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La Universidad Nacional de Educación asoma una vez más en el horizonte

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Editar

Es un buen comienzo para 2026 poner en agenda la institucionalidad universitaria de la formación en educación. Es bienvenido el proyecto de ley de creación de la Universidad Nacional de Educación (UNED) que el Poder Ejecutivo ha presentado ante el Poder Legislativo para su estudio y debate.

A propósito del contenido de este proyecto, se realizan aportes que conllevan la perspectiva del orden docente que ha sido partícipe e impulsor de la materialización de una institucionalidad universitaria para la formación de los educadores.

Añoramos una institucionalidad universitaria sustentada en el reconocimiento y el conocimiento de nuestra historicidad

Al decir de Paul Ricoeur, el reconocimiento y conocimiento son componentes fundamentales de la acción de educar. El reconocimiento abre camino pues educar constituye un acto político de reconocer, sin el cual el conocimiento no es posible.

En tiempos de aceleración y de inmediatez, es dable recuperar estos dos aspectos y transferirlos a la institucionalidad que deseamos alcanzar quienes hemos participado como agentes en su anuncio y proceso de gestación desde comienzos de este siglo XX.

Tal como lo señalamos en las versiones anteriores, este proyecto padece de amnesia histórica. No se registran las transformaciones institucionales y académicas que durante 20 años implicaron los cambios de la Dirección de Formación y Perfeccionamiento Docente al Consejo de Formación en Educación (CFE).

Se entiende que la gestación de una institucionalidad se fortalece cuando la memoria histórica la acompaña, dando las razones suficientes para instituir lo que ha germinado y crecido desde el sentir y el pensar de los docentes que profesionalmente se dedican a la educación.

Esto permite afirmar que, si no existen procedimientos e instituciones que eleven el reconocimiento al plano político y profundicen el conocimiento de su génesis de cultura universitarizante, todo parece quedar en un proyecto liviano y expuesto a la fragilidad, sin elementos fundantes claros para que los representantes políticos tengan mayores argumentos para emitir sus pronunciamientos.

Brevemente, es preciso recordar que desde 2006 se ha venido constituyendo y consolidando la universitarización de la formación de los docentes desde los espacios colectivos instituidos. Un hito fundamental fue la constitución de un Sistema Integral de Formación (2008) que incorporó el desarrollo de las funciones de enseñanza, investigación y extensión. Así se dio la conformación de los departamentos académicos y las respectivas coordinaciones académicas.

Entre 2009 y 2010 funcionó la comisión de implantación del Instituto Universitario de Educación (IUDE), según lo establecido por los artículos 84 y 85 de la Ley General de Educación 18.437. Este trabajo tenía como propósito la creación de una nueva institución de carácter universitario que abordara el campo de la educación con el fin de formar maestros, maestros técnicos, educadores sociales, profesores y otorgar otros títulos que la educación requiriera.

Esta ley dejó inscripta nuestra petición de transitar hacia una institución universitaria y nos habilitó a generar estructuras organizacionales, académicas y curriculares propias de la cultura universitaria, aunque los proyectos de ley generados con posterioridad no recibieron la aprobación del cuerpo legislativo.

En 2010, la Dirección de Formación y Perfeccionamiento Docente se transformó en el CFE, órgano desconcentrado y colegiado, integrado por tres consejeros designados por el Consejo Directivo Central de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y por dos consejeros electos por los órdenes docente y estudiantil, respectivamente.

En este escenario, el Instituto de Perfeccionamiento y Estudios Superiores (IPES, 2010) se abocó a la formación permanente, la formación de posgrado y especialidades en el marco del Programa ANEP-Universidad de la República (Udelar). Además, formar parte del Sistema Nacional de Educación Terciaria Pública (2013) ofreció un ámbito propicio para la coordinación y articulación de la oferta educativa universitaria y no universitaria en todo el territorio nacional.

Seguidamente se fueron constituyendo las Comisiones Locales y Nacionales de Carrera (2014), posteriormente la Comisión de Enseñanza y Desarrollo Curricular y los Consejos Consultivos Asesores (CAC), estructuras integradas por los tres órdenes: docentes, estudiantes y egresados.

Entre 2016 y 2017 se crearon los Institutos Académicos y Unidades Académicas (Ciencias de la Educación, Matemáticas y Ciencias, Humanidades y Artes, Áreas Tecnológicas, Educación Social) siguiendo los lineamientos establecidos en “Las orientaciones y objetivos 2015-2020. Transición hacia la Universidad de la Educación” (CFE).

Este movimiento de las estructuras académicas trajo como resultado la definición participativa de los diseños curriculares para las distintas formaciones, así como la creación de programas para la sistematización de las experiencias sobre investigación y extensión, a partir de programas tales como el Programa de Apoyo al Desarrollo de la Investigación en Educación (2018) y el Programa de Apoyo a la Extensión (2020).

En 2021 se conformó el Movimiento Nacional a Favor de la Formación Pública y Universitaria de Docentes y Educadores “Maestro Miguel Soler Roca” para la difusión de esta necesaria transformación.

Por si el olvido invade estos tiempos de prisa, en los que la fluidez amenaza lo sólido, lo presente gobierna y destierra lo histórico, o por si la economía nubla el arte de la política instalando los mandatos del utilitarismo, es importante recordar que la UNED nació de la quijotesca idea que fue lanzada a la palestra pública por los educadores desde 2006.

Este impulso visionario fue acompañado por estudiantes, egresados y funcionarios y también apoyado por universidades latinoamericanas de la región. Las razones para conformar la institucionalidad universitaria autónoma y cogobernada fueron presentadas para su deliberación en tres congresos nacionales de educación. El primero, Maestro Julio Castro (2006), el segundo, Maestra Reina Reyes (2013), y el tercero, Enriqueta Compte y Riqué (2017). En esta última instancia, en la declaración final quedó expresado: “Impulsar que se concrete, en esta legislatura, la ley que crea el ente autónomo Universidad de la Educación. Que en la misma se consagre la autonomía y el cogobierno de sus órganos nacionales, regionales y locales”.

Por si el olvido invade estos tiempos de prisa, en los que la fluidez amenaza lo sólido, lo presente gobierna y destierra lo histórico, o por si la economía nubla el arte de la política instalando los mandatos del utilitarismo, es importante recordar que la UNED nace de la quijotesca idea que fue lanzada a la palestra pública por los educadores desde 2006.

Sería justo inscribir en la exposición de motivos del actual proyecto de ley este transitar que llega a sus 20 años y que ha sido motor de la idea original. Reconocer y conocer la historicidad de la formación de los educadores en los procesos de universitarización, alcanzados por consenso en espacios colectivos institucionalizados, debiera ser un aspecto central para que el proyecto de ley tenga horizontes inteligibles.

Propiciamos una UNED con responsabilidad política y ética para la formación de las generaciones del porvenir

Quienes hemos asumido la docencia y la educación como profesión habitamos instituciones que tejen los sentidos de la subjetividad. En un tiempo en el que prima la instrumentalidad desubjetivante de la formación en pos de la eficacia, es oportuno recuperar los sentidos emancipatorios de la educación. De igual modo, los condicionamientos estructurales tecnocráticos nos alejan del sentido original de las instituciones educativas que portan sobre sí la ilusión de elaborar formas de cultivar la condición social y cultural.

Graciela Frigerio afirma: “El hombre levanta las arquitecturas institucionales como forma de ofrecer a la soledad inicial del cachorro humano la figura de un ‘tercero imaginal’, figura de la ley que garantiza la continuidad de la especie que habla” (2010: 16). De ahí que las instituciones requieran para consolidar su existencia el plano normativo que les otorgue legalidad a una legitimidad que ya viene siendo construida.

En tal sentido, es preciso comprender que una institución formadora de docentes y de educadores uruguayos cumple una tarea fundamental como espacio de transmisión. Según Rosolato (1993: 274 en Frigerio, 2010: 17) la transmisión es, para el individuo, “el deseo de vivir que aleja la muerte y permite sobreponerse a ella en las generaciones por venir”.

Este sentido de la transmisión es el que asumen los educadores ante las nuevas generaciones, siendo esto una acción política y ética a la vez. Es una acción política en tanto se trata de distribuir las herencias culturales al colectivo, acción política que significa también habilitar el ingreso ante un mundo, que sea “oportunidad que hace posible, a todo sujeto, que su origen no devenga una condena”.

Es una acción ética, pues esa transmisión es también un compromiso a derribar obstáculos que ponen en jaque la justicia, la igualdad, la diversidad y la libertad para el desarrollo pleno de las personas y de los pueblos.

Esa es precisamente, la visión pedagógica que tantos educadores han otorgado a su ejercicio profesional en los contextos en los cuales se encuentra interpelada la condición humana desde la pobreza, la violencia y las diferentes formas de exclusión que les impiden vivir la dignidad de sus proyectos de vida.

El legislador no debiera omitir, entonces, que la historia de la educación registra el legado de tantos maestros, profesores, maestros y profesores técnicos, educadores de la primera infancia y educadores sociales, los que han albergado la convicción de que la educación pública es faro de justicia, igualdad y dignidad humana.

Sostenemos la importancia de una UNED con suelo vital y con enclave geográfico

La nueva institucionalidad universitaria tiene la posibilidad de nacer desde la descentralización, con enclave territorial, sin que ello signifique la construcción de nuevos edificios o la búsqueda de nuevos funcionarios. La transferencia de los bienes y funcionarios de una institucionalidad a la otra, además de facilitar el proceso de transición, expande las oportunidades de que la formación en educación universitaria se distribuya en todo el territorio nacional.

Un total de 32 centros e institutos con dos anexos para la formación de grado y el IPES para la formación permanente y de posgrados representan una cobertura nacional única, cuya génesis se inició a fines del siglo XIX. Vale agregar que 30 de estas locaciones se encuentran en el interior del país, muchos de ellos fueron gestados por grupos de vecinos, sociedades de amigos, colectivos de maestros, y varios de estos han cumplido 80 años desde su oficialización.

Sería oportuno incorporar un artículo en este proyecto de ley que integre la totalidad de los centros e institutos que configuran la formación de los educadores a nivel nacional. Cada uno de ellos representa un mojón histórico y cultural situado que ha echado raíces en la comunidad en la que se encuentra.

Se espera que la UNED siga creciendo desde el pie

Creemos en la posibilidad de sostener identidades profesionales diversas y aunadas en el sentido de una formación universitaria distinta a las tradiciones universitarias de raigambre europea.

Desde siempre hemos sostenido que el sentido de lo universitario que bregamos recoge el valor de lo simple, de lo cotidiano que se encuentra en los mundos cercanos a nuestras instituciones.

Los viajes de los campos disciplinares que forman la tríada de la formación en educación (pedagógicos, didácticos y específicos a ser enseñados) cada día nos reúnen con saberes y metodologías que intentamos atrapar. Pero mucho más que eso, esos conceptos nos ponen de cara a la realidad, la cual nos interpela a través de los saberes de experiencia, los saberes de vida, los saberes de la naturaleza, los saberes ancestrales de los pueblos originarios.

En cada infancia, en cada adolescencia, en cada adultez nos moviliza el sentido de la negritud que limpia la blanquitud, la feminidad de la vida en sus diversas expresiones, la palabra y el gesto de la niñez que se pronuncia para decirnos “heme aquí”, la rebeldía de las adolescencias que reclaman construir mundos diferentes, la gratitud y el valor de la solidaridad de los que creíamos desposeídos.

La concreción de la UNED es permitir que todos los que se dedican profesionalmente a la educación, y quienes deseen plegarse a estas profesiones, encuentren los mejores espacios para desarrollar la enseñanza, la investigación y la vinculación social que la tarea de educar merece. Y es también ampliar los vínculos con las universidades públicas uruguayas y regionales existentes.

Siendo uno de los objetivos centrales de este proyecto “respaldar la dignificación de la profesión docente”, es esta una oportunidad histórica de otorgarle a la educación pública, y a la formación en educación en particular, la institucionalidad que ha sido deseada y promovida.

Apelamos a que los sectores políticos asuman la responsabilidad que se les ha encomendado para que la UNED sea una política de Estado, fundada en los principios de autonomía, cogobierno y participación. Una educación universitaria que promueva la formación de ciudadanías críticas y democracias plenas en clave de derechos humanos y con enclave latinoamericano.

Nirian Carbajal es consejera docente electa en el CFE.

Referencia Frigerio, G y Diker, G (Comps.). (2010). Educar: ese acto político. Paraná: Fundación La Hendija.

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