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Jugadores de Peñarol, el 1º de febrero, tras consagrarse campeones de la Supercopa Uruguaya, en el estadio Centenario.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Uno por uno de Peñarol campeón de la Supercopa Uruguaya

2 minutos de lectura
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Tras una final discreta, el carbonero se impuso en los penales, entre la efectividad y las manos de Sebastián Britos.

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El clásico que definió la Supercopa Uruguaya no fue bueno. No tienen por qué ser buenas las finales: hay que ganarlas. En ese juego discreto, Peñarol fue acomodando el cuerpo durante buena parte del partido, primero jugando con línea de cinco, después rotando jugadores –a veces hasta fuera de puesto– dentro de esa misma línea, y de mitad de cancha para adelante le faltó conexión y cayó siempre en la telaraña del fondo de Nacional. Sin embargo, en los penales se hizo fuerte, aprovechó la oportunidad cuando quedó adelante y después Sebastián Britos, una de las incorporaciones para esta temporada, atajó otro con buena estirada.

Sebastián Britos (6): seguro en el fondo, muy seguro por arriba y atento por abajo; en más de una oportunidad jugó prácticamente de último zaguero y lo hizo bien despejando para todos lados.

Emanuel Gularte (5): fue el último combatiente en el carbonero, el único de los zagueros que aguantó los 90. En el primer tiempo sufrió, pero bien pudo convertir: Mejía se la sacó del ángulo.

Nahuel Herrera (5): jugó 45 minutos en el medio de una línea con tres zagueros y se lo vio lejos de su solvencia habitual; por abajo le costó, por arriba estuvo mejor.

Lucas Ferreira (5): le costó hacer pie en la línea de tres, sobre todo defendiendo los ataques de la banda derecha de Nacional. Se fue lesionado.

Franco Escobar (5): al argentino lo trajeron para jugar de lateral derecho y un rato jugó ahí; después fue carrilero por derecha, zaguero por izquierda y mediocampista también por la izquierda.

Eric Remedi (6): es el motor del cuadro. Peñarol puede jugar mejor, más o menos, regular o peor, pero siempre necesita del trajinar del argentino. Sostuvo la mitad de la cancha. Como si fuera poco, se dio el lujo de picar su penal.

Jesús Trindade (5): hace buena sociedad con Remedi, dividen bien la mitad de la cancha y neutralizan al rival; a diferencia de su compañero, estuvo algo impreciso en los pases.

Leandro Umpiérrrez (5): no había hecho un mal primer tiempo jugando como carrilero, pero todo se borró cuando midió mal en el arranque del segundo tiempo, le metió un planchazo a Coates y se fue expulsado.

Gastón Togni (4): en un Peñarol que tuvo problemas de generación de juego, el extremo argentino no logró desarrollar su potencial de encarador.

Leo Fernández (5): fue bien tomado en gran parte del juego y no pudo incidir; fue recién en el final del partido, cuando campeaban los tiempos del alargue, que encontró alguna pelota como para complicar al arquero tricolor.

Matías Arezo (5): muy solo, demasiado, sin ser asistido ni por las bandas ni por el centro, y quedó remando contra la humanidad de los defensores rivales; se la rebuscó, pero ni así pudo. Se fue extenuado.

Los que ingresaron

Kevin Rodríguez (5): entró a la derecha de la zaga por la salida de Herrera; jugó en el carril derecho y le costó el puesto, sin poder subir con asiduidad.

Eduardo Darias (5): volvió y eso es noticia: los buenos tienen que estar en la cancha; entró a jugar en el mediocampo y dio una mano al doble cinco hasta que el técnico decidió cambiarlo en el segundo tiempo del alargue.

Andrés Madruga (5): hay que entrar en un clásico caliente y en la zaga... Lo hizo bien el pibe de las inferiores.

Facundo Batista (5): corrió, trató de presionar, generó espacios, pero no fue bien habilitado en las pocas chances en que pudo quedar de cara al arco.

Diego Laxalt (5): volvió al fútbol uruguayo después de una gran carrera en Europa; se lo notó falto de fútbol, pero resolvió muchas jugadas con la carpeta abajo del brazo.

Franco González (-): entró como segundo delantero, pero no incidió en los pocos minutos que estuvo.

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