En tiempos en que la memoria histórica y los duelos privados vuelven una y otra vez a la agenda pública, no resulta extraño que una novela “de arqueólogos” llegue a Montevideo con tanta carga emotiva. La máscara del rey maya, de la escritora española Raquel Martínez-Gómez, publicada en México en 2023, es una novela extensa que cruza biografía, autoficción y reflexión sobre la propia escritura para contar la vida del arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier, célebre por haber hallado la tumba del rey Pakal en Palenque, en 1952.
La premisa es, en apariencia, sencilla: reconstruir la trayectoria de Ruz desde su infancia en el París de la Primera Guerra Mundial, pasando por la Cuba de la lucha contra Machado, hasta el México que lo acoge como exiliado y donde termina dirigiendo excavaciones en territorio maya. El descubrimiento de la tumba de Pakal, con su máscara de jade y una arquitectura funeraria sin precedentes, ocupa el centro de la trama, pero no la agota: el libro se detiene también en las condiciones de trabajo en los sitios arqueológicos, las disputas académicas y las tensiones entre ciencia, nacionalismo y el expolio del patrimonio cultural en el México de mediados del siglo XX.
A esa línea biográfica se superpone una segunda historia: la de la narradora, también llamada Raquel, que se encuentra en Lisboa con Claudio Ruz, el hijo menor del arqueólogo. Ambos comparten algo más que el interés por la arqueología: los dos perdieron a sus padres demasiado pronto y arrastran duelos inconclusos. A partir de ese encuentro se arma un pacto: escribir la novela del padre, el padre de él y, en cierto modo, también el de ella. Lo que podría haber sido una biografía al uso se convierte así en lo que la propia autora ha llamado una “arqueología del adiós”: una excavación paciente en las capas superpuestas de la memoria familiar, la historia política y la intimidad de la pérdida.
La tercera capa es metaliteraria y no se esconde: el libro va mostrando sus andamios. La narradora discute decisiones de estructura, confiesa crisis de escritura, duda sobre hasta dónde ficcionalizar y hasta dónde mantenerse pegada a los documentos y testimonios. Esa indecisión se vuelve una virtud: la persona lectora asiste al armado del rompecabezas y no solo a su resultado final.
En clave rioplatense, puede decirse que la novela dialoga con las discusiones sobre memoria, exilios y violencia de Estado que atraviesan a Uruguay y la región. La trayectoria de Ruz, nieto de independentistas cubanos, militante contra la dictadura de Machado, refugiado en México gracias a las políticas de asilo de Lázaro Cárdenas, resuena con otras historias de destierro más cercanas, que aquí asociamos al Plan Cóndor y a los archivos que todavía hoy seguimos desenterrando, literal y metafóricamente. El libro no se ocupa de las dictaduras del Cono Sur, pero sí de cómo los proyectos de dominación dejan huellas en los cuerpos y en los territorios, y esa lectura es difícil de desactivar desde Montevideo.
Otro aspecto central es el trabajo con el lenguaje. La autora ha contado que decidió diferenciar la voz “tradicional” que narra la vida de un hombre nacido a principios del siglo XX –donde prevalece el masculino genérico y un tono más clásico– de la primera persona que habla desde el presente, donde experimenta con fórmulas más inclusivas y con una sensibilidad feminista explícita. Esa tensión entre registros dialoga con discusiones muy vigentes en Uruguay sobre cómo nombrar sin borrar, en la academia, en la militancia y en los medios.
El libro también funciona como una puerta de entrada amable, aunque exigente, al mundo maya. Sin convertirse en manual, despliega con bastante rigor la arqueología de Palenque, las costumbres funerarias, el papel de los canales de agua y la sofisticación arquitectónica de templos y tumbas. La autora dedica varias páginas a explicar cómo la acumulación de poder en ciudades como Palenque se sostuvo en un uso intensivo del entorno, tala de bosques, control del agua, que terminó derivando en crisis climática y social. Esa reflexión ecohistórica, lejos de ser decorativa, conecta con las preocupaciones contemporáneas por la crisis ecosocial que también aparecen en debates locales sobre modelo de desarrollo y extractivismo.
Desde el punto de vista formal, La máscara del rey maya está dividida en cuatro partes que toman nombres de deidades o conceptos del calendario y la cosmovisión maya: Kin, Chaak, K’awiil y Akbal, y cada una avanza alternando los capítulos “de archivo” con los del presente narrativo entre Raquel y Claudio. La novela se apoya, además, en una red de citas: epígrafes tomados del propio Ruz Lhuillier, fragmentos de textos académicos y una verdadera banda sonora que incluye boleros y canciones latinoamericanas de lucha.
La prosa de Martínez-Gómez es cuidada pero no solemne: combina momentos de densidad histórica, para los que la autora se documentó a fondo sobre la Cuba de los años 1920 y 1930, el exilio republicano en México y la institucionalización de la antropología en ese país, con escenas íntimas de gran delicadeza, donde lo importante no es el dato sino la emoción que se filtra entre líneas. El resultado es una novela larga que, aun así, se deja leer con fluidez, sin que el aparato erudito tape la vulnerabilidad de sus personajes.
Para el lector uruguayo, hay un plus: la autora no es una extranjera que mira América Latina desde lejos. Martínez-Gómez vivió en Uruguay, donde publicó Ceniza de ombú, novela que integró la Biblioteca País de Ceibal, y su trayectoria profesional está vinculada a la cooperación internacional, los derechos humanos y la igualdad de género. Esa doble pertenencia, entre La Mancha y el Sur global, entre la academia y el activismo, se percibe en La máscara del rey maya, que piensa la arqueología no solo como disciplina, sino como metáfora de cualquier trabajo paciente sobre las capas del pasado, incluidas las que duelen.
Quien se acerque al libro buscando solo una novela “de descubrimientos” encontrará mucho más: una reflexión sobre cómo narramos a nuestros muertos, qué hacemos con los huecos de la memoria y qué significa, hoy, en pleno siglo XXI, mirar el mundo desde las ruinas de una civilización que también colapsó por sus propias decisiones.
La máscara del rey maya, Raquel Martínez-Gómez. 448 páginas. Planeta, 2023.