Nacido en Francia, apasionado por la historia latinoamericana -la web dice que vivió en Uruguay, entre otros países de la región-, Patrick Deville se nombró el año pasado gracias a su novela Viva, una ficción sobre Trotsky, Frida Kahlo y Diego Rivera en México. Tal vez por eso, ahora viene una obra anterior, de 2004, Pura vida (Anagrama, $ 650), que narra episodios de la vida de William Walker, un mercenario estadounidense que, en sus incursiones por Centroamérica y tras haber intentado conquistar parte de México, llegó a autoproclamarse, mediante engaños y armas, presidente de Nicaragua en 1856. Su aventura logró unir a los países vecinos para expulsarlo –entre ellos, a Costa Rica, de donde viene la frase que da título al libro, y Honduras, donde finalmente le dieron muerte–. Ya el cineasta Alex Cox había cubierto este episodio en Walker (1987), película en la que Ed Harris encarnó al filibustero y Joe Strummer hizo la banda de sonido (y además actuó un poquito). Cox filmó en medio de la guerra que los contras levantaron contra el gobierno sandinista, y posiblemente Deville, amigo de revolucionarios insignes como Sergio Ramírez y Ernesto Cardenal, haya tenido referencias de aquel mítico rodaje.
Grande en Nicaragua
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