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Gráfico de la semana | Los salarios sumergidos en perspectiva histórica

La forma en la que definimos qué es un salario sumergido es crucial a la hora de interpretar la evolución histórica de los salarios más bajos.

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El dato

Durante la primera mitad de este año, el 14,2% de los trabajadores cobraba ingresos laborales líquidos1 por hora trabajada por debajo del equivalente a la línea de pobreza2 que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE) para una persona que vive sola y alquila vivienda, es decir, el ingreso mínimo que necesita para cubrir sus necesidades básicas y no ser considerada pobre. Ese monto es de 25.195 pesos mensuales en Montevideo y de 20.257 pesos en el interior. La proporción se mantuvo prácticamente estable respecto del mismo período del año pasado, cuando alcanzaba el 14,4%, según los datos de la Encuesta Continua de Hogares (ECH).

Esto último se dio en un contexto de crecimiento de los salarios. A junio, el salario mínimo había aumentado 3,1% en términos reales respecto de un año atrás, mientras que el salario promedio había crecido 0,9%.

¿Quiénes tienen salarios sumergidos?

Con datos cerrados a 2025, algo más de la mitad (54%) de estos trabajadores son hombres. A su vez, está más presente entre los trabajadores del interior del país (59,4%).

Por otra parte, cerca de dos tercios de los trabajadores con salarios sumergidos son asalariados, en tanto el resto se desempeña como cuentapropistas, mientras que casi dos tercios (62%) de los trabajadores con salarios sumergidos se desempeñan en el sector informal.

La edad también marca diferencias: cerca de un 45% de los trabajadores con salarios sumergidos tienen entre 25 y 44 años, mientras que casi un tercio (33,4%) tiene entre 45 y 60 años. En cambio, los menores de 25 años representan el 10,2% y los mayores de 60, el 9,2%.

De un análisis por sector de actividad, casi cuatro de cada diez (38,6%) de estos trabajadores se concentran en dos rubros: comercio, restaurantes y hoteles (22%) y educación, salud y otros servicios sociales (16,6%). También tiene una presencia relevante entre los servicios financieros y a empresas (12%), la industria manufacturera (10%) y el trabajo doméstico (9,8%). En cambio, está menos presente entre los trabajadores del transporte y comunicaciones (8%), sector primario (7,6%), la construcción (7,5%) y la administración pública (6,3%).

¿Cómo evolucionaron los salarios bajos en las últimas décadas?

Los salarios bajos o insuficientes constituyen un problema de calidad del empleo en Uruguay. Sin embargo, no es sencillo analizar su evolución, ya que primero se debe definir a partir de qué nivel de ingresos podemos considerar que un salario es “insuficiente” o, en otras palabras, cuánto debería ganar una persona por su trabajo.

Para ello, se toma como referencia la línea de pobreza3 que calcula el INE para un hogar unipersonal que alquila su vivienda, es decir, el ingreso mínimo que necesita un hogar de estas características para no ser considerado pobre. Como se actualiza mensualmente según la evolución de los precios de la canasta básica, este umbral mantiene constante su poder de compra a lo largo del tiempo. Además, a diferencia del salario mínimo, es comparable con los ingresos que releva la ECH, que son líquidos. Como fuera de la capital el costo de vida es menor, en junio la línea del interior se ubicaba unos 5.000 pesos por debajo de la de Montevideo.

El valor de esta línea se aproxima al del salario mínimo nacional vigente desde julio (25.383 pesos), pero no deben confundirse. El salario mínimo se fija en términos nominales, antes de aportes y descuentos, mientras que la ECH releva ingresos líquidos. Los descuentos varían según la situación de cada trabajador (por ejemplo, el aporte al Fonasa depende de si tiene hijos o cónyuge a cargo), pero a modo ilustrativo pueden estimarse en alrededor de un 20% del sueldo. Con ese supuesto, el salario mínimo equivale a unos 20.000 pesos líquidos por mes,4 es decir, por debajo de la línea de pobreza de Montevideo y en torno a la del interior.

Siguiendo este criterio,5 la proporción de ocupados con salarios sumergidos siguió una tendencia decreciente durante las últimas décadas. A comienzos de los 90 afectaba a más de uno de cada tres trabajadores, y durante la crisis de 2002 –en particular en 2004– alcanzó máximos: alrededor de la mitad (48%) percibía ingresos inferiores a ese umbral.

Posteriormente, y en particular durante el período que se extiende entre 2006 y 2018, la proporción se redujo significativamente. Durante la pandemia volvió a aumentar, pero luego se moderó y, actualmente, se ubica apenas por encima de su mínimo histórico (13,8%).

La reducción experimentada en lo que va de este siglo tiene múltiples causas. Por un lado, la baja más marcada se concentra entre 2005 y 2014, un período en el que la economía creció al 5,5% en promedio, los salarios crecieron en promedio 3,8% por encima de la inflación y se crearon alrededor de 320.000 nuevos puestos de trabajo.

No obstante, la reducción de los salarios sumergidos también coincidió con otro factor que pudo contribuir a esa mejora, la política de aumentos del salario mínimo. Investigaciones6 señalan que estos incrementos impulsaron mejoras salariales a través de dos mecanismos. Por un lado, las ramas de actividad con remuneraciones más bajas se vieron en la necesidad de negociar aumentos mayores en los Consejos de Salarios para evitar que sus remuneraciones quedaran por debajo del mínimo legal. Por otro lado, el salario mínimo puede funcionar como referencia para el sector informal, contribuyendo también a mejorar los ingresos de trabajadores que no participan directamente en la negociación colectiva.

En los últimos 30 años se observa una reducción significativa de los salarios sumergidos, especialmente durante las últimas dos décadas. Esta evolución estuvo acompañada por el crecimiento económico, las políticas de mejora del salario mínimo y la reducción de la informalidad laboral, factores que contribuyeron a mejorar los ingresos y las condiciones de vida de cerca de un tercio de los trabajadores, quienes vieron reducida su situación de vulnerabilidad en términos materiales. Sin embargo, el problema persiste actualmente para alrededor de uno de cada diez ocupados.


  1. Para este cálculo se excluye a quienes declararon no percibir ingresos por su trabajo, así como a los miembros del hogar no remunerados. ↩

  2. Y se considera el ingreso por hora trabajada, asumiendo una jornada de 40 horas semanales. ↩

  3. Como la línea de pobreza actualmente empleada por el INE está disponible a partir de 2016, para el período anterior se la actualizó por el IPC. ↩

  4. Estimación aproximada a partir de los aportes personales jubilatorios (15%), al Fonasa (4,5% sin hijos a cargo y 6% con hijos a cargo) y al Fondo de Reconversión Laboral (0,1%); a ese nivel de ingresos no corresponde pagar IRPF. El resultado se ubica entre $ 20.000 y $ 20.400 según la situación familiar. Para la comparación por hora, el valor hora del salario mínimo se obtiene dividiendo el monto mensual entre 200, como establece el decreto que lo fija. ↩

  5. Para elaborar las cifras presentadas se emplearon los microdatos de la ECH del INE. Para el período previo a 2006, las estadísticas refieren a las localidades de más de 5.000 habitantes (urbanas) y fueron elaboradas a partir de la versión compatibilizada de la ECH, elaborada por el Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas: Instituto de Economía, Universidad de la República (2026). Encuesta Continua de Hogares Compatibilizada. Versión 1.3. DOI: http://doi.org/10.47426/ECH.INE ↩

  6. Brum, M y Perazzo, I (2020). Efecto de los Consejos de Salarios en los sueldos de los asalariados privados, 2005-2015. Estudios sobre trabajo y seguridad social. Febrero de 2020, 4, 99-147. ↩

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