Lucía Pittaluga es una economista especializada en innovación, transformación productiva y desarrollo. Es profesora e investigadora en la Universidad de la República (Udelar) y en la Universidad Tecnológica (UTEC). A lo largo de su trayectoria trabajó como asesora del Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM), del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y fue directora de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), además de subdirectora de Planificación en la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP). Desde esa mirada, hoy responde al Cuestionario Futuria.
Si hoy tuviera que explicarle al mundo en qué punto está Uruguay en materia de agregación de valor mediante conocimiento e innovación, ¿cómo lo definiría? ¿Qué indicadores describen la situación de Uruguay?
Yo reformularía la pregunta: ¿en qué punto está Uruguay para resolver sus problemas mediante conocimiento e innovación propia? Porque innovación, en realidad, es conocimiento también. Frente a esa pregunta, diría que estamos mucho mejor que antes. En 1996, el presidente de Uruguay de ese momento [Julio María Sanguinetti] estaba discutiendo si se traería o no a Montevideo el Institut Pasteur.
Había científicos uruguayos que estaban muy interesados en volver a su país, eran investigadores que hacían ciencia en Francia y en otros países. Pero ese presidente dijo que no iba a hacer esos trámites porque no consideraba que un país tan pequeño como Uruguay tenía que hacer ciencia propia. Consideró que teníamos ciencia en todo el mundo y que la podíamos traer para resolver nuestros problemas. El siguiente presidente, que fue del mismo partido [Jorge Batlle], vio completamente diferente este tema y dio todos los pasos necesarios para crear lo que es hoy el Institut Pasteur.
Por lo tanto, hoy estamos mucho mejor en ese sentido: ya no se cuestiona la necesidad de la ciencia. Ningún presidente, funcionario ni ciudadano en Uruguay diría que no la necesitamos. El problema es que no estamos tan bien porque aún hoy seguimos importando soluciones llave en mano. La mayoría sigue pensando que es mejor lo que viene del extranjero.
La pandemia es un antecedente muy bueno y muy próximo a nosotros: toda la sociedad uruguaya confió en el conocimiento que había dentro de Uruguay. Eso es una característica de soberanía nacional que a mí estratégicamente, cuando pienso qué desarrollo queremos, me importa mucho.
¿Qué debería modificar el sistema innovador para cambiar la matriz productiva?
La diversificación de la matriz productiva, que es algo que considero fundamental para el desarrollo de nuestro país, no es el único problema, es uno de los retos que tenemos. Es verdad que la matriz productiva no está diversificada, pero exportamos commodities de muy buena calidad porque la innovación que se hace en esas empresas es para mejorar la eficiencia. No obstante, no se generan nuevos productos, no hay una diversificación, dependemos de tres o cuatro rubros que son nuestra gran exportación y después el resto son pequeñas cosas; lo que pasa es que no podemos seguir así si pensamos en un desarrollo con bienestar social, exportando productos y servicios tan poco diversificados y con tan bajo valor en el producto.
Quiero destacar que me afilio a la visión de no hablar de ciencia, tecnología e innovación como un resultado, sino que la investigación y la innovación son actividades de proceso: investigamos e innovamos al mismo tiempo. Por tanto, no hay un sistema innovador, hay un sistema que está integrado con la investigación.
Celebro el impulso que el gobierno le está dando a este tema, pero no estoy de acuerdo con la institucionalidad que está creando, con una Secretaría Nacional de Ciencia y Valorización del Conocimiento. Cuando se pone este nombre, ya se está teniendo un enfoque vetusto de lo que es el sistema de investigación e innovación. Se cree que primero se genera el conocimiento y después se valoriza, cuando en realidad es un sistema que se retroalimenta.
En este tema no son las personas las que importan, son las instituciones. Las personas se van, ahora se llevan bien y trabajan juntas, pero después las instituciones quedan. Esa visión de la innovación, por un lado, y la ciencia o la valorización del conocimiento, por otro, genera la posibilidad de que en otro gobierno no exista coordinación. Por tanto, importa cómo se diseña la institución, lo que está escrito, lo que está explicitado, porque eso es lo que queda para el largo plazo. Tiene que haber plataformas de convivencia entre los actores que hacen investigación e innovación.
Yendo al tema de la estructura productiva, me parece que hay sectores maduros, desde el punto de vista innovador, y sectores dinámicos. Es importante que también exista interrelación entre ellos para enfrentar todas las transiciones que están pasando en el mundo, como la digital con la inteligencia artificial (IA), la ecológica.
¿Qué sectores poco conocidos por el público presentan mejor potencial?
Creo que en este tema está la economía digital, que es uno de los grandes complejos productivos de este eje innovador, de la que surgen todas las aplicaciones digitales en la agricultura, lo que se llaman las agtech, que son cada vez más y consisten en pequeñas empresas que dan servicios tecnológicos para resolver problemas de la agricultura.
Con respecto a las actividades productivas que son mucho más maduras, se encuentra la bioeconomía, además de la economía digital, y las empresas dedicadas a lo ecológico. También está la economía verde, la economía circular. En la UTEC hay muchos ejemplos de cómo producir bioplástico a partir de diferentes residuos, biomasas. Hay ejemplos, pero se necesita investigación y hay que transitar todas las etapas para que sea una innovación y después conformar una empresa.
Para que suceda la interacción entre el eje innovador y los complejos productivos más maduros, se necesitan políticas públicas que tengan mucha coherencia y que empujen de esa manera. En este punto Uruguay tiene un problema muy grande: tenemos diferentes ministerios y agencias en los que cada uno tiene sus propios objetivos, por lo que no hay una articulación.
En un momento, por ejemplo, tuvimos un gabinete de la innovación, donde desde Presidencia había una impronta muy fuerte para que se discutieran estos temas. Pero eso duró un gobierno y después desapareció. Eso es lo que le pasa a Uruguay: existe una inconsistencia donde se van cortando políticas.
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El corazón helado y la obra de Almudena Grandes
“Ambas nacimos y vivimos la infancia en la misma época en Madrid. Pero lo que me interesa y conmueve de sus novelas es la recuperación de la memoria colectiva que hacen, a través de las historias de gente común, de la España de la República, de la guerra civil y de la dictadura de Franco hasta nuestros días. La literatura es imprescindible para construir nuestra identidad como sociedad a través de la memoria histórica. Nuestro futuro depende de ello”, reflexionó Pittaluga.
¿Qué innovaciones educativas están funcionando y cuál es la mejor manera de escalarlas?
La verdad es que hay cosas muy interesantes en el país. Yo trabajo en la UTEC, y a mí me parece que esta institución es una innovación brutal a nivel educativo, en el sentido de que está generando carreras nuevas muy adaptadas a los cambios tecnológicos del futuro en los territorios. Además, me parece que la UTEC está muy consolidada.
No obstante, me parece que la UTEC tiene que dar otro salto, que no ha dado aún, para cumplir con todas las funciones de una universidad, que es también la investigación. Si bien la UTEC tiene investigación y hay una dirección que funciona bárbaro, es muy pequeña todavía.
Es importante generar entramados entre universidades públicas, tanto en la Universidad de la República como en la UTEC, en las universidades privadas, crear en el territorio infraestructura e ir hacia laboratorios compartidos. Yo no separo educación de innovación e investigación, para mí es un mismo sistema. Esto es lo que debe suceder en el territorio y es para mí la mejor forma de pensar en el futuro de Uruguay.
Lucía Pittaluga.
Foto: Inés Guimaraens
¿Qué trabajos corren el riesgo de desaparecer en Uruguay antes de que estemos listos para reestructurar la cadena de valor?
En este tema quisiera hablar sobre la IA y una visión que es diferente de la mirada predominante, porque en realidad no se sustituyen los trabajos, sino que se sustituyen las tareas. Hay una vertiente de pensamiento, que por suerte está ganando visibilidad, que muestra que no hay que pensar que las tendencias tecnológicas que está mostrando hoy la IA son inevitables.
El premio nobel de economía Daron Acemoğlu señala que es falsa la idea de que hay una única IA y que indefectiblemente tenemos que adaptarnos nosotros a ella porque si no, vamos a perder competitividad. Eso no es así; podemos cambiar esta tendencia promovida por las multinacionales, por las grandes empresas de la economía digital, que son las que están llevando a este reemplazo indefectible del humano por la tecnología.
Lo que dice Daron, y yo apoyo, es que, sin negar la utilidad de la IA, se puede pensar en una tecnología que no sustituya a los humanos. Eso es algo fundamental, porque en esa mirada la IA puede complementar, ayudar, mejorar y hacer más eficiente el trabajo que está haciendo una persona y no sustituirla. Eso dependerá obviamente de las políticas públicas para frenar esta tendencia de las grandes multinacionales digitales hacia la singularidad, que consiste en la sustitución del interés humano por el de la máquina.
Acemoğlu sostiene que esta mirada no implica oponerse a la IA, sino que reorientarla, utilizando políticas públicas, incentivos fiscales, financiando la investigación para fomentar el desarrollo de una IA complementaria a los humanos. En definitiva, lo que plantea es una humanización, otra visión en la que podemos tener otro tipo de sociedades. El segundo punto que señala es el fortalecimiento de las instituciones, revitalizar los sindicatos, actualizar las regulaciones y fortalecer la red de seguridad social para garantizar que los beneficios de la IA se compartan más ampliamente.
El tercer punto consiste en implementar impuestos sobre la automatización excesiva y regulaciones sólidas sobre la privacidad de los datos y el sesgo algorítmico para proteger a los ciudadanos y trabajadores.
El último punto es abogar por una conversación social y un nuevo conjunto de normas que prioricen la dignidad humana y la prosperidad compartida por encima de la pura eficiencia corporativa. Considero que es fundamental generar este sistema para producir un camino alternativo y ver que hay margen de acción. Eso no quiere decir que echemos a las multinacionales y que no tengamos centros de datos en Uruguay. No quiere decir que nos opongamos al cambio tecnológico; todo lo contrario, pero debemos pensar que hay varias posibilidades para orientar el futuro hacia un mayor bienestar social.
Cinemateca como ejemplo de “dinamismo renovador”
“Como montevideana me es vital la existencia y el dinamismo renovador de Cinemateca. Nos traen el mundo a la Ciudad Vieja. Es un goce ir al cine en sus divinas salas, a un precio asequible y en horarios amplísimos”.
¿Qué desigualdades estamos subestimando hoy y podrían convertirse en la principal fuente de conflicto o atraso en el futuro?
El género es un tema importante, es una desigualdad fundamental. Tenemos en STEM [ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por su sigla en inglés] muy pocas mujeres. Hay que hacer políticas para que esta situación cambie. Luego están los desafíos en el territorio, en la niñez; todos son temas urgentes que implican conflictos importantes. Además, creo que una fuente de conflicto que estamos subestimando son los temas referidos al impacto ambiental.
¿Qué políticas públicas vinculadas a tecnología deberíamos promover en forma urgente?
Para mí lo urgente es pensar medidas para la IA, así como impulsar un sistema de investigación e innovación. Pero, por supuesto, también es urgente la desigualdad.
¿Qué relatos sobre el futuro dominan hoy en Uruguay?
Qué pregunta difícil. Me parece que Uruguay no tiene suficiente visión de que el futuro se puede planificar. No estoy diciendo que el futuro se pueda prever, pero existe lo que se llaman estudios del futuro, herramientas prospectivas con las que se puede ver los diferentes escenarios. Pero hoy en día no hay una visión de futuro planificada. Ahora hay un plan de desarrollo y eso es planificación, pero es muy nuevo. Creo que los uruguayos improvisamos el futuro y, sin embargo, nos podría ir mucho mejor si pensáramos que se puede planificar.
¿Cuál es la imagen que Uruguay debe proyectar hacia afuera?
Qué difícil también. Nadie conoce a Uruguay. En el mundo nos conocen por el fútbol. Tenemos que proyectar una imagen de la región. Uruguay solo no tiene una proyección hacia afuera. Sí tiene una proyección como parte del Cono Sur.
Considero que la imagen de Uruguay hacia afuera debe ser regional. En ese sentido, creo que el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea supone una gran oportunidad para entrar en mercados donde son más exigentes en la producción sustentable, ya que puede implicar un impulso para el cambio tecnológico hacia lo ecológico.
Cuestionario Futuria: una propuesta para pensar el país que viene
Desde este fin de semana, la diaria suma un nuevo espacio orientado a debatir sobre el desarrollo del país y sus desafíos en materia de innovación.
Uruguay atraviesa una transición silenciosa pero decisiva: el pasaje desde una economía apoyada fundamentalmente en recursos naturales hacia otra en la que el conocimiento, la tecnología y la innovación definan la competitividad y habiliten una política industrial consensuada, basada en la “inteligencia colectiva”. El desafío es avanzar desde la exportación de materias primas hacia la generación de productos de mayor valor agregado.
Con el objetivo de aportar a ese debate, la diaria presenta el Cuestionario Futuria, una propuesta que busca trazar una cartografía plural y rigurosa sobre cómo el país vislumbra su desarrollo productivo en clave de innovación. La iniciativa se estructura en torno a diez preguntas que abordan, entre otros aspectos, en qué punto se encuentra Uruguay en materia de agregación de valor mediante conocimiento, qué cambios requiere el sistema para transformar la matriz productiva, cómo se articula la relación entre la academia y el sistema innovador, y qué rol cumple el interior del país en ese proceso. También indaga sobre oportunidades, desigualdades y obstáculos que inciden en la capacidad del país para proyectar su futuro.
Estos interrogantes serán trasladados a referentes de los campos más diversos del conocimiento, la política y la opinión pública, con el propósito de construir un archivo vivo de pensamiento estratégico nacional.
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