“Tanto varón junto. ¿Qué quieren que les diga?”, dijo con desconfianza Raquel Hernández, integrante de la Red Uruguaya contra la Violencia Doméstica y Sexual (RUCVDS), al subir al escenario junto con otras referentes feministas para hablarles a más de 100 varones que el pasado sábado 8 de agosto formaron parte del Primer Encuentro Nacional de Varones Antipatriarcales hacia la Igualdad en el Centro Cultural de Ciudad de la Costa.
Este encuentro fue gestándose desde hace varios meses por tres colectivos: Varones por la Igualdad, Red de Masculinidades Uruguay y Varones Antipatriarcales por la Reflexión, Revisión y Acción. Nace de la intención de concretar un lugar desde el que poder transformar la “masculinidad hegemónica y tradicional”.
El evento tuvo el respaldo de la RUCVDS, el apoyo de la Intendencia de Canelones, MenEngage Latinoamérica, ONU Mujeres, el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), el Centro Interdisciplinario de Estudio sobre el Desarrollo (Ciedur) y la Embajada de Gran Bretaña. Se inició con una charla de introducción a cargo del escritor y periodista Mario Delgado Aparaín y de la directora de Inmujeres, Mónica Xavier. Luego, los tres colectivos convocantes se presentaron y el doctor en Ciencias Sociales rosarino Luciano Fabbri expuso durante 40 minutos.
Para ellos, las inequidades de género atraviesan tanto el orden político como el social, el económico y el cultural, e impactan “nocivamente en las relaciones humanas y los ecosistemas” que los varones habitan. La violencia machista “busca perpetuar un sistema de creencias” que legitiman la “dominación sobre mujeres, niñeces, adolescencias y disidencias” y “generan al mismo tiempo graves” daños a la salud de los propios varones, dijeron en el mensaje de bienvenida.
En su compromiso, los colectivos convocantes reconocen el “liderazgo de los feminismos” y declaran el deseo de “acompañar la construcción de una sociedad justa, libre de violencias y orientada al cuidado de los vínculos”. “Como varones igualitarios, aspiramos a ser aliados en la eliminación de las brechas de género”, dijeron.
Ya no queda más tiempo
Luego de la charla de Fabbri, los presentes se dividieron en cinco grupos y discutieron sobre cinco ejes temáticos durante algo más de una hora y media. El primero debatió sobre el orden patriarcal y sus expresiones cotidianas; al momento de comenzar a exponer la síntesis, hubo un acuerdo generalizado: “A nadie le alcanzó el tiempo” para discutir. Más adelante, el propio Fabbri recordaría que esa falta de tiempo tiene que ver con el tiempo invertido. “Ganarle la batalla al tiempo tiene que ver con lo que estamos dispuestos a invertir”, advirtió.
En la síntesis, este grupo se preguntó (y se respondió) qué es el machismo y qué es el patriarcado, y si machismo es “lo contrario” a feminismo. El patriarcado, dijeron, es el conjunto de “normas y mandatos escritos y no escritos por el sistema desde hace miles de años”, y el “machismo es la expresión de la preponderancia, del desbalance de poder a favor del hombre”, que “produce privilegios del hombre sobre el resto de las personas”.
Sobre las expresiones cotidianas de ese sistema cultural, enumeraron el piropo callejero, las miradas y los chistes e indicaron que la educación tiene un rol “clave” y es el “lugar en el que poner las baterías”. “El cambio suele ser más discursivo –por ahora, entre nosotros los varones– que estructural. Se trataría justamente de alcanzar ese cambio profundo. No se trata de redecorar una pared, sino de cambiar la forma en la que están puestas las vigas”, dijo.
El segundo grupo tuvo el título “La violencia y la muerte están en nuestras manos, ¿cómo las impedimos?”. Uno de los elegidos por el grupo para exponer en el plenario comenzó señalando que su intención fue “detener la misoginia y la violencia de género”. Apuntó que el movimiento debe “actuar e ir para afuera” y “reflexionar para transformar, porque, si no, se va a quedar en este círculo y no todos [los varones] estamos en la misma”.
En ese sentido, comentó que pensaron en tres niveles de acción. El primero es el personal, un trabajo que la “mayoría” de los presentes “ha estado haciendo en este tiempo”, que lleva al “autocuestionamiento” y a incomodarse. “Nosotros, los varones, hemos hecho cosas de las que no nos orgullecemos ahora. Es difícil, pero hay que hacer ese trabajo”, valoró.
El segundo nivel es el vincular. En este ítem se encuentran las maneras en que un varón puede actuar en los “círculos más cercanos”. “Cómo nos comunicamos, cuándo, qué decir, qué no decir y qué batallas elegir. Se habla de los grupos de varones de Whatsapp; ahí hay un nicho en el que como varones podemos meternos, pero también entender qué batallar, dónde meternos; nuestra energía no es infinita”.
Este punto fue retomado luego por varios asistentes en otros grupos y en el plenario general para ser discutido. Uno de los participantes dijo que la “utopía de otro mundo es posible” y que “cuantos más seamos, mejor”, pero “hay que dar todas las batallas”. “Elegir una batalla para dar es más de lo mismo”. El propio Fabbri pidió tener “cuidado” con la afirmación de que hay que elegir las batallas a dar, “porque es el privilegio el que nos permite elegirlas”. “Ojo con que abstenernos de dar la batalla cultural no sea una forma de blindarse”, advirtió.
El tercer nivel es el colectivo. En este caso, el representante del grupo ejemplificó que los varones antipatriarcales pueden colaborar con el movimiento feminista para “lograr más financiamiento y lograr más educación en términos de género”. Eso le dio pie para comentar también sobre la “alfabetización emocional”. “Está clarísimo”, aseguró, que la educación emocional no está extendida en el sistema y que la “única emoción” que se le valida al hombre es el enojo. “Después pasa lo que pasa, ¿no es cierto?”, remató.
Parte de la exposición de este grupo se concentró también en cómo comunicarse entre hombres ante episodios de violencia o perpetuación de las desigualdades de género. “Si le digo que todo lo que es está mal, se va a ir. Tenemos que comunicar que es un problema sistémico y que la respuesta no puede ser punitivista, y lograr comunidades en las que los varones puedan expresar emociones. A un varón que siente que todo el mundo está en su contra hay que acercarse, pero no desde la incomodidad. Hay que acercarse [para explicar ese] sistema que lo hace víctima y victimario”, añadió.
De todos modos, apuntó que los varones no pueden “hacerse los que no se dan cuenta”, porque de esa forma también “estamos violentando”.
Estos procesos, aseguró, van a ser “incómodos” y “no van a ser de aplausos”, porque “si no incomoda, no estamos yendo por el buen camino”. “Los varones estamos llenos de privilegios. Nos va a doler, pero tenemos que dejarlos de lado y llegar a poder hablar con los otros, señalar los actos violentos y que la violencia no sea dada, que sienta presión social”, dijo el participante al cerrar, entre aplausos.
El tercer grupo temático fue el de “Género, política, violencia simbólica y batalla cultural”. Los representantes de esa mesa contaron que “la sellada del debate” fueron las redes sociales y los contenidos, y lamentaron también que hubo un “debe” en el encuentro y fue la ausencia de los jóvenes. Más adelante, hacia el final del plenario, el único menor de 30 años tomó la palabra y coincidió en el diagnóstico, lamentándose por no encontrar gente de su edad.
En cuanto a las redes, se afirmó que son los “grupos hegemónicos” los que las “mueven” y que, hoy en día, el discurso violento y machista es el “taquillero”. Sobre los medios de comunicación masivos y tradicionales, especificaron que, cuando los privilegios se disputan, son estos los que “quieren mantener el statu quo”. “Décadas y décadas afianzando el machismo”, agregaron.
También señalaron al sistema educativo, en el que hay “docentes alineados” a esta visión contrahegemónica, pero “hay programas que encorsetan y no hay herramientas para enfrentarlos”. Este grupo cerró su participación con una autocrítica: “Nos cuesta pasar de la propuesta a la acción. Es necesario que lo hagamos aunque no sepamos mucho cómo. A este encuentro le faltó; nos invito a hacerla”.
Rendir, tener muchas parejas y mostrarlas
La siguiente mesa de trabajo llevó el nombre “Conversando en el boliche sobre sexualidad y el modelo dominante de hombría”. En la presentación colectiva que hicieron los integrantes de este grupo, expusieron que la sexualidad se asocia a una construcción social ligada al miedo y al tabú, y que muchos de los aprendizajes que tienen los varones sobre este tema no están relacionados con el placer, sino con la dominación y la jerarquía.
“La sexualidad también es frustración, tener que rendir, tener muchas parejas y mostrarlas. También es mentira, hacia uno y hacia el resto. Esa mentira nace de la competencia y de la necesidad de tapar cosas”, dijo un participante. “Qué difícil se nos hace como varones romper el pacto. Hay que tener valentía y una estrategia”, aportó otro.
La última mesa fue la de “Relaciones de los varones igualitarios con los feminismos y el movimiento de la diversidad”. La discusión partió de reconocer las “tensiones, ruidos, peligros y desconfianzas” que se dan en ese relacionamiento, y tuvo un diagnóstico al señalar que “muchos varones cis heteros” tienen “desconocimiento” de qué lugar ocupar en estos movimientos.
En ese sentido, señalaron que es natural que los movimientos feministas y de la diversidad tengan “incomodidad” de relacionarse con los varones igualitarios, ya que eso supone “intercambiar con los opresores”. “Va a existir esa incomodidad, pero tenemos que lograr esa integración, porque la opresión es la misma, pero todos la vemos y sufrimos desde diferentes lugares”, opinó el representante.
La “desconfianza” de las feministas
Luego del intercambio de las mesas, fue el turno de una breve exposición de tres referentes feministas: Raquel Hernández, coordinadora de la RUCVDS; Andrea Tuana, directora de la asociación civil El Paso, y Nohelia Millán, exdirectora de Género y Equidad de la Intendencia de Canelones. La mesa fue moderada por la maestra Geru Aparicio Aviña, presidenta de la Red Global MX Capítulo Uruguay.
La primera en tomar la palabra fue Hernández, quien reconoció que reunir “voluntades de varones para que se miren y se interpelen es una valentía”. “Tengo esperanza en que la cultura cambie”, dijo, pero advirtió que cada logro de las mujeres es seguido por una “adaptación” de parte de los varones para “seguir ejerciendo la violencia. “Para muestra, un botón”, añadió, y comentó que el ejercicio de la violencia vicaria no era pensable en Uruguay antes de la ley de violencia basada en género.
“Es un camino tan difícil y es absolutamente responsabilidad de cada uno de nosotros, de los de acá, los de afuera y los que vendrán. Pero la pedagogía de la esperanza y del oprimido nos dan luz. Hay esperanza, capaz que yo no la veo. Por suerte, está esto por primera vez en Uruguay, pero me genera desconfianza y me da miedito, les digo la verdad. Es como si los dueños del dinero me dijeran que no va a haber más pobres porque van a distribuir el dinero”, lanzó. “Claro que hay esperanza, contamos con todos”, cerró.
Tuana, por su parte, recordó que hace 30 años estos temas reunían únicamente a un “puñadito” de mujeres. Hace 15, añadió, se celebraba que el movimiento estaba lleno de mujeres y hace diez que las autoridades se involucraban. “Hoy celebramos que esta sala esté llena de varones”, comentó.
“Todas y todos encarnamos el sistema de opresión, y claro que nos da desconfianza, como nos la dan las mujeres que defienden el sistema. El feminismo es para todo el mundo, a mí no me van esos discursos de que si es varón no puede ir a la marcha. Todos quienes quieran sumarse a la flotilla son bienvenidos”, apuntó.
En esa dirección, llamó a pensar estrategias. “No se puede romper la casa del amo con las herramientas del amo”, dijo, y enumeró algunas opciones, como la educación emocional, la educación sexual integral y avanzar en cambios en la Justicia y las leyes, porque este último es “de los núcleos más duros que hay”.
Millán también dijo que estos espacios le generan “desconfianza”, pero que aceptó participar porque “rápidamente” hay que encontrar la “política del consenso”. En ese sentido, señaló que el movimiento tiene que estar en “permanente revisión” si es que quiere perdurar en el tiempo, y convocó a los varones a unirse a la “red de resistencias” que busca “desarmar el proyecto de crueldad”.
Después de estas intervenciones, Fabbri comentó las síntesis hechas por los representantes de los grupos de trabajo. En esa línea, aseguró que los varones deben reivindicar la sospecha y la desconfianza del feminismo como una “autosospecha”, pero “sin quedarse en el molde”.
En ese sentido, llamó a no ser condescendientes con los feminismos: “Podemos estar o no de acuerdo, pero a veces nos quedamos esperando un permiso que capaz que no llega. Es paternalista que cada paso que demos tenga que tener la validación de las compañeras”, sentenció.
En el cierre, convocó a que ser “antipatriarcal” no sea un “adjetivo”, sino una “estrategia y un horizonte político”. Pidió entonces construir “confianza política” para que la “desconfianza” que tienen las feministas pueda mutar hacia una lucha en común. “Si no hay conflicto o tensión, no hay comunidad”.
“Les voy a hablar de ‘ustedes’”
En el plenario, las primeras voces reclamaron asignación de presupuesto para la emergencia nacional en violencia de género, declarada en 2019, y para la implementación de la ley de violencia basada en género. “Siempre fuimos un palo en la rueda de la lucha del movimiento feminista”, se dijo.
También hubo momentos para destacar el evento y la participación. “Que 100 tipos distintos elijamos pasar un sábado entero acá es muy bueno”, dijo un participante. “Es importante que surjan estrategias de lucha y organización territorial. Nos vamos todos polenteados, no teníamos espacios para varones antipatriarcales. Es histórico, pero no nos podemos quedar en eso”, comentó otro.
Sobre el final del plenario, un militante del movimiento de la diversidad se presentó como homosexual y especificó que desde ese lugar les iba a hablar a los presentes de ‘ustedes’. “Me voy con la sospecha aún”, acotó, instándolos a “animarse a dialogar con los colectivos de la diversidad”.
En este punto le respondió a otro participante, que algunas intervenciones antes había asegurado que los varones debían primero que nada hacer un análisis interior “para luego salir hacia afuera”. “Ver primero qué es girar sobre uno mismo”, apuntó; “deberían irse más incomodados de lo que se van. Vengo a decirles que estamos abiertos. Los varones cis hetero vienen a hablar y a quejarse de lo que les pasa, pero no escuchan. Necesitamos que vengan a escucharnos para que entiendan desde qué lugar estamos hablando y cómo podemos aunar luchas”.