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Foto: Fernanda Montoro

Duelo y escritura: los nuevos cuentos de Fernanda Trías

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Miembro fantasma reúne diez relatos de la autora uruguaya, que viene de ganar el premio Sor Juana por segunda vez.

Definitivamente inserta en el circuito de autoras latinoamericanas que están renovando la narrativa global tras la consagración internacional de su novela El monte de las furias, Fernanda Trías regresa, vía una editorial española, al formato cuento con una serie de historias ligadas por los efectos de la ausencia.

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Con Miembro fantasma, Fernanda Trías vuelve al relato breve tras casi diez años desde su anterior libro de cuentos, No soñarás flores (2017), y lo hace bajo el cuidado de la editorial española Páginas de Espuma. Residente en Colombia, donde da clases de escritura creativa en el Instituto Caro y Cuervo, la escritora uruguaya viene de ganar por segunda vez el premio Sor Juana Inés de la Cruz, esta vez por su novela El monte de las furias (2025). Ya lo había obtenido en 2021 con la novela Mugre rosa, que también había recibido el Bartolomé Hidalgo y el Premio Nacional de Literatura en 2010.

De extensión y desarrollo variable, los diez relatos que incluye el nuevo libro parecieran estar unidos por la metáfora que encierra el título. El síndrome del miembro fantasma es utilizado en medicina para referir a la percepción de sensaciones, a menudo dolorosas, en una extremidad que ha sido amputada. El miembro fantasma como aquello que, aunque no tenga una presencia física, sigue doliendo; la latencia de ese dolor podría tratarse, en estas historias, de un duelo, la pérdida de un amor, de una amiga, o la cicatriz de un abuso o una historia no cerrada que se quiere recuperar. Pero estos relatos también nos muestran la posibilidad de volver ese dolor literatura, historia contada y en ese acto pareciera encontrarse cierta luminosidad.

“Ciclón”, uno de los relatos más extensos y quizás el mejor de todo el conjunto, rememora una amistad de la infancia, un relato de iniciación sexual homoerótico en la adolescencia temprana. Una llamada inesperada y la posibilidad de un reencuentro activa la memoria de la protagonista sobre su pasado, pero también deja entrever sus mecanismos de olvido y la tergiversación de sus propios sentimientos. La historia está atravesada por la ficción, y vemos en primer plano la potencia de la escritura para apropiarse del pasado, retenerlo o incluso transformarlo.

La reflexión sobre el quehacer literario, las posibilidades de escribir, ya habían aparecido en anteriores obras de Trías, pero en esta cobra mayor relevancia, porque no solo se trata de escribir, sino también de hacerlo desde un género: ser escritora mujer. El miembro ausente también podría verse, en ese sentido, bajo una lectura psicoanalítica de género, la ausencia del falo, eso que las mujeres no tienen, que hay que restituir a fuerza de qué.

Ser escritor o escritora: acaso es lo mismo, pareciera que no, o queda en el entredicho de cuentos como “Personaje en construcción”. Un narrador en tercera persona sigue la vida de un escritor que quiere escribir sobre otro escritor. El relato se vuelve un círculo que gira sobre sí mismo una y otra vez. La imposibilidad de salirse del yo y detenerse en otro, el ensimismamiento de la profesión (“los escritores: hombres cuya máxima preocupación era crear una obra de valor literario”), pero a medida que avanza el relato el escritor deviene escritora, y todo se restablece en una nueva clave de valoraciones.

Silencio, forma y fondo

“Siempre he trabajado con el peso de lo no dicho”, esbozó Trías en una entrevista para este medio. Hay algo de eso que no se menciona, que tiene que ver con los silencios de un texto, que está muy presente en estos cuentos. La doble historia, la que enuncian los personajes narradores y la que aparece entrelíneas, que apenas se percibe, se materializa gracias a la forma “cuento”, que posibilita varias lecturas, deja silencios abiertos y tiene una cara visible y otra entredicha.

Ahí es donde aparece la frustración, el fracaso amoroso o profesional, donde el sentido de la vida se cuestiona. “Cuál es tu fondo”, pregunta uno de los personajes de “El orador” al momento de tratar con la desintoxicación o la abstinencia de una adicción. En otro relato, un abuso que todavía duele en el cuerpo queda condensado en la pregunta de otro personaje: “¿Vos qué estabas haciendo cuando cayeron las Torres Gemelas?”.

En el cuento titulado como el volumen, aparece un narrador en primera persona que se encuentra con un compatriota en un lugar lejano, lo invita varias copas, y le habla de su historia, de su infancia en la dictadura uruguaya, de su barrio, de los silencios, de vecinos ausentes, perdidos, de un culpable o responsable, de rencor y dolor pasado. Así, un encuentro en apariencia casual termina siendo la posibilidad de saldar una deuda con la historia, con la memoria. El pasado reciente sigue doliendo cual si fuera un miembro fantasma; hay rastros psíquicos que siguen presentes, que necesitan ser reparados.

Realismos

Casi no hay en estos cuentos una mirada enrarecida o extraña que sí puede percibirse en novelas como La azotea o, de otra forma, en El monte de las furias. La mayor parte de los relatos se presenta de forma realista, con narradores que no nos hacen dudar de las leyes o convenciones del mundo.

Si bien algunos cuentos podrían emparentarse con la estética del realismo sucio de Raymond Carver, despojado y desolado, la escritura de Trías está más cerca de una textura narrativa más elaborada, cercana y compasiva, como la de Lucia Berlin. En el cuento “Intimidad irreemplazable”, el fracaso y sinsentido cotidiano de la protagonista, que solo puede contenerse a fuerza de la ingesta de alcohol, intenta redimirse a través del vínculo con un pajarito que se aloja en el ducto del edificio. No podemos no pensar en Levrero y el pajarito de Diario de un canalla –o la paloma del “Diario de la beca”– y en cómo a través de ese vínculo los personajes de Levrero, y también el de Trías, en el fondo buscan cierta forma de trascendencia, de sentido vital. Los personajes no quedan totalmente abandonados o desahuciados en la escritura; aunque no haya redención posible, parece siempre quedar un halo de esperanza.

Los dos últimos relatos son de los más profundos del libro. Más cercanos en algún punto a la última novela de Trías, son los que dejan permear más esa otra cosa, una atmósfera particular, que puede devenir en universo más extraño, pero aun en estos no se llega a producir una ruptura; más bien son una muestra de cómo la realidad deviene extraña o terrorífica en sus propios acontecimientos. En ambos cuentos los rasgos biográficos de Trías parecerían permear con más fuerza y sus narradoras podrían pensarse en formato álter ego de la autora, pero siempre como puntapié que da paso a la ficción.

Así, en “De frontera solo el aire”, la protagonista vive en el límite entre dos barrios de Bogotá, uno rico y el otro popular. Es testigo de un asesinato por ajuste de cuentas a plena la luz del día, que deja un cuerpo abandonado –o “desgonzado”, como allí se dice– en mitad de la calle. En paralelo, la madre de la protagonista, que está en Uruguay en plena pandemia, cuida de las cenizas de la abuela y de su padre hasta que la familia pueda reunirse de nuevo. Vemos el contraste entre muertes que son objeto de duelo y vidas que no valen nada, que ni siquiera son noticia o reclamadas.

El cuento que cierra el libro, “Última carta a Claudia”, también está escrito en primera persona por una protagonista que es escritora. Carta de amor y de despedida, ficción dentro de la ficción, trata historias que necesitan un final, un territorio desplazado. La comparación de las montañas de Lima y las de Bogotá culmina con la potencia de una invocación poética en que ella, la narradora, se siente montaña: “Las montañas todavía se ven… Tienen esa dignidad de la roca que me abisma. Ese silencio. No como el mar, que siempre está diciendo algo”.

Miembro fantasma. 146 páginas. Páginas de Espuma, 2026.

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