Hace unos días, en este mismo medio, el economista Fernando Esponda reflexionaba sobre el abuso de la inteligencia artificial (IA) para producir textos técnicos y, en The Conversation, la escritora Laura Beers informaba sobre [la creciente comercialización de obras narrativas creadas con fuerte ayuda de IA](https://theconversation.com/thousands-of-ai-written-edited-or-polished-books-are-being-sold-an-eerie-echo-of-orwells-novel-writing-machines] o exclusivamente a partir de ella, al tiempo que advertía que muy pronto los humanos dejarán de guionar las secuelas de películas o novelas populares. A los dos les podría interesar el libro que sobre fines del año pasado publicó el narrador y poeta Leonardo de León, sugestivamente titulado Ejercicios de creación asistida: diálogo imaginario con una IA.
A los diálogos didácticos estamos acostumbrados desde Platón, y la simulación de conversaciones con IA es un recurso habitual del humor actual; algo de ambas cosas hay en este texto de De León, pero también apuestas más novedosas. Si fuera una novela, podría decirse que gira en torno a un escritor que intenta crear una historia con ayuda de una IA y que en el acto de buscarla la va escribiendo.
Los primeros capítulos transitan, sobre todo, las sospechas frecuentes de muchos de quienes se enfrentan a un chatbox: si quedará registro de la conversación, si podrá el sistema retomarla, cómo se va a usar la información. De ellas se derivan una reflexión usual sobre la identidad de cada parte en este tipo de intercambios y otra, mucho más atractiva, acerca de la naturaleza de los procesos creativos.
La zona intermedia, la más amplia, son unos muy disfrutables ejercicios de producción literaria. IA –o Inti, como la bautiza su contraparte– debe hacer permutaciones, parodias, resúmenes y traducciones, entre otros tipos de modificaciones lúdicas a textos de diversos autores y procedencias. Más allá de los resultados, los diálogos muestran en funcionamiento algunos trucos generativos que evidenciaron y estimularon los franceses del Oulipo, y recuerdan a los pasajes de Respiración artificial en los que Ricardo Piglia juega a imitar el estilo de antecesores ilustres. Mezcla de clase y taller, estos capítulos garantizan más de una sorpresa y remiten al libro anterior de De León, La vida enferma (2022), un texto igualmente difícil de clasificar, en el que las sentencias breves y la saturación de referencias literarias van conformando una narración.
Son muy cotidianos, en cambio, los problemas derivados de consultar a la IA sobre afecciones de salud mental que se insinúan sobre el cierre de la historia. Estos capítulos finales también contribuyen a la identidad autoral que De León empezó a construir algunos años después de la aparición de No vi la luna, el libro de cuentos con el que ganó en 2012 el concurso de Banda Oriental, que esbozan el personaje de un profesor joven que se siente incomprendido y ahogado por su entorno; la voz cantante de Ejercicios de creación asistida se llama “leodeleon15”, conviene aclarar. Lo que consigue De León, la persona, es una unión virtuosa de coyuntura cognitiva y experimentación tradicional.
Ejercicios de creación asistida: diálogo imaginario con una IA, de Leonardo de León. 212 páginas. Forma, 2025.