Investigadores de la Facultad de Información y Comunicación (FIC) de la Universidad de la República desarrollaron un escáner portátil para digitalizar películas históricas y recuperar archivos audiovisuales dispersos en distintas comunidades del país. El dispositivo, creado en Uruguay, busca facilitar el rescate de materiales filmados en formatos pequeños y, al mismo tiempo, reducir la dependencia tecnológica de equipos importados utilizados en los procesos de preservación.
Además de fortalecer la independencia tecnológica, el nuevo equipo apunta a resolver una limitación práctica: los equipos utilizados hasta ahora para digitalizar películas pueden pesar hasta 500 kilos y requieren que los materiales sean trasladados a Montevideo. El nuevo escáner, en cambio, pesa menos de cinco kilos y puede transportarse en una valija pequeña, lo que abre la posibilidad de trabajar directamente en distintas localidades del país.
El proyecto fue impulsado por el Laboratorio de Tecnologías Innovadoras para la Preservación Audiovisual de la FIC, que está liderado por Isabel Wschebor e integrado por el docente Jaime Vázquez y el estudiante Juan Monce.
La historiadora Isabel Wschebor, doctora en Historia, Textos y Documentos por la École Nationale des Chartes y la Universidad de la República, explicó, en diálogo con la diaria, que la nueva herramienta portátil permitirá digitalizar archivos cinematográficos en distintos puntos del país y recuperar materiales poco accesibles. “Estas iniciativas nos permiten democratizar los medios tecnológicos para poder recuperar nuestras propias memorias”, resaltó, quien además es docente, investigadora universitaria e integra el Grupo de Estudios Audiovisuales de la Udelar.
En los últimos años el equipo ha digitalizado cerca de 100 películas cinematográficas y 6.000 archivos, entre fotos, videos y audio.
Independencia tecnológica
La idea del proyecto se fue gestando a partir de distintas motivaciones vinculadas con el trabajo que el laboratorio realiza desde hace más de una década. “Desde hace muchos años desarrollamos algunas tecnologías que han tenido buena repercusión, tanto en la comunidad local como en el ámbito regional e internacional, porque, a diferencia de otros laboratorios que en general suelen comprar sus tecnologías para hacer trabajos de preservación y de digitalización de archivos audiovisuales, nosotros fuimos por el camino de tratar de reconvertir o construir dispositivos de cero que no nos dejaran atados a licencias propietarias”, explicó Wschebor.
La investigadora señaló que depender de equipamiento importado también implica quedar relegados en la cadena global de servicios técnicos. “La realidad es que Uruguay no es una prioridad. [...] En general los países de América Latina o del tercer mundo, si se nos rompe un equipo, no solemos ser la prioridad para que venga el servicio técnico a repararlo. En esto también se manifiestan las desigualdades de cómo se organiza el poder de la cultura en el mundo”, explicó Wschebor.
A su juicio, esa situación afecta especialmente a países pequeños. “Siempre íbamos a estar a la cola de la espera”, sostuvo, al comparar la situación de Uruguay con la de países como México, Brasil o Argentina, que cuentan con industrias cinematográficas más grandes.
Ese diagnóstico impulsó la decisión de construir herramientas propias para digitalizar películas históricas. En los últimos diez años, el laboratorio ha recuperado más de 400 títulos de cine uruguayo. “Hay un montón de factores por los cuales la bandera de la independencia tecnológica es conceptual pero también real. [...] Aunque creyéramos en el capitalismo y sus monopolios, seríamos el último en esa cadena”, remarcó.
Creación uruguaya
Según explicó el estudiante en la fase de finalización de la Licenciatura en Comunicación Juan Monce a la diaria, el proyecto se diseñó y ensambló en Uruguay, aunque no todas las piezas pudieron conseguirse localmente. “Lo armamos todo en el laboratorio, la mayoría de las partes intentamos conseguirlas en Uruguay. Hay partes que eran imposibles de encontrar en el país [...] Pero el armado y el craneado fue acá”.
El diseño se inspira en experiencias desarrolladas en Europa. “Los antecedentes en realidad son del sueco Torulf Holmström”, explicó el estudiante. A partir de ese desarrollo original -y de otro proyecto realizado por Juan Remirez de Esparza que introdujo modificaciones-, el equipo comenzó a construir su propio escáner.
Sin embargo, adaptar esos modelos al contexto local implicó resolver varias limitaciones. “El proyecto estaba muy centrado en Suecia o en Europa en general. [...] Buscábamos las partes en Mercado Libre y en páginas de electrónica de Uruguay y no había”, relató Monce, quien se incorporó al proyecto en febrero del año pasado.
Aspectos técnicos
El investigador y docente Vázquez explicó que el proyecto también se apoya en la experiencia acumulada por el equipo en procesos de digitalización. “Tenemos años digitalizando. Al fin de cuentas esto es siempre lo mismo: son fotogramas que están en un soporte fotoquímico que nosotros tenemos que fotografiar y obtener la mayor cantidad de información posible sobre ellos”.
El proceso consiste en capturar cada fotograma individual y luego reconstruir el movimiento. “Cada una de esas fotos debemos ponerlas en su lugar, una detrás de otra a la velocidad que corresponda, en general 18 o 24 cuadros por segundo, y ahí se genera la idea de cine, de movimiento de la imagen”, dijo el informático, especialista en procesos masivos de digitalización y tratamiento digital de archivos históricos.
Un desafío: digitalizar formatos pequeños
Uno de los problemas que motivó el desarrollo del nuevo dispositivo fue la dificultad para trabajar con ciertos formatos cinematográficos. El escáner que utilizaba el laboratorio tenía limitaciones para digitalizar películas de pequeño formato, como Super 8 o 9,5 milímetros.
Para la investigadora, resolver este problema es especialmente relevante en Uruguay, donde gran parte de la producción audiovisual no se realizó dentro de una industria formal. “A diferencia de otros países donde la historia del cine también está muy atravesada por la historia de su industria, en Uruguay la historia del cine ha estado atravesada por la de la producción experimental, doméstica, familiar, militante”, señaló.
Eso implica que muchos registros históricos existen en formatos pequeños, que suelen quedar fuera de los circuitos tradicionales de preservación. “Contar con un dispositivo que permitiera escanear en alta definición pequeños formatos era un desafío del laboratorio”, remarcó.
Llevar la digitalización a las comunidades
Otra motivación del equipo fue la posibilidad de trabajar directamente con archivos ubicados fuera de Montevideo. El equipamiento utilizado hasta ahora pesaba alrededor de 500 kilos y resultaba prácticamente imposible de trasladar, lo que obligaba a que los materiales fueran llevados a la capital para ser digitalizados.
“Hay un gran debate en el mundo de hoy, que es por qué las comunidades que están fuera de la capital, fuera de los centros culturales, como puede ser Montevideo, tienen que traer sus memorias a este lugar para poder preservarlas y digitalizarlas”, planteó Wschebor.
El nuevo prototipo busca revertir esa lógica. El dispositivo pesa menos de cinco kilos y puede transportarse en una valija pequeña. El objetivo es que los equipos de investigación puedan desplazarse a distintas localidades para trabajar directamente con las comunidades. Según Wschebor, esto también implica cuestionar la idea de un “interior del país” homogéneo.
Democratizar el acceso a las herramientas
El proyecto también apunta a democratizar el acceso a las tecnologías de digitalización. “¿Por qué no apostar también a democratizar las estrategias de digitalización de la memoria audiovisual a través de dispositivos que permitan que los investigadores vayan con su mochila al archivo audiovisual y digitalicen sus propias películas?”, planteó Wschebor.
La investigadora comparó este proceso con lo ocurrido en el campo de la investigación histórica, donde hoy es habitual que los investigadores fotografíen documentos con sus teléfonos o cámaras digitales.
Financiamiento y proyectos en marcha
El desarrollo del dispositivo fue posible gracias a un proyecto de investigación aplicada financiado por el Fondo María Viñas de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). “Tenemos muchas ideas, muchas motivaciones y mucho compromiso, pero trabajamos en la órbita de una universidad pública, que tiene un presupuesto muy acotado”, señaló Wschebor.
El financiamiento permitió fabricar el dispositivo y ponerlo a prueba en distintos contextos. Uno de los primeros trabajos se realizó junto al Museo Histórico Regional de Cerro Largo, donde se inició la recuperación de archivos audiovisuales locales.
Además, el equipo viajó a Europa para rescatar el archivo de Alain Labruce, que contiene registros sobre Uruguay y otros procesos políticos latinoamericanos de los años 60 y 70. Actualmente, el equipo impulsa un nuevo proyecto junto con la Facultad de Humanidades para recorrer distintos departamentos.
La iniciativa se basa en una cartografía preliminar realizada durante la pandemia, cuando investigadores del equipo contactaron por correo electrónico a museos, centros culturales y cineclubes de todo el país para identificar materiales existentes.
El objetivo es retomar vínculos con instituciones que ya colaboraron en el pasado, como el Museo Histórico de Cerro Largo, el Museo de Artigas o el cineclub de Carmelo, y ampliar el trabajo a nuevos archivos.
Parte de los materiales recuperados se podrán consultar próximamente a través de un catálogo digital que estará disponible en el sitio web de la FIC. En algunos casos, por razones de derechos de autor, solo se ofrecerán fragmentos o avances. Muchos de los proyectos se desarrollan en colaboración con el Archivo de Sociedades en Movimiento, una iniciativa de la Universidad de la República dedicada a recuperar memorias de organizaciones sociales, comunidades afro, colectivos feministas y grupos LGTB.
Preservar el archivo sin intervenir la imagen
Uno de los aspectos centrales del trabajo del laboratorio es preservar la mayor cantidad posible de información original del material. En lugar de modificar la imagen para mejorar su apariencia, el equipo busca capturarla tal como se encuentra.
“Nosotros queremos obtener la mayor cantidad de información”, explicó Vázquez. Los investigadores señalaron que incluso los defectos visibles en las películas pueden ser valiosos para la investigación histórica, como pueden ser rayas, hongos y otros elementos de deterioro.
Inteligencia artificial
El trabajo del laboratorio también plantea debates más amplios sobre el uso de nuevas tecnologías en la preservación y recreación de imágenes históricas. Wschebor advirtió sobre el uso creciente de inteligencia artificial (IA) para animar fotografías de archivo. “Hay películas que usan imágenes fijas de archivo y las animan con IA a imágenes en movimiento… eso genera la impresión de la recreación de esa memoria audiovisual”, señaló.
Vázquez dijo que las imágenes que se están viendo hoy en día son muy diferentes a las del pasado. “Son películas recuperadas. Por un lado, puede estar bien, porque a las personas no les llama la atención, pero por otro lado tiene que haber una diferencia. [...] Por ejemplo, la IA reconstruye algo que nunca nadie vio. Lo estamos construyendo solo para nosotros”, añadió.
Para la investigadora, este fenómeno plantea preguntas éticas y metodológicas. “Yo no soy quien para censurar la creatividad de nadie [...] Pero ¿cómo establecemos los parámetros para que también en los créditos se especifique que eso no es un archivo recuperado, sino una recreación de una imagen fija?”, se preguntó. La experta dijo que estos debates son parte de la nueva licenciatura en Ingeniería de Medios que impulsa la FIC en coordinación con la Facultad de Ingeniería.
Más allá de esto, el objetivo del laboratorio es contribuir a la preservación del patrimonio audiovisual y facilitar su acceso para investigadores y creadores. Según Wschebor, el trabajo se orienta a mantener vivos los registros del pasado. En ese sentido, la preservación audiovisual no solo implica conservar materiales antiguos, sino también permitir que nuevas generaciones los reinterpreten. “Todo el universo creativo que puede surgir de esos archivos, para que la sociedad tome contacto con su cultura y con su pasado, es enorme”, concluyó.