Libros Ingresá
Libros

Charles Bukowski.

El nuevo regreso del viejo indecente: Relatos y ensayos de Charles Bukowski

7 minutos de lectura
Contenido exclusivo con tu suscripción de pago

El material póstumo del escritor estadounidense incluye textos sobre colegas y reseñas literarias.

Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta
Registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

Hay escritores que vuelven su existencia en parte tan sustancial de su obra que la biografía termina traspasando la materia creativa, la urdimbre de cada línea, cada página y cada libro para convertirse en una marca distintiva de aquella.

Tomemos por ejemplo el caso de Ernest Hemingway, que supo ser conductor de ambulancias en la Primera Guerra Mundial, cazador en safaris por el África oriental, inveterado bebedor y un amante inquieto y farragoso, para mencionar solo sus rasgos más estereotipados. Para muchos lectores de Hemingway, la sola mención de su nombre no evoca un libro en particular –escribió varios, muchos de ellos muy buenos y otros francamente olvidables–, sino a ese sujeto de complexión maciza y rostro barbón, generalmente de camisa abierta para exhibir la pelambre en el pecho, que hablaba sobre toros, enseres de pesca o armas de fuego. Alguien puede preguntarse, llegado a este punto, en qué momento escribía Hemingway sus libros o cuánto incidía en su escritura la imagen que fue construyendo de ese prototipo de hombre de acción.

Algo parecido sucede con Charles Bukowski, emparentado con Hemingway por algunos rasgos de carácter, por la capacidad para trasegar innumerables litros de bebidas alcohólicas y por la construcción de un personaje de autor que trasciende con creces su propia escritura.

Varios factores se fueron sumando con el tiempo para convertir a Heinrich Karl Bukowski, nacido en Andernach, Alemania, en 1920, trasplantado tres años después junto con su familia a Estados Unidos (con breves períodos de residencia en Baltimore y Pasadena hasta llegar a Los Ángeles, la ciudad definitiva del escritor), y fallecido casi 74 años más tarde, en esa figura algo caricaturizada del autor rotoso y reventado, obsesionado por fornicar con cuanta mujer se le cruzara delante y con una confianza total, ciega, en los frutos de su arte.

Para muchos lectores que accedimos a su obra traducida al español a través de la editorial Anagrama –el ciclo de novelas protagonizadas por su álter ego Henry Chinaski y, especialmente, los volúmenes de cuentos La máquina de follar y Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones, surgidos de un único libro, Erections, Ejaculations, Exhibitions and General Tales of Ordinary Madness, editado en 1972–, Bukowski fue en primer término una serie de estilemas (castellanizados por diversos traductores: especialmente José Manuel Álvarez y Ángela Pérez, pero también por Cecilia Ceriani, Jorge García Berlanga y Ernesto Giménez-Caballero) reducidos a un puñado de frases lacerantes, salpicadas de “pollas” y de “coños” y, sobre todo, un rostro plenamente identificable, surcado por las marcas del doloroso acné conglobata que padeció en la adolescencia. Con una botella en la mano, Bukowski aparece en la portada de la novela Hollywood y también en la tapa del volumen de entrevistas con Fernanda Pivano, Lo que más me gusta es rascarme los sobacos; con su infaltable gorro de lana se lo ve señalando algo fuera de cuadro a su entonces novia Linda Lee en la carátula de Shakespeare nunca lo hizo, el diario de su gira de lecturas por Europa a finales de la década del 70; y también puede verse su semblante al frente de Peleando a la contra, una de sus últimas compilaciones editadas en vida, así como en los volúmenes póstumos Ausencia del héroe y Fragmentos de un cuaderno manchado de vino.

El rostro de Bukowski parcelado entre enmarañadas arrugas y amplios espacios de lisura, ilustrado por Federico Yankelevich, aparece en la portada de la flamante edición de Relatos y ensayos, libro que en los hechos viene a representar un nuevo regreso del viejo indecente.

Trazos vitales

El pesado volumen de casi 900 páginas integra la colección Compendium de Anagrama, dedicada a presentar en un mismo tomo varias obras de un autor (Relatos autobiográficos de Thomas Bernhard, Teatro de Yasmina Reza, Los diarios de Emilio Renzi de Ricardo Piglia, Cuentos completos de Grace Paley, etcétera), con cuidadas traducciones, pertinentes prólogos y variados paratextos, y a la que solo cabría adjudicarle una falla: el endeble cartón de sus tapas, fácilmente destruible y propenso a las manchas y la suciedad ambiente.

Relatos y ensayos está compuesto por tres libros póstumos de Charles Bukowski: Fragmentos de un cuaderno manchado de vino. Relatos y ensayos inéditos(1944-1990), Ausencia del héroe. Relatos y ensayos inéditos (1946-1992) y La matemática del aliento y la ruta. Sobre los escritores y la escritura. Los dos primeros volúmenes ya habían sido publicados anteriormente por Anagrama: el primero en la colección Contraseñas en 2009 y el segundo en la batalladora serie Compactos en 2024, por lo que la novedad de este tomo la constituye el tercer libro compendiado, dedicado a rejuntar los escritos de Bukowski sobre algunos pocos libros ajenos y acerca de un puñado de autores.

La traducción de los tres títulos fue obra de Eduardo Iriarte, que, distanciándose de las traslaciones “canónicas” de José Manuel Álvarez y Ángela Pérez, optó por un español mucho más neutro y menos ibérico. El prólogo general al volumen, titulado “Risotadas contra lo imposible”, lo firma Abel Debritto, quien durante años se ha dedicado a investigar los escritos de Bukowski y que editó, entre otras publicaciones póstumas, el libro La enfermedad de escribir, que reúne la correspondencia del autor con editores, escritores y lectores, oportunamente comentado en este medio.

La edición y el prólogo de cada uno de los libros que componen Relatos y ensayos estuvieron a cargo de David Stephen Calonne, otro especialista de peso en la obra bukowskiana, que, además de aportar valiosa información sobre la datación y circunstancias de escritura de cada texto compilado, rastreó las diversas versiones (cuando las había) y relacionó el sustrato de algunas piezas para establecer no solo una serie de temas que se repiten y entran en tensión con el paso de los años, sino que, además, espigó las diversas experiencias autobiográficas del autor de Cartero para vincularlas con sus textos de ficción. En el prólogo a Fragmentos de un cuaderno manchado de vino, por ejemplo, Calonne exhuma una entrevista de Bukowski con Silvia Bizio, en la que el autor explica la recurrencia a la cuestión sexual en su literatura con una apabullante sinceridad: “La razón por la que el sexo aparece tanto en mis relatos es porque cuando dejé Correos, a los 50, tenía que ganar dinero. Lo que quería hacer en realidad era escribir algo que me interesara. Pero había cantidad de revistas pornográficas en Melrose Avenue, y habían leído lo mío en Free Press, y empezaron a pedirme que les enviara algo. Así que lo que hacía era escribir un buen relato, y luego tenía que meter allí en medio algún acto sexual ordinario. De manera que escribía un buen relato y en un momento dado decía: ‘Bien, es hora de ponerle un poco de sexo’. Y le ponía un poco de sexo y luego seguía escribiendo el cuento”.

El trasunto vital de Charles Bukowski se desparrama por este libro en la mayor parte de las piezas reunidas, especialmente en las columnas agrupadas bajo el título “Escritos de un viejo indecente”, la serie de textos que escribió para la revista underground Open City (continuados luego en otros medios), con absoluta libertad temática y de extensión, muchas de las cuales fueron compiladas en un libro de título homónimo, originalmente editado por Anagrama en el ya lejano año 1978, cuando el éxito editorial del autor comenzaba a consolidarse en español. Las condiciones materiales de la escritura (que muchas veces incluye la dubitación acerca de sobre qué escribir), las maratónicas veladas nocturnas regadas con alcohol (que solían empezar con un pack de seis latas de cerveza y continuar con vino de calidad variable, dependiendo del dinero en el bolsillo) y el sistema de apuestas en las carreras de caballos y todas sus contingencias (que incluye una suerte de manual titulado “Escoger los caballos. Cómo ganar en el hipódromo, o al menos quedarse igual”) son tópicos que atraviesan el volumen junto con la cuestión sexual, reducida básicamente a propiciar coitos rápidos y muchas veces brutales, debido a las condiciones espaciales en las que ocurren.

Esa línea temática incluye cuentos como “La historia del violador”, el relato en primera persona de un vagabundo acusado de abusar de una niña y de su madre y escrito a modo de confesión desde la cárcel (una suerte de contracara o exacerbada reducción del Humbert Humbert nabokoviano), y la columna sin título de “Escritos de un viejo indecente”, publicada en Candid Press el 6 de diciembre de 1970, en la que desglosa un doble encuentro sexual en una habitación del hotel Suicidio, de Los Ángeles, y en la misma noche, en lo que constituye un prodigio narrativo no solo por el ritmo y el humor sórdido de los hechos, sino por el aprovechamiento narrativo del acotado espacio en el que se mueven los amantes.

Escribir

Una veta menos conocida de la vasta producción escritural de Bukowski la conforman aquellos textos dedicados propiamente al oficio literario –básicamente prólogos y reseñas–, esparcidos en Fragmentos de un cuaderno manchado de vino y en Ausencia del héroe, pero que conforman la columna vertebral de La matemática del aliento y la ruta. Sobre los escritores y la escritura. El Bukowski prologuista se aparta bastante de las marcas distintivas de sus obras de ficción, sin caer nunca en el elogio de compromiso, tan habitual en este tipo de textos. Ocurre, por ejemplo, en sus prólogos para The Laughing Rooster, del poeta canadiense Irving Layton, y para My Face in Wax, del prolífico escritor Jory Sherman.

Como reseñista, Bukowski se aleja de cualquier doctrina crítica para abordar el libro que comenta, centrándose en un único y excluyente factor: sus expectativas como lector. En ese sentido, la forma en que demuele la novela póstuma de Ernest Hemingway Islas a la deriva en un breve texto llamado “La importancia de llamarse Ernest” mezcla un afilado ojo clínico con la sencilla intención de garabatear un brulote.

Finalmente, permítaseme referirme a dos textos que descuellan en esta sección discontinuada de escritos sobre escritores y el oficio en sí. El primero se titula “Conozco al maestro”, y se trata de un extenso y emotivo relato de la relación entre Charles Bukowski y quien, junto con Louis-Ferdinand Céline y William Saroyan, fue su principal maestro: John Fante. En este texto, el autor de las impresionantes novelas Pregúntale al polvo y Espera la primavera, Bandini es presentado en plena lucha con las circunstancias vitales que lo fueron apagando en vida, a saber, la diabetes que le hizo perder la visión y sufrir la amputación de las piernas.

La otra pieza que refulge entre los escritos de asunto literario se titula “The Outsider” y refiere a la publicación del mismo nombre que, contra viento y marea, llevaron adelante en la década de 1970 el editor Jon Edgar Webb y su esposa Gypsy Lou Webb. The Outsider fue clave no solo en la difusión de la obra de Jack Kerouac y Lawrence Ferlinghetti, entre muchos otros autores, sino en la proyección a nivel nacional de Bukowski, cuyo rostro desencantado, visto ligeramente desde arriba y mirando hacia la derecha del lector, apareció en la portada del tercer número.

Puede que la lectura de este libro (o de estos tres libros) no sea la mejor puerta de entrada al universo de Charles Bukowski (por ahí siguen destellando desde anaqueles y repisas los cuentos de La máquina de follar o la novela Factotum), pero la suma de estas piezas reunidas permite calibrar de mejor forma cómo se fue labrando esa suerte de personaje devenido en una marca distintiva. Y al final del día, y del libro, importa poco si el autor se comió a la obra o si fue esta la que devoró al escritor, porque, en definitiva, la que ha vencido no es otra que la Literatura.

Relatos y ensayos, de Charles Bukowski. Traducción de Eduardo Iriarte. 880 páginas. Anagrama, 2025.

¿Tenés algún aporte para hacer?

Valoramos cualquier aporte aclaratorio que quieras realizar sobre el artículo que acabás de leer, podés hacerlo completando este formulario.

¿Te interesan los libros?
None
Suscribite
¿Te interesan los libros?
Recibí cada dos martes novedades en lanzamientos de libros, recomendaciones y entrevistas.
Recibir
Este artículo está guardado para leer después en tu lista de lectura
¿Terminaste de leerlo?
Guardaste este artículo como favorito en tu lista de lectura