Como enfatiza el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su último informe, divulgado la semana pasada, la economía mundial enfrentó múltiples golpes durante los últimos siete años que, considerados por separado, podrían calificarse de “inusitados”. Esto fue así desde la pandemia, que representó un shock de oferta sin antecedentes en la historia reciente, hasta la escalada arancelaria, que dio paso a un nivel de proteccionismo que también carece de antecedentes en las últimas siete décadas.
A esto se suma que se sucedieron dos guerras que afectaron significativamente los precios de un conjunto clave de materias primas, en particular de los alimentos y de la energía, y se consolidó el quiebre del ordenamiento global vigente desde la segunda posguerra. El FMI considera que “la confluencia de todos ellos en tan poco tiempo es aún más extraordinaria”.
Sin embargo, los últimos datos ponen de relieve la “resiliencia” de la economía mundial, cuyo crecimiento previsto no parece dar cuenta de todas las cosas que fueron descritas previamente. “Pese a este aluvión de shocks, la economía mundial ha resistido”, destaca Silvana Tenreyro, la argentina que se desempeña actualmente como “economista jefa” de la institución y lidera el trabajo analítico y de investigación.
En particular, las nuevas proyecciones del organismo no suponen cambios relevantes con relación al pronóstico de abril, a pesar de que el conflicto en Medio Oriente ha persistido más de lo previsto y se ha intensificado desde entonces, con el consecuente impacto sobre el precio del petróleo. Concretamente, la actividad global se expandiría 3,1% este año y 3,4% el que viene.
Según se desprende del reporte, hay “dos grupos principales de factores” que han contribuido a contener los impactos negativos de esta multiplicidad de acontecimientos. Por un lado, “la reconfiguración de las vías de suministro de energía, el aumento de la producción energética en otros países, el uso de las reservas, la sustitución por fuentes alternativas –como las renovables– y el aumento de la eficiencia energética” han permitido amortiguar el shock energético. En ausencia de estos factores, la disrupción en el mercado petrolero habría socavado “considerablemente” el crecimiento mundial durante este año.
Por otro lado, señala el impulso que proviene del “auge de la inversión impulsada por la inteligencia artificial”, que además de apuntalar el dinamismo apoyó al comercio internacional. En ese sentido, indica el organismo, “la inversión ha seguido aumentando ante la expectativa de mayores rendimientos e ingresos reales (como lo reflejan las valoraciones de las acciones)”.
Todo tiene un límite
Más allá de lo anterior, advierte el FMI, la resiliencia que ha caracterizado el desempeño económico global está bajo creciente presión y más temprano que tarde podríamos alcanzar sus límites.
En primer lugar, los menguados stocks de los mercados energéticos “podrían crear condiciones para que los shocks geopolíticos repercutan con más fuerza en los precios de la energía”, apuntalando la inflación y generando disrupciones comerciales adicionales. En el mismo sentido, “otros mercados de materias primas también enfrentan riesgos”, como el de los alimentos. Las perturbaciones logísticas, el aumento del costo de los fertilizantes, las restricciones a las exportaciones y los fenómenos meteorológicos extremos podrían ejercer mayor presión sobre estos precios, en un contexto donde cada vez más países carecen de espalda para soportar un escenario como este.
Al mismo tiempo, el FMI advierte sobre la concentración de los riesgos en un “reducido número de empresas, sectores y economías”. El caso más evidente es el de las empresas tecnológicas, cuyas inversiones han permitido contrarrestar los efectos negativos derivados de la sucesión de shocks negativos, dándole sostén al crecimiento. A este respecto, agrega el organismo, “la resiliencia ha sido desigual” y comienzan a observarse “resultados divergentes”.
Finalmente, el escaso margen de maniobra con el que cuentan los países para enfrentar este escenario mediante el despliegue de políticas económicas expansivas también abre un frente de vulnerabilidad adicional. Ante un escenario financiero más restrictivo, como el que se ha ido consolidando en el último mes, la fragilidad de las finanzas públicas y el repunte de la inflación comprimen la capacidad de expandir el gasto, reducir impuestos o bajar la tasa de interés.