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Hacia el cambio de régimen

Pensar el dossier.

Convertir la política en motivo de apuesta, el auge de la inteligencia artificial, el tecnofascismo. Los asuntos tratados en el dossier de este número tienen profundas implicancias democráticas. ¿Hay un cambio de régimen que no se está produciendo con bombardeos ni secuestros de presidentes en la periferia del mundo? Esta posdata propone seguir pensándolo a través de tres libros, dos publicados en Francia y otro en el Río de la Plata.

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Ultrarreaccionarios

Acabar con la democracia

Algunos parecen estar algo mal de la cabeza, otros son bastante vivaces en la comunicación imaginativa, la mayoría mezcla de manera desconcertante anacronismos ideológicos y entusiasmo protech, pero todos conforman la constelación de la “neorreacción” estadounidense. Neorreacción que, dejando a un lado a los especialistas, no ha conquistado realmente a nadie en Europa, al menos no hasta que James David Vance, uno de sus representantes, se convirtió en vicepresidente y articuló algunas de sus ideas en su “discurso de Múnich” (14 de febrero de 2025). Los teóricos neorreaccionarios que retozan en internet desde comienzos del siglo sin duda ejercen cierta influencia, al margen de la ligera sensación de desconcierto que provocan.1

Son Curtis Yarvin, Nick Land o Zero HP Lovecraft, entre otros. Han llevado blogs bajo seudónimo, en los que escribían poemas, relatos de ciencia ficción, aforismos, sus análisis de la decadencia del mundo y sus propuestas de refundación. Son brillantes a veces, con frecuencia abstrusos, algo profetas, algo bromistas y muy fatuos. Citan a Joseph de Maistre, Oswald Spengler y Carl Schmitt, Matrix y Star Wars. Tienen sus diferencias, pero comparten un conjunto de creencias. Básicamente, les mueve una antropología pesimista (el ser humano no es bueno, las sociedades llevan la violencia en su seno), la certeza de que existen jerarquías naturales y de que la democracia es una impostura clave. Nada nuevo por ese lado; es el pensamiento ultrarreaccionario de siempre, versión desacomplejada. Lo más sorprendente es su fe en el poder de la tecnología, que inexorablemente conducirá al transhumanismo. La decadencia será burlada y el futuro, radiante; el ser humano será finalmente reinventado, lejos de las “masas democráticas transformadas en zombis” y del “futuro-inerte de Occidente”; eso si hemos de creer, según lo cita Arnaud Miranda, al sorprendente Nick Land, proveniente de la “izquierda de vanguardia”, ahora militante de la extrema derecha y creador de la expresión Ilustración Oscura. Mientras esperamos los días felices de la élite más o menos cíborg, por fin sola, por fin libre, celebremos la versión del libertarismo partidaria de un Estado mínimo, llamado a transformarse en mero propietario de una tierra que un monarca-CEO hará prosperar; y postulemos el derecho a “segregarse” si es necesario, a “crear nuevas comunidades políticas con sus propias reglas”... Peter Thiel, cofundador de PayPal y luego de Palantir Technologies, mentor y mecenas de Vance, libertarista y apoyo de primera hora de Donald Trump, fue invitado el 26 de enero a la Academia de Ciencias Morales y Políticas francesa a una charla a puerta cerrada con un grupo de trabajo que pretendía examinar el futuro de la democracia. Quizá entonces reiterase una de sus famosas declaraciones: “Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”. Seamos francos, ¡viva la oligarquía!

Para Geoffroy de Lagasnerie, la democracia representativa liberal también “es un problema”,2 ya que posee intrínsecamente “una dimensión sádica” y mortífera. ¿Por qué la mayoría debería imponerse a la minoría? Por otro lado, ¿qué motiva sus decisiones? El autor defiende la “epistocracia”, tan apreciada por uno de sus mentores intelectuales, el libertarista Jason Brennan: que el poder se reserve a los ilustrados, a la aristocracia del conocimiento. El pueblo es ignorante y reaccionario, es esclavo de las bajas pasiones, precisamente las que la democracia fomenta. Los eruditos e intelectuales pueden, siguiendo el ejemplo de las convenciones ciudadanas, guiarlos hacia las decisiones correctas, las que están del lado de “la protección de las fuerzas de la vida”. La élite es buena y justa. Platón ya lo decía. Y, en su defecto, vía libre al libertarista derecho de secesión. Aunque el libro de Miranda propone prohibir la extrema derecha, sería precipitado calificarlo de progresista.

Evelyne Pieiller. Traducción: Le Monde diplomatique, edición España.


En el desierto

Especie vacía

Hay un momento en el libro de Eric Sadin El desierto de nosotros mismos, subtitulado “El giro intelectual y creativo de la inteligencia artificial”,3 en que aparece un filósofo fantasma. Se llama Jian-wei Xun, de Hong Kong, tiene una agudeza sin parangón, y no existe. Fue fabricado por dos italianos que le pidieron a ChatGPT que les escupiera conceptos. El libro circuló, los periodistas corrieron a entrevistarlo, las revistas filosóficas lo declararon “acontecimiento”. Solo cuando el engaño se reveló, quedó expuesta la magnitud del problema que Sadin lleva años nombrando: no es que las máquinas nos estén reemplazando; les estamos cediendo el lugar. Y con entusiasmo.

El desierto de nosotros mismos es el libro más urgente y más perturbador de su obra, y también el más político. Parte de una fecha precisa como punto de inflexión: el lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022. Allí, dice Sadin, se franqueó un umbral. No fue la automatización del trabajo físico, ni siquiera del trabajo cognitivo de baja escala. Fue el giro intelectual y creativo: el momento en que la tecnología comenzó a producir lenguaje; a interpretar el mundo y devolvérselo a sus usuarios en forma de enunciados que suenan a verdad. Lo que sigue en el libro es un diagnóstico sostenido y feroz. Sadin no es un ludita: sabe que la historia de la técnica es la historia de las prótesis humanas, de las extensiones del cuerpo y la mente. Pero lo que describe es cualitativamente distinto. La IA generativa no extiende nuestra capacidad: la sustituye y, al hacerlo, la atrofia. Producir lenguaje, ejercer el juicio, crear se vuelven operaciones delegables. Y cuando una facultad deja de ejercerse, muere de desuso. No metafóricamente. Clínicamente.

El argumento de fondo no es el apocalipsis de ciencia ficción, la sublevación de las máquinas, Terminator. Es la instauración paulatina de lo que llama PODER TOTAL: una instancia cognitiva y ordenadora que, a diferencia de todos los poderes que la humanidad conoció –el panóptico de Bentham, la gubernamentalidad foucaultiana, los totalitarismos del siglo XX–, no necesita coerción porque ya fuimos nosotros quienes la construimos, la invitamos y la interiorizamos.

Sadin rastrea en los pioneros de la cibernética, ingenieros de Silicon Valley, los fundadores del tecnoliberalismo, una visión de lo humano que es, en el fondo, desdén por lo humano. Señala quién tiene el poder, qué visión de mundo instala, qué silencia. La IA generativa no es un proyecto democráticamente deliberado, sino la visión de un puñado de ingenieros, en general incultos según sus propias palabras, movidos por la acumulación y la expansión. El seudolenguaje que producen –estandarizado, estadístico– es la lengua del mayor conformismo posible. Pero se presenta como herramienta de pensamiento, de creatividad, de emancipación. El escándalo Jianwei Xun es una parábola perfecta: la esfera intelectual aplaudiendo su propia vaciedad disfrazada de concepto.

Nos quedan pocos años para actuar. Lo que falta, insiste, es una movilización colectiva. Una defensa intransigente de la palabra, el juicio, como facultades irreductibles no delegables. El desierto del título no es una metáfora ornamental. Es lo que queda cuando una especie decide vaciarse de sí misma. Sadin lo describe con la frialdad de quien sabe que lo que anuncia ya está pasando, que el desierto no viene: llegó y lo llamamos progreso.

Lala Toutonian.


  1. Arnaud Miranda, Les Lumières sombres. Comprendre la pensée néoréactionnaire, Gallimard, París, 2026. 

  2. Geoffroy de Lagasnerie, L’Âme noire de la démocratie. Manifeste pour un autre idéal politique, Flammarion, París, 2026. 

  3. Caja Negra, Buenos Aires, marzo de 2026.