En 2025 Laura Wittner (1967), traductora y escritora argentina, publicó Diario de menopausia en la editorial Bosque Energético, que cuenta con una destacada colección de diarios personales en su catálogo. Este año, Criatura Editora apostó a una edición uruguaya de esta pieza literaria que se despliega de mayo a mayo. Durante un año, la autora hace anotaciones sobre su nueva etapa, que abarcan no solo el cambio físico, sino también el humor y la forma de transitar los afectos. Más allá de esto, sobresalen la literatura, las traducciones, la poesía y la música como partes enriquecedoras de habitar un cuerpo que, poco a poco, comienza a ser otro.

En la narrativa global, la literatura escrita por mujeres siempre ha tenido un espacio para lo confesional; abrir la puerta a ese mundo que parece tan íntimo pero que, en definitiva, nos conduce al convivio de espacios y sentimientos comunes. Si de algo ha servido esta literatura es para colectivizar lo común, abriendo diversas miradas sobre el cuerpo y la intimidad, y haciendo a sus lectoras partícipes de una discusión compartida. La literatura que, de algún modo, se ha plegado a los avatares del mercado respecto de los feminismos ha sabido construir horizontes plurales donde entran en juego la sexualidad, las maternidades y, por supuesto, las corporalidades. La tendencia a lo personal es una regla y, en este sentido, un relato sobre la menopausia –algo que atraviesa a cualquier mujer en su adultez tardía– es una cuestión poética, pero a la vez construye un sesgo en el que aparece la introspección desde el cuerpo para materializar la melancolía y el duelo.

El diario recorre un año completo, durante el cual no solo se hace referencia a los cambios físicos, sino también a las amistades, la pareja, la familia y, sobre todo, a los placeres que incorpora y sostiene. La particularidad de este diario, más allá de la sincronicidad de sus días y meses, son las prácticas que nos llevan a ser espectadores cercanos de una mujer que narra la convivencia con otras en el club donde practica natación, en los congresos y ferias de los que participa, y en los conciertos que disfruta.

Paul McCartney y Taylor Swift conforman la banda sonora que nos acompaña en las distracciones del colectivo cuando se pierde en la lectura, pero también en las pequeñas alegrías que la llevan, inevitablemente, a respirar una espontaneidad juvenil que parecería perdida, pero que, en definitiva, sigue estando en la buena poesía que traduce, en la avena de todas las mañanas y en la vida de vestuario donde se vincula con otras mujeres.

“Ahora cada resfrío se agiganta, como hace la luz de la historia con la figura del gran capitán en mi himno preferido, y me impide ir a nadar por una semana y media o dos. Cuando rompo ese ritmo se me rompe la melodía”, dice. Pasajes como este determinan la altura poética de su autora no solo porque es poeta, sino porque también traduce, y muchas veces sus mañanas de lectura se encuentran en la búsqueda de la palabra y la sonoridad perfecta. En este diario da muestras de ello: una búsqueda de lo bello a través del lenguaje y sus sensaciones. Una subjetividad que se abre no solo para evidenciar las marcas de los años y el cuerpo, sino para plasmar de belleza los acontecimientos cotidianos, lo cual envuelve el tono delicado y sutil que hace de este diario una confesión cara a cara y, al mismo tiempo, una muestra de exquisitez en la palabra.

El libro contiene entradas que van de un par de páginas a pocos renglones, donde se comparten poemas enteros y también diálogos delirantes. Su estructura es amable porque nos adentra en la mente y la sensibilidad de la autora: hay días para escribirlo todo y otros en los que es mejor no escribir, solo compartir una leve impresión que le deja la soledad, pero sobre todo lo sublime que es capaz de denotar en lo pequeño y sencillo de la rutina y el lenguaje: “Desde que escribo este diario me vengo preguntando cuál debería ser el tono. Ahora pienso: ¿en qué tono hablamos las mujeres, entre nosotras, sobre la menopausia? Oscilamos entre el gag y la queja plañidera. Entre la risa y el no puedo más”.

La autora plantea en este texto que este proceso no siempre se ha podido verbalizar, por lo menos en la experiencia de su madre y sus abuelas. Se entiende en esta confesión que la menopausia se ha constituido como tabú y como un lugar de resguardo donde la vergüenza es plausible. El corte generacional entre ellas y sus antepasadas lo demuestra, pero también su forma de exteriorizar algo natural no solo marca el cambio de signo político y familiar, sino también su modo de proceder, más orgánico y comunicativo: “Ni mis abuelas ni mi mamá mencionaron jamás la menopausia. Intento disipar ese bloqueo en la transmisión contándoles a mi hija y a mi hijo en qué consiste este momento de mi vida”.

La virtud de Diario de menopausia reside en su capacidad de transformar la experiencia íntima en un ejercicio de precisión poética. Laura Wittner no solo rompe el silencio sobre un proceso biológico, sino que lo hace a través de un lenguaje que, por su naturalidad y calidez, vuelve cercana y luminosa una transición que suele narrarse desde las sombras.

Diario de menopausia, de Laura Wittner. 144 páginas. Criatura, 2026.