Feminismos Derechos sexuales y reproductivos
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Feminismos Derechos sexuales y reproductivos

María Teresa Rivera. Foto: Melissa Silva Franco

María Teresa Rivera, activista salvadoreña: “Mi libertad me la dio la lucha de las mujeres”

Las Bravas | Con la defensora de los derechos sexuales y reproductivos, que estuvo presa en El Salvador por un aborto espontáneo y hoy desde el asilo en Suecia busca visibilizar lo que miles de mujeres todavía viven en su país.

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“Tuve que salir de emergencia de mi país por un delito que no cometí”, cuenta María Teresa Rivera. En El Salvador hoy no se puede hablar. Pero ella, que pasó todo, se fue para no seguir padeciendo y para que su libertad no fuera tan efímera como una ilusión y corriera el riesgo de volver a ser encarcelada. No se equivocó. Después de que la activista feminista Morena Herrera logró sacar de la cárcel a 70 mujeres encerradas por abortos o emergencias obstétricas, el recrudecimiento del autoritarismo del presidente salvadoreño, Nayib Bukele, volvió a mandar a las cárceles –que se venden como ejemplares y que están exentas del derecho a un juicio justo– a mujeres por ser mujeres.

María Teresa tiene 43 años y le quitaron la vida por la posibilidad de dar vida: estuvo encerrada cuatro años y medio. Cuenta que se desmayó y la llevaron al hospital. Cuando se despertó, le dijeron que la iban a llevar a la cárcel. Y le nombraron la palabra que la volvió maldita: asesina. La escupían, la empujaban, la señalaban. Es la primera mujer en el mundo que recibe asilo después de sufrir un aborto. Vive en Suecia junto a su hijo David Oscar, de 20 años. Su historia es emblemática y va a resonar a partir de unos meses en el país que se convirtió en un sinónimo de cárcel como sinónimo de éxito. Ella va a ser la protagonista de una película, dirigida por la documentalista Melissa Silva Franco, en la que la cámara la acompaña durante más de diez años.

María Teresa es la mujer que recibió la condena por aborto más larga registrada en el mundo. La pena era estar en la cárcel pero, además, ser juzgada, incluso, por las otras presas. Ella ya había sufrido que la juzgaran en su familia por haber sido violada. Le decían que tenía que ir a trabajar, cuando era una niña, y que la habían abusado por insistir en estudiar. Las palabras que escuchó la lastimaron. Y ahora también le falta escuchar palabras en su idioma. Tuvo que aprender sueco, estudiar para cuidar a otras personas y sostenerse con su hijo lejos de su país, su cultura y sus costumbres. La distancia la salva y también la afecta. Pero la libertad es una lucha que vale la pena y de la que ella se convirtió en emblema.

¿Qué significa que esté a punto de estrenarse un documental sobre tu vida?

Es una alegría que nos ha costado diez años de mucho trabajo.

¿Cómo fue el proceso tan largo de filmación?

Duró diez años y lo hemos hecho con escasos recursos. Lo hemos pasado mal muchas veces. Pero algo que he aprendido de Melissa es que siempre me ha inspirado, me ha estado dando fuerza y, a pesar de las dificultades, me dijo: “Lo vamos a lograr, María Teresa”. Hemos pasado dificultades, pero al final nos abrieron puertas, y eso para mí es una gran alegría. Es una emoción saber que podemos contar una historia que no quiero que le pase a ninguna mujer. Es importante que el mundo sepa lo que está pasando y no solo con las mujeres salvadoreñas, sino que también pasa en Europa y en todas partes del mundo.

¿Qué retrocesos hay en Europa?

Se está retrocediendo en los derechos humanos de las mujeres. Los derechos sexuales y reproductivos también son derechos de las mujeres. Por eso, día a día, luchamos para que nuestros derechos se respeten. Esa lucha no ha sido de ahora, sino una lucha de años, de mujeres que ya no están con nosotros pero nos dejaron esa semillita que tenemos que seguir luchando porque todos los días cambian. El sistema va cambiando y un día tal vez en España no puedan tener derechos.

¿Cómo crees que vivirían otras mujeres que sienten que hoy tienen sus derechos garantizados si fueran encarceladas por ser mujeres?

Muchas veces me he puesto a pensar que no quisiera que nadie se pusiera en mis zapatos porque nadie los podría llevar.

¿Cómo harían mujeres de otros países para bancarse estar presas?

Hay un gran miedo a que eso pase en Europa y que se pierdan derechos por los que tanto han luchado las mujeres. El documental también habla de la lucha y de no olvidar de dónde venimos.

Hay mujeres que se expresan en contra del aborto porque perdieron un embarazo. Pero a vos te pasó lo mismo y te llevaron a la cárcel. ¿Cómo se puede explicar que un aborto espontáneo también puede ser criminalizado?

Mi libertad no me la dio un gobierno ni un Estado. Mi libertad me la dio la lucha de las mujeres. Muchos dicen “se hizo justicia”, pero no hay justicia cuando siguen encarcelando mujeres y los derechos de las mujeres siguen siendo pisoteados.

Morena Herrera denunció, junto con La Movimienta, que hay una mujer con un cuarto juicio por una emergencia obstétrica. ¿Tuviste miedo de que te pasara lo mismo?

Tuve miedo de volver a ser encarcelada.

¿Si te hubieras quedado en El Salvador hubieras vuelto a ser encarcelada?

Yo digo que sí. Y no por el delito por el que se me condenaba, sino solo por ser mujer, alzar mi voz y denunciar las injusticias, y eso es lo que muchas defensoras de los derechos humanos están sufriendo en este momento en El Salvador. Todas están en peligro y muchas ya están en el exilio y otras aún están allá. Cuando se trabaja por el derecho al aborto, no solo salimos afectadas como víctimas y como mujeres, sino que también se afecta a la familia de las defensoras. Ellas pierden su hogar. Es tan duro perder o dejar todo, lo poco o nada que tenemos, solo por una ley que criminaliza a las mujeres.

¿Cómo se ejerce hoy la censura en El Salvador?

Muchas se tienen que callar para que las represalias no lleguen a sus familias. En el caso de las defensoras de los derechos humanos, las familias están en ese riesgo. Ese es un precio duro que se ha tenido que pagar.

¿Por qué te fuiste de El Salvador?

Cuando salí de El Salvador era porque decía “me quiero ir para darle otro futuro a mi hijo y para que no me alejen de él”. Pero cuando llegamos a Suecia nos dimos cuenta de que no solo somos nosotros. Cuando me invitaron a un seminario a Suecia me preguntaron si me quería quedar. Y dije que sí, pero con la aclaración: “No me voy sin mi hijo”. Mi hijo era lo primero. No importaba la maleta ni nada. Si mi hijo venía, ya lo tenía todo. Agradezco porque tuve la oportunidad de traérmelo, porque hay tantos niños cuyas mamás han tenido que salir de El Salvador y sus hijos han quedado. Es duro dejarlos porque nos condenaron y, cuando salimos libres, dejar a nuestros hijos otra vez...

¿Cómo fueron los años de cárcel y por qué no deseas que ninguna mujer vuelva a estar en tus zapatos?

Esos cuatro años, separada de mi hijo, fueron duros. Eso es lo que me dolía tanto, aunque las condiciones eran durísimas. Y hoy son más duras con el régimen de excepción [impuesto por Bukele] porque sus familias no las pueden ir a ver. Antes teníamos visita una vez a la semana. Hoy no hay visita para nada y las familias están incomunicadas. Y eso es lo que más duele: no ver a nuestros hijos. Y eso es lo que están viviendo mis compañeras que no tienen la oportunidad de ver a sus hijos ni una vez a la semana.

¿Por qué convocas a La Movimienta junto con Morena Herrera?

Es muy importante apoyar porque se lucha por los derechos de las mujeres y la reparación que no hemos tenido. La lucha de Morena ha sido muy fuerte durante todos estos años. Por eso, cuando la veo, digo: “Si ellas han podido luchar así de fuerte y siguen, aún con problemas de salud, yo también puedo”. Eso me da a entender que la lucha que ellas han hecho no tiene precio. Claro que debo seguir por las mujeres y por todo el trabajo que me admira. El ejemplo de Morena Herrera es lo que me impulsa porque, si ella lo ha logrado, yo también lo puedo lograr.

¿Qué es lo importante de la película?

Lo importante es que conozcan la situación de El Salvador en este momento y la historia de libertad y justicia que enseña que siempre se debe luchar.

Las Bravas es un espacio de la diaria Feminismos que busca amplificar las voces y las experiencias de mujeres feministas que están cambiando la historia en América Latina y el mundo. Está a cargo de Luciana Peker, periodista argentina especializada en género y autora de La odiocracia: al fondo a la derecha (2026), ¿El amor es o se hace? (2023), Sexteame: amor y sexo en la era de las mujeres deseantes (2020), La revolución de las hijas (2019) y Putita golosa, por un feminismo del goce (2018), entre otros libros.

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