Después de la renuncia de Valeria Larnaudie a fines de junio, esta semana el investigador Carlos Batthyány asumió el cargo de rector de la Universidad Tecnológica (UTEC). El médico fue docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Udelar) y desde 2019 se desempeñaba como director ejecutivo del Institut Pasteur de Montevideo, responsabilidad que dejó semanas atrás para asumir el cargo de rector.
Después de que el ministro de Educación y Cultura, José Carlos Mahía, planteara públicamente la propuesta, el nombre de Batthyány recogió unanimidad en el sistema político, con apoyos en los principales partidos con representación parlamentaria. Entrevistado por la diaria, dijo que lo que se encontró en la UTEC superó sus expectativas, que ya eran buenas, y que cualquiera de sus sedes está a la altura de cualquier universidad extranjera. En particular, destacó lo que ha generado la universidad en los departamentos y regiones en los que se ha instalado y contó que, incluso, ha hecho que estudiantes de Montevideo se trasladen a estudiar a sedes de otros departamentos.
Después de algunos episodios que tomaron estado público y llevaron a la renuncia de la directora del Instituto Técnico Regional (ITR) Centro Sur, Battyhány dijo que a nivel político y del relacionamiento entre distintos actores de la institución no encontró elementos “preocupantes”, y que lo que se requiere es mejorar la comunicación de algunos procesos y decisiones que se toman desde el gobierno de la institución, para lo que implementarán distintas iniciativas.
La UTEC es una institución que el sistema político valora de muy buena manera, incluso la senadora nacionalista Graciela Bianchi ha dicho que es “la joya de la corona”. ¿Con qué universidad te encontraste?
En 2012, cuando todavía trabajaba en la Facultad de Medicina de la Udelar, me acuerdo de haber estado muy presente cuando se empezó a hablar de una nueva universidad pública y gratuita en el interior del país y de los comentarios que eso generaba, para bien y para mal. Después, un poco más lejos, siempre sabiendo cómo venía evolucionando, tenía la misma sensación: que era como una pequeña joyita. Lo que me encontré superó con creces todo lo que me había imaginado. Desde el punto de vista edilicio, de infraestructura, es muy bueno, no tiene nada que envidiarle diría que a ninguna universidad de las que conozco en el mundo. Los estudiantes tienen un lugar lleno de luz, moderno, diseñado para estar cómodos, para tener clases en ambientes cálidos, agradables, que invitan a ir, que no te rechazan ni te piden que te vayas. Entonces, estoy sumamente orgulloso de lo que hizo la UTEC en el país.
¿Qué has visto a nivel de desarrollo que se ha generado en los departamentos y regiones en donde se instaló la UTEC?
Los espacios universitarios que se han creado han impactado mucho y han facilitado el acceso de muchos estudiantes que de otra manera no hubieran tenido la posibilidad de acceder, al igual que otras estrategias, como la descentralización de la Udelar. En ese sentido, junto con la UTU, con la Udelar, lo que queremos es construir verdaderos campus universitarios donde los estudiantes puedan hacer módulos e ir trazando su propia trayectoria universitaria. Tenemos que lograr un diálogo y una nivelación académica entre todos.
Has hablado de la necesidad de becas para estudiantes, que permitan retenerlos en el sistema universitario. ¿En qué situación está la UTEC?
En un país que tiene escuela pública, secundaria pública, estudios terciarios públicos, la pregunta es por qué los estudiantes no llegan [a la universidad] y por qué hay tan poca movilidad social en la historia del país. Obviamente que hay, pero es poca, al menos en mi opinión, y debería ser mayor. Uno tiene que concluir que eso no es suficiente, que fue muy importante cuando se hizo, pero que hoy no está siendo suficiente. Para muchas jóvenes y muchos jóvenes la opción de estudios universitarios no parece atractiva, no estamos llegando. O ni siquiera se imaginan que tienen el derecho a estudiar. Tenemos que trabajar mucho para que eso empiece a cambiar.
En el caso particular de la UTEC, les abre la posibilidad a muchas jóvenes y muchos jóvenes que ni siquiera se lo imaginarían si la universidad no estuviera presente en sus localidades cercanas, y ahora lo empiezan a ver. Hay otras herramientas que nos falta desplegar para que realmente sea un caso de éxito, que sea una experiencia transformadora. Que ellos no solo se inscriban, sino que logren aprender, que logren no desertar, que logren recibirse y que logren ver que, gracias a que tienen estudios terciarios, la calidad del trabajo –incluso la remuneración o la devolución por lo que hacen– va a ser mejor y que eso va a tener un impacto positivo en sus familias.
En su último pedido presupuestal la UTEC creó un sistema de becas que no incluye solo el apoyo económico, sino una experiencia laboral para los estudiantes. ¿Cómo están pensando ese tipo de apoyos?
Una cosa que es muy importante y cuyo autor intelectual creo que es Pablo Martinis, el prorrector de Enseñanza de la Udelar, son las mentorías entre pares. En mi experiencia en la Facultad de Medicina, una cosa que estaba muy bien hecha era que los estudiantes tenían la posibilidad de ingresar como ayudantes de cátedra, como ayudantes docentes, en etapas muy tempranas de la carrera. Se preservaba esa figura, que el estudiante empezara a tener experiencias docentes, que no eran más ni menos que tutorías entre pares, porque era un estudiante de tercero trabajando con las generaciones de primero. Si estas tutorías entre pares tienen un apoyo económico, aunque sea pequeño, van a ser fantásticas. Es una de las experiencias que ayudan a que no haya deserción estudiantil.
La UTEC genera muchas habilidades digitales y vos después precisás mucha gente que esté trabajando en la administración de datos. Ahí hay una oportunidad de empleo juvenil muy temprano, tanto para la universidad como para las empresas, incluso para las empresas públicas.
La UTEC tuvo desde su inicio la propuesta de cursos virtuales o semipresenciales. ¿Cómo se proyectan esas modalidades después de la pandemia?
Es un desafío que tenemos como sociedad. Como padre de adolescentes, casi adultos, me preocupa mucho que se pierdan la experiencia de la vida universitaria. La virtualidad es una herramienta que puede tener ventajas en algunos contextos, porque, por ejemplo, permite que estudie gente que está con trabajo, con alta exigencia de horas o dificultades de transporte, que es una de las cosas más complejas en Uruguay, sobre todo en el interior. Pero, por otra parte, te roba el vivir en comunidad, estar dentro de la universidad, que es una forma de aprender y formarte en ciudadanía. Hacer trabajos en equipo y saber trabajar de manera cooperativa son habilidades que después en la vida laboral vas a precisar mucho.
Si bien la UTEC nació con esa idea, porque era una estrategia para llegar a más lugares, la pandemia agravó esa crisis y hoy pedir que haya más presencialidad es una política que se está impulsando activamente en la universidad. Yo creo que es fundamental, porque además, como comentaba antes, los edificios y los espacios universitarios invitan a venir. Ahora precisamos que los estudiantes se apropien de esos espacios, los usen y los disfruten.
Las instituciones educativas siempre requieren más recursos. ¿Cómo evaluás la situación presupuestal de la UTEC para el quinquenio?
En el contexto en el que estamos, en el conjunto de las instituciones que tiene Uruguay, vi una institución que está muy bien desde todo punto de vista.
Como bien decís, siempre se precisa más y tenemos que ver cómo somos creativos para lograr que se priorice lo que uno considera que es fundamental para Uruguay, que es tener espacios de educación, generación de conocimiento y transferencia de conocimiento. La UTEC está haciendo una gestión muy buena y que siempre va a requerir más. Ahora, yo estoy conforme con el presupuesto que tiene. Por supuesto, está dejando de ser una institución que estaba en su momento de gloria, porque siempre tenía más presupuesto que lo que ejecutaba y ahora va a empezar a zozobrar, como otras instituciones de apoyo público, pero por hoy yo estoy contento.
Recientemente, la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), la Udelar y la UTEC elaboraron un plan de democratización de la educación superior en el que se plantea que generalizar el nivel terciario requiere la cooperación de todos los actores para lograr ese objetivo. ¿Cómo ves a la UTEC en ese plan?
Seguro que si no se hace de esa forma va a ser muchísimo más difícil y, sobre todo, más ineficiente. Tenemos que tener presente que cuando vos comunicás y le contás a la población cosas nuevas que se están haciendo en Uruguay, no siempre eso es fácil de recibir y no llegamos a todo el mundo. Entonces, capaz que a la UTU, que tiene mucha trayectoria, las familias la tienen asociada a que es una buena experiencia educativa que te da acceso laboral rápido, y está bárbaro. Pero los estudiantes de la UTU pueden seguir estudiando y formándose en la UTEC. Y los egresados de la UTEC pueden seguir estudiando en la propia UTEC y también en la Udelar. Y lo mismo para los estudiantes de la Udelar: pueden hacer materias en Montevideo o en los centros universitarios regionales y después, por ejemplo, seguir en Durazno, donde está la UTEC y no la Udelar. Creo que como sistema nacional de educación pública terciaria tenemos que trabajar más mancomunadamente y aunar esfuerzos.
¿Cómo evaluás los mecanismos internos de evaluación docente en la UTEC, que años anteriores fueron objeto de reclamos del sindicato de trabajadores y de la intervención de organismos como el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo?
No creo que la realidad de las evaluaciones docentes y del ambiente que hay en la UTEC sea diferente del de otras instituciones en Uruguay. La realidad es similar, quizás estos temas se han agudizado o han resurgido con un poco más de fuerza debido a problemas de comunicación. La ley que rige a la UTEC no da la posibilidad de cogobierno, pero sí da la posibilidad de muchos espacios de participación. Por ejemplo, un consejo asesor general que está planificado por ley y, si bien no es vinculante, está integrado por representantes del orden docente, del orden estudiantil, incluso con participación de actores externos como la ANEP y el Inefop [Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional].
Tenemos que lograr terminar de configurar la gobernanza de la institución para tener mejor comunicación. Eso va a simplificar y va a ayudar a entendernos más y mejor. Algo que definimos en estos días es que el Consejo Directivo Central va a funcionar de manera presencial en Durazno y una vez por mes vamos a estar recorriendo otras sedes del interior del país. Y no solo eso, sino que a pedido de los docentes y de los estudiantes, al igual que la Udelar, se van a transmitir por Youtube y la comunidad universitaria lo va a poder ver en tiempo real. Eso va a permitir también que la gente se entere y vea cómo son los procesos. Volviendo a la evaluación docente, siempre hay espacios para mejoras que tenemos que resolver de manera acordada.
A partir de la renuncia de la directora del ITR Centro Sur, algunos actores de la oposición hablaron de problemas políticos y de funcionamiento en el gobierno de la institución. ¿Cómo encontraste la UTEC a nivel vincular entre los distintos actores que la integran?
Es lo mismo que comentaba antes: no creo que en la UTEC haya una cuestión de relacionamiento interno que sea preocupante. Sí, lamentablemente, hubo episodios que terminaron judicializados, y eso, desde mi punto de vista, afecta mucho a las personas, tanto a los denunciados como a los denunciantes, y hay que tener mucho cuidado con eso. Entiendo que podemos hacer algunos ajustes y, sobre todo, avanzar en concretar lo que la ley nos pide. Y acá quiero ser muy firme: dentro de la ley, todo; fuera de la ley, nada. Dentro de la ley de la última reforma a la ley de la UTEC, que es de 2023, tenemos que avanzar en la constitución final de todo lo que está previsto como órganos de gobierno. Y eso va a ayudar a que nos empecemos a escuchar mejor entre los distintos estamentos.
¿Cómo pesan en la cultura de la UTEC tantos años de la Udelar como única universidad pública del país?
Creo que la vieja frase “pueblo chico, infierno grande” en Uruguay nos juega muy en contra, porque tenemos que pensar entre todos que el centro de lo que nos ocupa son las estudiantes, los estudiantes y la generación y transferencia de conocimiento producido para toda la sociedad uruguaya y en todos los órdenes de la vida. En ese sentido, por suerte, estoy muy contento con las charlas que he mantenido con el rector de la Udelar, Héctor Cancela –a quien aprovecho a felicitar nuevamente por su reelección–, así como con las autoridades de la UTU. Estamos muy de acuerdo, tenemos una visión muy complementaria de que tenemos que trabajar más y mejor de manera conjunta. El camino está trazado y ahora lo que tenemos que hacer es empujar.
Si bien quería lograr otro desarrollo para la UTU, José Mujica fue el impulsor de la UTEC. ¿De qué manera se vive ese legado en la universidad actualmente?
Conozco bien de cerca los momentos, las discusiones y con lo que soñaba el presidente Mujica y lo que consideró que era el “premio consuelo”, que es la UTEC. Una cosa que los uruguayos hacemos mal a veces es no reconocer y no felicitar cuando algunas políticas y algunas iniciativas se hacen bien. Por ejemplo, la transformación energética, que fue una cosa que llegó para transformar Uruguay. Fueron acciones de personas; si bien hubo una política pública, hubo personas que trabajaron mucho ahí adentro. Todo es perfectible, pero cuando lográs transformar la matriz energética de un país, vaya si habrá que aplaudir y festejar. Lo mismo con la ley forestal y un montón de otras leyes que han ido transformando a la sociedad uruguaya.
Creo que la idea del presidente Mujica de llevar la universidad hacia el interior y de una manera más tangible para las personas, sin perder la calidad académica, fue muy buena y ya se está viendo. Hoy ya no se habla del sueño de la UTEC, del sueño del Pepe, sino de una realidad. Hay 4.000 familias, por lo menos, que están viendo transformadas sus realidades, porque los estudiantes se están formando en el interior, cerca de sus orígenes. El jueves se inauguró en Durazno, en la sede de la UTEC, una planta de hidrógeno verde, que no es para producir hidrógeno verde, sino para formar uruguayas y uruguayos en energías renovables, en particular relacionadas con el hidrógeno verde. Y eso se logró de manera mancomunada entre la UTEC, la Udelar y otras instituciones. Ahí me encontré con unas estudiantes y me contaron que estaban a punto de recibirse como ingenieras en energías renovables. Les pregunté si eran de Durazno y una de ellas me dijo que no, que era de Montevideo. Estuvo varios años viviendo en Durazno para poder recibirse de ingeniera en energías renovables. Eso cierra y es una historia que refleja lo que creo que Pepe quería.