Entre la necesidad de integrar tecnologías y la preocupación por su impacto en la concentración y la convivencia educativa, el liceo 3 Aníbal Sampayo, de Paysandú, implementó el año pasado una política de restricción del uso de celulares dentro del centro educativo.
La decisión surgió como principal respuesta a una serie de conflictos y situaciones de violencia entre estudiantes que comenzaban en las redes sociales y en las que el celular se convertía en una herramienta detonante o amplificadora. En ese contexto, los conflictos se trasladaban al liceo y eran motivo de peleas en los recreos durante la jornada educativa.
Además de esos episodios, igual que viene ocurriendo en otros centros educativos, el equipo de dirección y los docentes observaron altos niveles de distracción en clase y una creciente dependencia de la virtualidad que, según entendían, impactaba en la dinámica pedagógica y en los vínculos dentro del aula.
Frente a ese panorama, en agosto de 2025 el liceo resolvió implementar una medida –avalada por Secundaria– que fue debidamente comunicada a los padres y establecía que los 695 estudiantes de la institución dejaran sus celulares en una caja gestionada por la adscripción al ingresar al liceo. Los dispositivos solo podían utilizarse en casos de emergencia o con autorización específica, y eran devueltos al finalizar la jornada educativa.
El liceo, que funciona en los turnos matutino y vespertino, abarca desde primero a cuarto año de liceo –o de séptimo grado a primero de bachillerato, de acuerdo a la nomenclatura que impuso la transformación curricular–.
Ruben Borthagaray, director del liceo, contó en diálogo con la diaria que a raíz de la medida de “no uso de celulares” se realizó una encuesta a docentes a final del año pasado, que arrojó algunos datos con respecto a la política implementada: 80% de los profesores consideraron que los estudiantes mejoraron su rendimiento académico. De ese porcentaje, un 30% respondió que la mejora fue “satisfactoria”, mientras un 33% respondió que fue “buena” y un 17,5% respondió que fue “aceptable”.
A su vez, se desprende de la misma encuesta que alrededor de un 76% de los docentes aseguró que el no uso de celulares disminuyó los problemas entre pares de forma “satisfactoria” y “buena”.
Borthagaray dijo a la diaria que la implementación del procedimiento “costó mucho” en un comienzo y que todavía hay una mayoría de estudiantes disconformes con la medida. Sin embargo, señaló que en el intercambio con los estudiantes delegados de cada clase se pudo recoger otra mirada sobre el proceso y constatar que el “no uso del celular ha permitido que la clase se enfoque de otra manera y trabaje de otro modo”.
A su vez, señaló que Ceibal participó en algunas instancias de intercambio con la institución, por medio de charlas vinculadas a la temática, y contó que a partir de este año la idea es “trabajar mucho con el buen uso de la herramienta celular”. Para eso, se proponen generar más espacios de diálogo con los estudiantes, en los que se invite a reflexionar sobre el uso del dispositivo, a partir de preguntas como “¿por qué lo tengo que tener?, ¿cuándo lo tengo que tener?, ¿qué implica traer el celular a la institución?”.
Por otro lado, señaló que actualmente el acceso a internet se habilita a través de las “ceibalitas”, que si bien son pocas en la institución, constituyen la principal herramienta tecnológica para el trabajo en línea. Su utilización, además, depende de la asignatura, ya que algunas requieren mayor apoyo digital que otras.
Borthagaray contó que la medida adquirió tal relevancia institucional que desde este año la normativa de “no uso de celular” en la institución quedó incorporada formalmente a la ficha de inscripción, de la misma forma en que se explicita el uso obligatorio del uniforme o el pedido de útiles necesarios para las tareas de aula. “Nos llevó mucho tiempo la adaptación”, agrega sobre la medida, y continúa contando que la idea es ver cómo se seguirá desarrollando este año.
En cuanto a la respuesta de las familias, Borthagaray aseguró: “Tenemos mucho apoyo de la gran mayoría de los padres, están muy contentos”. Agregó que, a medida que se han acercado al liceo a inscribir a sus hijos, han manifestado a la adscripción que esta política los deja “más conformes”.
En ese sentido, Borthagaray comentó que uno de los argumentos más frecuentes de algunas familias para oponerse a la restricción es la necesidad de mantener contacto permanente con sus hijos por cuestiones de organización familiar. Según explicó, hay padres –especialmente en casos de familias con padres separados– que plantean que el celular es “el único contacto” posible con el estudiante durante la jornada.
Sin embargo, el director relativizó ese planteo y sostuvo que el liceo cuenta con vías formales de comunicación a través de los teléfonos institucionales. A su entender, el argumento no es de recibo, ya que ante cualquier situación en que sea necesaria la comunicación, puede establecerse por los canales habituales del centro educativo.