El jueves falleció en París Marjane Satrapi, autora de la historieta (término que prefería al de “novela gráfica”) Persépolis y de un buen número de trabajos dedicados a la historia de su Irán natal y a la condición de la mujer. Dibujante, guionista, actriz y cineasta, es conocida también como directora de la película Radioactive, sobre la vida de Marie Curie, y es una de las voces más conocidas del feminismo contemporáneo en el mundo islámico. Sus familiares expresaron en un comunicado que murió de tristeza a pocos meses de la muerte de su marido, el actor y productor sueco Mattias Ripa.
En medio de la actual guerra contra Irán y de los múltiples conflictos que se viven en Medio Oriente, vale la pena repasar su obra, de carácter autoficcional. Satrapi abre una ventana a las realidades lejanas y poco conocidas de la revolución islámica de Irán. De familia aristocrática, pero con convicciones izquierdistas, nació en el período de la monarquía del sah de Persia y fue testigo siendo niña de la revolución de 1979 que dio origen al actual sistema de gobierno teocrático. Su familia, políticamente comprometida, participó en la lucha por el derrocamiento del sah, pero se opuso al mismo tiempo al ascenso de Jomeini, que retornó de su exilio en Francia para tomar el poder.
Persépolis muestra la perspectiva que esta niña, nacida en una familia de izquierda, tiene de los momentos históricos que le tocó vivir. Desde la caída del sah, pasando por el ascenso de la revolución islámica y la posterior guerra entre Irán e Irak, que se extendió desde 1980 hasta 1988. En la historieta se ve el contraste entre la vida privada de su familia, de carácter secular, y su lucha con la obligación de cumplir con los códigos de vestimenta impuestos por la revolución islámica. La niña rebelde tiene enfrentamientos con la Policía cuando busca en el mercado negro cintas pirateadas de Iron Maiden o se pinta en la túnica la frase “Punk is not ded” (sic).
Drama cercano
En lo personal, me resultó particularmente conmovedora la escena de Persépolis en la que va a visitar en la cárcel a su tío Anoosh, militante comunista. Anoosh se encontraba exiliado en la Unión Soviética durante la monarquía del sah, y vio en el levantamiento popular que lo derrocó una oportunidad para imprimir al movimiento revolucionario un carácter socialista. La tentativa fracasó, como sabemos, y a poco de su retorno fue detenido y condenado a muerte. Anoosh había establecido con Marji (nombre del personaje en la historieta) una relación especial: era para él la hija que no había tenido. Es un tema recurrente en la obra la situación de clandestinidad y las condenas a muerte de la oposición comunista en Irán.
En la víspera de su ejecución, a Anoosh se le permite una última visita, y pide ver a Marji. Yo, que viví una experiencia similar cuando me tocó ver a un tío que estaba en la cárcel en el último año de la dictadura a pocos días de su muerte (yo tenía 7 años), pensé al ver esa escena que estas realidades distantes tal vez no lo sean tanto, y que el drama de la violencia política y el trauma social tiene elementos comunes, por diferentes que sean los contextos.
La historia continúa con la decisión de enviar a Marji, ya adolescente en 1983, a estudiar a Viena, donde la familia tenía amigos entre la comunidad de exiliados iraníes. Sin embargo, en Europa descubre que no hay paraíso en la Tierra y que el mundo occidental y capitalista no es un lecho de rosas. La tentativa fracasa y la protagonista acaba viviendo en la calle, con problemas de adicción y llega al borde de la muerte por bronquitis.
Ante el fracaso, retorna a Teherán, donde todavía vivían sus padres, y se casa con un veterano de la guerra entre Irak e Irán, para divorciarse al poco tiempo. Sin lograr adaptarse, retorna a Europa, esta vez a Estrasburgo, en Francia, para ya no volver a su país.
La historieta fue llevada al cine, y ambos formatos recibieron una excelente acogida de parte del público. No solo es una ventana a la realidad cotidiana de la sociedad iraní, sino también una reflexión profunda sobre la condición de la mujer en el mundo musulmán. Su relato permite derribar mitos y estereotipos, y conocer de cerca las tensiones sociales que atraviesan a Irán hasta hoy.
Aparte de Persépolis, su obra más celebrada, Marjane Satrapi retornó a su historia familiar en otra historieta, también llevada al cine, titulada Pollo con ciruelas, sobre un pariente lejano ejecutante de tar, laúd tradicional de Irán. La historia versa sobre la decisión del protagonista de suicidarse, luego de que su esposa le rompe el instrumento, y es nuevamente ocasión para reflexionar sobre la sociedad iraní.
En sus últimos años Satrapi se dedicó a apoyar y difundir el movimiento social generado en Irán a partir del asesinato en la cárcel de Mahsa Amini, una joven mujer kurda, por no llevar adecuadamente el velo. El episodio causó una enorme conmoción social y un levantamiento generalizado como no se había visto desde la caída del sah. Su último proyecto fue un trabajo colectivo, Femme, vie, liberté, en el que vuelve a la historieta para centrarse en el movimiento social iraní a raíz de este hecho, cuya dinámica se vio cortada por la reciente intervención militar de Israel y de Estados Unidos.
Marjane Satrapi fue una opositora al gobierno de su país, pero comprendía muy bien que la liberación de su pueblo solo podía ser obra del pueblo mismo; que ni el pueblo de Irán ni mucho menos sus mujeres serían liberados ni por las bombas, ni por ataques imperialistas, que también son objeto de denuncia en su obra.
