Uno sabe que, inexorablemente, en un momento de la vida llegará a ser un viejo de mierda, una persona que no comprende el mundo que lo rodea y, por tanto, todo le parece mal y se queja. Lo que no esperaba es que antes de cumplir 40 años ya empezaran a asomar reacciones de este tipo en mi persona. Pero debo aceptarlo. Luego de atomizar a mi entorno cercano con esta obsesión he decidido como terapia volcar al texto mi hastío: ya no se puede leer nada, todo lo escribe Chat GPT.

¿Cuál es el problema, si ahorra tiempo y el resultado es impecable? El problema es que su uso excesivo produce textos sin alma, con una proliferación de algunas estructuras sintácticas que, repetidas ad nauseam, terminan mostrando la misma redacción en todos lados, agotando la lectura.

La negación seguida de la afirmación

Un día leí que los chicles tardan 20 años en biodegradarse, y detecté que las veredas estaban llenas de restos endurecidos. Desde ese día no puedo parar de ver los chicles que, como manchas negras, forman parte del camino. En las veredas montevideanas hay por lo menos un chicle por metro cuadrado, y frente a los liceos se puede llegar a ver hasta 10 chicles por baldosa.

Como los chicles, hace poco me di cuenta de que un texto repetía sistemáticamente una estructura sintáctica particular, y desde ese día no puedo parar de verla. Una negación seguida de una afirmación. En vez de decir “tal cosa es Z”, los textos ahora dicen “tal cosa no es X; es Z”. Ejemplifico: en vez de escribir “El ajuste es transitorio”, se escribe “El ajuste no es permanente; es transitorio”.

La estructura está buena, el contraste enfatiza el punto, la frase da un par de pasos hacia atrás, toma impulso y salta. El problema es que cuando lo toma la inteligencia artificial (IA), abusa. Abusa al punto de que lo usa en todos los párrafos.

Hermana de esta estructura es la forma “tal cosa no es solo X; es Z”. Ejemplifico: en vez de simplemente escribir “La propuesta es una redefinición del sistema”, se escribe “La propuesta no es solo un cambio administrativo; es una redefinición del sistema”. Aquí se potencia la expresión, no mediante la introducción de una negación que antecede a la afirmación, sino mediante una expresión menor que antecede a una mayor. También la frase toma impulso antes de saltar. Lindo recurso, pero que usado de forma abusiva por la IA vuelve al texto infumable.

Preparación: remate enfático

Apuesto una cena a que el uso de los dos puntos en artículos de prensa ha tenido un salto exponencial en los últimos meses. El culpable es otra estructura sintáctica amada por la IA. En lugar de escribir “el plan no alcanza”, comienzan a pulular cosas como: “La conclusión es clara: el plan no alcanza”.

La frase busca causar impacto, prepara el terreno para la afirmación, hace una pausa mientras el público espera en silencio, para finalmente descorrer el telón y presentar bajo grandes luces la idea. ¿Y cuál es el problema? De nuevo, el abuso. La obra no puede tener diez protagonistas, no se puede estar presentando todo el tiempo triunfalmente lo que se va a decir, como hace la IA, ese abusador serial de estructuras literarias efectistas.

Las listas de tres

No hay dos sin tres, dice un dicho que seguro le encanta a la IA. La estructura “A, B y C” es su santísima trinidad. Es difícil que en un párrafo de Chat GPT no aparezca una lista de tres cosas. Como la heladera, una vez que uno se da cuenta de que suena, no puede parar de escucharla.

En ese camino que nos permite escribir sin esfuerzo –y cada vez más rápido y fácil–, la IA va dejando un paisaje homogéneo, donde todos usamos la misma voz.

Le pido que me escriba un artículo sobre las playas uruguayas: “Las playas de Uruguay se destacan por su amplitud, su ambiente tranquilo y la diversidad de paisajes a lo largo de la costa.” De la papa: “Es una fuente accesible de energía gracias a sus carbohidratos complejos, aporta potasio y contiene fibra”. Sobre la selección uruguaya: “El equipo muestra una mezcla de presión alta, transiciones rápidas y mayor protagonismo con la pelota que en ciclos anteriores”.

La raya

Hay un símbolo para detectar el uso de IA que me gusta mucho. Para conocerlo entremos un momento en el apasionante mundo de la ortografía.

El idioma español tiene un signo ortográfico llamado raya, que se usa para establecer diálogos o para aislar fragmentos que introducen información complementaria o accesoria en el enunciado principal (de forma similar al paréntesis, aunque la raya implica un grado de separación menor con respecto al contenido principal). Es una línea horizontal, como el guion, pero más larga.

Para escribir la raya en el teclado suelen usarse dos opciones: presionar la tecla “-” (nivel principiante), o tocar la combinación de teclas “Ctrl + -” (nivel escritor avanzado). Sin embargo, ninguna es correcta para escribir la raya. El símbolo que aparece con la primera opción es un guion, mientras que con la segunda opción aparece un símbolo que estrictamente no pertenece al español, sino al inglés, y que aquí llamaremos “guion medio”. Técnicamente, para escribir la raya debe presionarse “Ctrl + Alt + -“ (nivel cinturón negro de escritura) o “Alt + 0151” (nivel Premio Nobel de Literatura).

Claro, a muy pocos seres humanos se les ocurre tocar “Ctrl + Alt + -” o “Alt + 0151” mientras están escribiendo. La raya es habitual en textos de libros que pasan por procesos editoriales, pero no aparece naturalmente en otros formatos. Salvo que la escriba alguien que no presiona teclas para escribir: la IA. Por eso, cuando aparece un guion más largo de lo común, se está ante un avezado usuario del idioma español... o frente a un texto hecho por Chat GPT.

Como el whisky, beber con moderación

No soy un negacionista de la IA. La uso a diario, me ha ayudado a organizar información, a buscar normativa legal, a escribir informes, a identificar plantas y víboras, a arreglar la bordeadora, a diseñar piñatas de cumpleaños, a hacer una imagen para mostrar cómo se distribuye la plata de la comisión fomento, a armar bitácoras de viaje. También me ha ayudado a escribir este artículo, para investigar las diferencias entre el guion y la raya y cómo se escriben en Word.

Sin embargo, también me causa un gran hastío toparme con textos que abusan de la herramienta. El uso excesivo de Chat GPT para generar un texto, sobre todo cuando la escritura no solo es un medio (como un correo o un resumen interno), sino un producto en sí mismo (un artículo de prensa), resulta tedioso. Somos testigos de una fábrica de textos plagados de negaciones que preceden afirmaciones, preparaciones de remates enfáticos, listas de tres cosas y rayas...

La IA no es un salto tecnológico más; es una verdadera revolución. No solo ayuda a ordenar ideas; escribe textos impactantes. Ofrece párrafos claros, precisos y ordenados. Y en ese camino que nos permite escribir sin esfuerzo —y cada vez más rápido y fácil— va dejando un paisaje homogéneo, donde todos usamos la misma voz.

Fernando Esponda es economista.