Casinos online disfrazados de instrumentos de inversión donde se puede apostar por todo y por cualquier cosa: ¿quién ganará tal o cual competencia deportiva? ¿Quién será dama de honor en el casamiento de Taylor Swift? Los mercados predictivos se dispararon en los últimos dos años. Según TRM Labs, especialista en el análisis de criptoactivos, el volumen mensual de transacciones pasó de 1.200 millones de dólares a principios de 2025 a más de 20.000 millones en enero. El valor acumulado de las dos principales plataformas, Polymarket y Kalshi, supera los 30.000 millones de dólares, lo que propulsó a sus jóvenes fundadores al club de los multimillonarios.1
Son muchos los que descubrieron la existencia de estas extrañas criaturas híbridas –entre los mercados de futuros y las máquinas tragamonedas– a raíz de algunos escándalos mediáticos recientes. A principios de enero, una cuenta de Polymarket, creada con toda evidencia una semana antes de la acción estadounidense contra Caracas, obtuvo 400.000 dólares de ganancias al apostar 33.000 dólares por que el presidente venezolano Nicolás Maduro sería destituido. Otras dos cuentas obtuvieron una ganancia acumulada de 230.000 dólares,2 sin que el Congreso hubiera sido siquiera informado de la operación. Es difícil creer que estas cuentas no están vinculadas con miembros ubicados en un lugar muy alto dentro de la administración estadounidense.
Y después está el caso de Irán. En diciembre de 2025, Polymarket comenzó a aceptar apuestas sobre un posible ataque estadounidense por un importe total de 529 millones de dólares;3 en Kalshi, se apostaron 54 millones de dólares por el desplazamiento del ayatolá Ali Jamenei, asesinado el 28 de febrero en un ataque israelí-estadounidense.4
El New York Times reveló que, 24 horas antes del inicio de los ataques, se realizaron más de 300 apuestas de al menos 1.000 dólares en estos mercados, y entre ellas, 16 cuentas llegaron incluso a apostar más de 100.000 dólares cada una.5 Un usuario ganó cerca de medio millón gracias a una apuesta de 60.000 dólares. Otro, con el seudónimo de “Magamyman”, se embolsó más de 553.000 dólares.6 Según la CNN, una cuenta de Polymarket se adjudicó cerca de un millón de dólares en los últimos años al realizar una serie de apuestas ganadoras sobre ataques israelíes y estadounidenses en Irán.7 Demasiada suerte para ser algo honesto. Incómoda ante la situación, Kalshi afirma que no permite apuestas sobre la muerte. Lo que es más, la plataforma despertó la ira de los apostadores que habían acertado al anular todas las apuestas sobre la muerte de Jamenei y reembolsar las cantidades invertidas.
Por su parte, Polymarket defiende sus mercados relacionados con la guerra como una fuente de información “preciosa”. En un comunicado de prensa surrealista, la empresa alaba la “sabiduría de las masas” y pretende que “después de intercambiar opiniones con las personas directamente afectadas por los ataques, que se planteaban decenas de preguntas, la empresa constató que los mercados predictivos podían aportarles respuestas que no podrían encontrar ni en los noticieros de televisión ni en la red X”.8 Por más inverosímil que resulte esta afirmación, demuestra que, más allá de las sumas de dinero, no menores, los mercados predictivos son un asunto ideológico. “Kalshi sustituye el debate, la subjetividad y la discusión por los mercados, la exactitud y la verdad”, explica el cofundador y presidente de la empresa, Tarek Mansour, en una de esas declaraciones encendidas a las que es afecto el mundo tecnológico.9 Como si las apuestas realizadas por los adeptos a los criptoactivos fueran otra cosa que subjetivas. “Inventamos una nueva relación con la información. A partir de ahora, cuando se emita una opinión sobre el futuro, será difícil no pensar en Kalshi”. He aquí una buena síntesis del problema: las ambiciones de Mansour y de los principales apóstoles de los mercados predictivos van mucho más allá de la guerra y de Taylor Swift. Se trata, sostiene Mansour, “de financierizarlo todo y de transformar cualquier divergencia de opinión en un activo intercambiable”.10
El padrino intelectual de estos mercados, Robin Hanson, enseña Economía en la Universidad George-Mason (Virginia). Su sueño sería que sustituyeran la democracia y la maquinaria estatal. En 1988, cuando era investigador en Lockheed, tuvo una idea: crear mercados que abrevaran en el sentido común colectivo para responder, bajo demanda, todas las preguntas que las personas se plantean.11 Su proyecto partía de una de las tesis fundamentales del economista libertario Friedrich Hayek: en los mercados libres, los precios concentran la información dispersa mejor que la planificación centralizada. Hanson lo probó primero a pequeña escala, creando, en 1990, el primer mercado predictivo dentro de una startup llamada Xanadu.12 Hizo más precisa su teoría en una tesis doctoral defendida en el California Institute of Technology, en 1997. Está convencido de que la historia le dará la razón. En cierto modo, ya es así.
Kalshi fue fundada en 2018 por dos personas que habían estudiado en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y que eran exempleados de la empresa gestora de activos Citadel. En árabe, la palabra kalshi significa “todo”, nada más y nada menos. Alrededor de dos años más tarde, inspirándose principalmente en los trabajos de Hanson, Shayne Coplan, un joven de 21 años que acababa de abandonar sus estudios, creó Polymarket en un baño que usaba como oficina. Kalshi obtuvo el estatuto de mercado reglamentado en noviembre de 2020. La plataforma se lanzó al público al año siguiente. Polymarket arrancó más o menos por la misma época, pero sin autorización. Condenado por el regulador estadounidense, el “niño terrible” de los mercados predictivos tuvo que pagar una multa de 1,4 millones de dólares en enero de 2022.13
Apostar y vivir
Fue entonces cuando empezó la fiebre del oro. Robinhood, una aplicación de juegos muy popular entre los pequeños inversores bursátiles durante la pandemia, se lanzó a los mercados predictivos en 2025. Los gigantes de las apuestas deportivas FanDuel, DraftKings y Fanatics siguieron su ejemplo. Esto les permitió esquivar la prohibición de las apuestas deportivas que todavía regía en algunos estados de Estados Unidos, y no en los más chicos: los enormes mercados de Texas y California finalmente se abrieron.
Los titanes de los mercados predictivos odian que su negocio sea comparado con los juegos de azar. Porque, entonces, “habría que decir que todos los mercados financieros son juegos de azar”, se exalta Mansour.14 ¿Y por qué no? En cualquier caso, cuando se trata de succionar dinero, se revelan tan eficaces como los casinos. Un informe reciente del banco Citizens muestra que, proporcionalmente, los traders de estos mercados pierden más durante sus primeros meses de actividad que los usuarios de sitios de apuestas deportivas: para el 25 por ciento, la pérdida es de alrededor de 28 centavos por dólar invertido (estudio citado por Bloomberg, 4 de febrero).
Sin embargo, existe una diferencia sustancial entre las apuestas deportivas y los mercados predictivos: como sus nombres lo indican, las primeras colonizaron exclusivamente un ámbito, el del deporte. Si los segundos se interesan, en lo principal, en el deporte, aspiran a expandirse a todo tipo de informaciones, y no solo bajo la forma de publicidades intrusivas. CNN, NBC, Dow Jones y Yahoo Finance firmaron contratos con estas plataformas para integrar en tiempo real, en sus noticias, apuestas provenientes de los mercados predictivos. Durante la última ceremonia de los Globos de Oro, los espectadores pudieron seguir en directo la evolución de las apuestas hechas en Polymarket. Sin embargo, la especulación frenética no se corresponde con ninguna definición conocida de información.
Como reconoció con admirable honestidad el gerente general de Kalshi, se trata de transformar cualquier divergencia de opinión en un título negociable. De especular sobre lo que va a pasar en el deporte, pero también en la política, la economía, la vida de las estrellas, la ciencia y la cultura –en definitiva, en todos los campos en los que una pregunta sea capaz de tener una respuesta clara–. En este mundo, uno podrá apostar cada vez que consulte el celular o lea un artículo periodístico. Las apuestas serán como el aire que uno respira, estarán integradas a la sustancia misma de las cosas...
Natasha Dow Schüll, antropóloga en la New York University, estudió cuáles son las consecuencias de semejante entorno sobre los comportamientos individuales. Las aplicaciones de apuestas deportivas están diseñadas para mantener a sus usuarios constantemente en vilo, al acecho de la próxima apuesta; los mercados predictivos amplían este estado de vigilancia a la realidad entera. Así, uno estará pendiente, de forma constante y en cualquier circunstancia, de los activos negociables. “Esto crea una vigilancia degradada –nos explica–, un escaneo compulsivo de la actualidad que nunca se interrumpe”, incluso si uno deja el celular al costado. Uno no mira los noticieros televisivos: uno está rastreando oportunidades. Uno no está escuchando un discurso: evalúa su precio. Cuando todo puede convertirse en un valor intercambiable, observa Schüll, la relación con el mundo se transforma. “Uno deja de ser un ciudadano o un votante que escucha un discurso, o un amateur del deporte que sigue un partido, para convertirse en trader”.
El gobierno del futuro
Esto nos lleva de nuevo a Hanson y a su ambición de convertir los mercados predictivos en el basamento de un nuevo modo de gobierno. Fue perfeccionando esta idea, a la que le dio el vistoso nombre de “futarquía” (gobierno a través del futuro), desde que redactó un artículo publicado en el año 200015 titulado “¿Tenemos que votar en nombre de los valores pero apostar en nombre de las creencias?”. Según su fina descripción de la democracia, los votantes se pronuncian con el objetivo de determinar los resultados que esperan del gobierno en los planos social y económico. Si los mercados predictivos determinaran las políticas más capaces de producir esos resultados, el legislador se vería obligado a implementarlas. En otras palabras, los mercados no solo predecirán los resultados, sino que dirigirán a los burócratas del país. Como nos explica Hanson, “sería fantástico que los mercados pudieran asesorar directamente [a los políticos] sobre las decisiones que deben tomar. La mayor parte de las organizaciones toman decisiones importantes. Los individuos también. Lo que está en juego es de un enorme valor”.
Este sistema parece otorgar el poder político efectivo a cualquiera que disponga de suficiente dinero como para orientar los mercados en el sentido que le resulte ventajoso. Ante esta objeción, Hanson responde al instante: es cierto que los muy ricos podrían intentar manipular un mercado apostando fuerte por su medida política predilecta. Pero otros traders, al detectar un error en el precio, se unirían entonces para apostar en su contra. Así, gracias a la magia de la competencia de mercado, la distorsión quedaría corregida. Imparable.
En 2013, en una versión revisada de su artículo antes mencionado, Hanson tomaba el ejemplo de Bill Gates: a pesar de su inmensa fortuna, este lobo solitario era incapaz de orientar un mercado predictivo en contra de la sabiduría de las masas.16 En aquella época prehistórica, el patrimonio de Gates era de apenas 70.000 millones de dólares. Hoy en día, el hombre más rico del mundo, Elon Musk, “pesa” más de un billón, lo que equivale a casi una cuarta parte de la riqueza total que posee el 50 por ciento menos rico de la población estadounidense. Las relaciones de fuerza cambiaron, pero la opinión de Hanson sigue siendo la misma.
“En lo personal, no me molesta que la gente disfrute con las apuestas deportivas –agrega–. No es lo mío. Pero parecen divertirse”. Por lo demás, ¿no estamos dejando ahora que las personas jueguen imprudentemente con su existencia? “Permitimos que los jóvenes elijan a las personas con las que salen, incluso dejamos que intenten convertirse en actores o músicos. Son apuestas muy arriesgadas. La pregunta, entonces, es la siguiente: ¿qué otros riesgos divertidos queremos permitir que la gente asuma?”. Quizás debamos dejarles la libertad de elegir a la persona o la profesión que les convenga, claro… pero ¿por qué no impedirles que pierdan su vivienda por una apuesta errada sobre las damas de honor de Taylor Swift?
La “futarquía” y las obsesiones de un economista disparatado tendrían gracia si los mercados predictivos no constituyeran un sector en pleno crecimiento, ya valuado en varias decenas de miles de millones de dólares. Prueba de que muchos se toman sus ideas muy en serio.
En el Manifiesto del Partido Comunista, Karl Marx y Friedrich Engels afirmaban que el auge de la clase capitalista “no permitió que sobreviviera entre los hombres más que el interés a secas, el brutal ‘pago al contado’”. Desde entonces, “ahogó” hasta el más ínfimo aspecto de nuestra existencia “en las aguas heladas del cálculo egoísta”. Los seguidores fieles de los mercados predictivos se tiran a estas aguas alegremente. Lo único que todavía no se había financierizado –el pensamiento humano, el acto de sostener una opinión, la experiencia del desacuerdo– es ahora un activo negociable dotado de un precio fluctuante. Toda creencia se disuelve en un contrato. Todo lo que es sólido se convierte en Kalshi.
En realidad, el futuro no está del todo definido. Cuanto más se desarrollan las apuestas deportivas online, menos defensores encuentran. En el verano de 2025, el 43 por ciento de los estadounidenses las consideraba socialmente nefastas, contra el 34 por ciento en 2022.17 Sobre todo, esta opinión era compartida por el 47 por ciento de los hombres menores de 30 años, frente al 22 por ciento en 2022. El sector de la población al que estas empresas se dirigen de forma más agresiva, el que más pagó sus consecuencias, empezó a volverse contra sus explotadores.18
Efecto rebote
Además, como la mayoría de la gente descubre estos mercados a través de la cobertura mediática de sus especulaciones sobre la guerra y la muerte, la situación podría dar un giro todavía más rápido. Si esta tendencia continúa, debería ser posible frenar su ímpetu, o incluso detenerlo, antes de que alcance la magnitud de las apuestas deportivas –y la ubicuidad cultural y política con la que sueñan Hanson y otros ideólogos–. Los primeros sondeos son alentadores: una encuesta de Ipsos realizada este año para el Instituto Estadounidense para Niños y Hombres (AIBM, por su sigla en inglés) muestra que, para el 61 por ciento de los estadounidenses, los mercados predictivos se relacionan más con los juegos de azar que con la inversión.19 A pesar de la propaganda de los profesionales del sector, solo el ocho por ciento de los encuestados considera que se trata de canales de inversión. Y apenas el ocho por ciento los considera socialmente benéficos.
Hasta Hanson ve cómo se acerca la tormenta: “Existe el riesgo de un efecto rebote –nos dice–. En ese caso, mi visión tardará más en hacerse realidad. Pero tengo la esperanza de que ese efecto rebote no se produzca de inmediato”.
Anotemos las apuestas.
David Futrelle, escritor. Una versión de este texto se publicó en The Nation. Traducción del inglés: Nicolas Vieillescazes. Traducción del francés: Merlina Massip.
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Carlos Garcia, “Kalshi locks in $22 billion valuation, gaining slight edge over its rival Polymarket”, fortune.com, 20-3-2026. ↩
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Lookonchain, x.com, 4-1-2026; ver también Anirban Sen, “Mystery trader garners $400,000-plus windfall on Maduro’s capture”, Reuters, 6-1-2026. ↩
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“Les États-Unis frappent l’Iran par...?”, polymarket.com. ↩
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“Ali Khamenei out as Supreme Leader?”, kalshi.com. ↩
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Amy Fan, “How anonymous bettors cashed in on the Iran strike, just hours before it happened”, The Upshot, nytimes.com, 3-3-2026. ↩
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Magamyman, polymarket.com. ↩
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Marshall Cohen, “Exclusive: Trader made nearly $1 million on Polymarket with remarkably accurate Iran bets”, cnn.com, 24-3-2026. ↩
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Citado por Aisha Down, “’Abhorrent’: the inside story of the Polymarket gamblers betting millions on war”, The Guardian, Londres, 11-4-2026. ↩
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“Kalshi reaches $11 billion valuation as app takes over America”, news.kalshi.com, 2-12-2025. ↩
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“Kalshi founders Tarek Mansour & Luana Lopes Lara on turning events into assets”, citadelsecurities.com, 14-11-2025. ↩
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Robin Hanson, “Ideas futures”, George Mason University. ↩
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Robin Hanson, “A 1990 corporate prediction Market”, overcomingbias.com, 23-11-2006. ↩
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“CFTC orders event-based binary options markets operator to pay $1.4 million penalty”, Commodity Futures Trading Commission (CFTC), 3-1-2022. ↩
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Nathan Bomey, “Sports event contracts are not gambling, Kalshi CEO says”, axios.com, 17-4-2025. ↩
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Robin Hanson, “Shall we vote on values, but bet on beliefs?”, mason.gmu.edu, julio de 2000. ↩
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Robin Hanson, “Shall we vote on values, but bet on beliefs?”, The Journal of Political Philosophy, Vol. 21, N° 2, Hoboken (Nueva Jersey), junio de 2013. ↩
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John Gramlich, “Americans increasingly see legal sports betting as a bad thing for society and sports”, pewresearch.org, 2-10-2025. ↩
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Isaac Rose-Berman, “The rise of sports betting is a growing public health crisis”, statnews.com, 11-11-2025. ↩
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Jonathan D. Cohen, “Most Americans see prediction markets as more like gambling than investing, new AIBM/Ipsos poll finds”, aibm.org, 17-3-2026. ↩
