
En la obra, según ella, “pasa de todo”. “Juana habla directamente al público, sin vueltas, mirándolo a los ojos, y eso a veces incomoda. Hay personas que sostienen esa mirada y conectan enseguida, y otras a las que les cuesta un poco más. Yo puedo percibir una mayor respuesta de las mujeres del público y me siento muy acompañada por ellas”, agrega.
¿Fue Juana lesbiana? ¿Fue anoréxica? ¿Padeció abusos intrafamiliares? De conjeturas también se ocupa el arte: las dudas, las preguntas son siempre más importantes que las pobres respuestas que, frente a seres extraordinarios, podríamos ensayar.
“Yo no soy santa Juana de Arco”, dice el personaje al comienzo de la obra dispuesta en esta, su vuelta para contar su historia, gritada con su propia voz. Lecueder está convencida de que viene también a reclamar su identidad robada, su historia mal contada por los hombres; “Juana está furiosa, pero también dolorida. Grita y llora. Juana abre su alma entera y entrega toda su historia al servicio de las mujeres. Juana vuelve a despertar para despertarnos”.
La segunda venida de Juana de Arco. Jueves y viernes de agosto en Espacio Teatro (Mercedes 865). Entradas a $ 500.