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Qué leer sobre Rada: la biografía imprescindible

El libro de Fernando Peláez como gran logro de historia cultural.

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En gran parte, Rada, el libro aparecido en 2014, es una autobiografía a dos manos –alterna declaraciones en primera persona del músico con pasajes narrados por Peláez, que contextualiza con datos de la época e interpretaciones sobre la sociedad uruguaya–, pero el resultado es mucho más que una suma de anécdotas o que el repaso de un periplo individual. Es un trabajo excepcional y una imprescindible puerta de ingreso a la figura de un creador que unió tradición, experimentación y masividad por carriles hasta entonces vedados a un artista afro, o aun, a un artista uruguayo. Aunque Rada dio centenares de entrevistas, antes y después de su publicación, esta sigue siendo la referencia principal para relatar su historia.

Las primeras páginas dan una idea del alcance total. Aparece Ruben Rada niño y su prolongado deseo de ser futbolista, signado por la final del campeonato de 1950 el preciso día de su cumpleaños. La centralidad de la madre, el padre lejano, el hermano mayor, Martín, como norte de una infancia complicada: trabajó desde pequeño, cantaba para recibir comida en una parrillada, padeció tuberculosis. “Vi morir a muchos veteranos que eran mis compañeros en el hospital”, dice. La radio como formadora del gusto (“El primer ídolo que tuve fue Carlos Gardel”) y su predilección por cantantes de distintos estilos y procedencias. La creación de Morenada en 1953, el primer viaje como artista a Buenos Aires con 11 años. Su incorporación a La Nueva Milonga, la murga de Tito Pastrana, a los 15. Sus imitaciones. El irónico apodo “Zapatito” por su talle de calzado. El encuentro en canchas de fútbol con los hermanos Fattoruso, otros niños precoces, y con Ringo Thielman, flash forward de la formación de Opa. Las enseñanzas de su “maestro de candombe” Pedro Ferreira. Los circuitos abiertos y los lugares vedados a “la raza”. Su trabajo para el correo y su reparto de “telegramas cantados”. Su poder para alegrar a los demás.

El mundo del tango, el mundo del jazz, el mundo del carnaval, el mundo del deporte: la de Rada se revela como una búsqueda por atravesar límites, en la que el más temprano, el de la pobreza y la racialidad, resulta evidente y a la vez, en su relato, como un obstáculo más a atravesar con empuje y optimismo. En este sentido, el libro no solo ofrece los puntos de vista de Rada y Peláez, sino que también aporta testimonios valiosos, como el de Cacho de la Cruz, uno de los grandes cómplices del músico que le ofreció “pasaportes” para cruzar varias de esas fronteras.

Cómo y por qué no llegó a ser uno de Los Shakers y, a la vez, cómo fue fundamental la irrupción de John Lennon y los Beatles para su manera de componer, cómo llegó a la televisión, por qué emigró y por qué volvió, cómo empezaron los Conciertos Beat con Eduardo Mateo, germen del candombe beat, el gran aporte de Rada y los suyos al repertorio de la nueva música latinoamericana como parte del impulso sincretista que atravesaba al arte del continente en la década de 1960, cómo llegó a la masividad recién en 2000 con Quién va a cantar, su disco concebido como usina de hits; todo eso es una ínfima porción de lo que ofrecen las páginas de Rada en un relato atrapante y formativo.

El gran trabajo de Peláez no solo es evidente en los párrafos de contexto y en las completas notas al pie, que “traducen” pacientemente nomenclatura añeja y múltiples sobreentendidos, sino también en aportes como la completa discografía (hasta el año de publicación de la autobiografía) que cierra el libro, que reúne datos técnicos sobre la grabación de cada álbum.

Entre la memoria de Rada y los aportes minuciosos de Peláez se construye una biografía riquísima, rebosante de sucesos sorprendentes, y, a la vez, un capítulo de historia cultural que incluye el registro de los ambientes populares urbanos de mediados del siglo XX, el funcionamiento de los circuitos de legitimación artística en Uruguay y en buena parte de América Latina, y también, naturalmente, la forma en que varios eventos colectivos interceptan las trayectorias individuales. Por caso, la postura de Totem en las elecciones de 1971, cuando el grupo debió optar entre actuar para la derecha pachequista o para el naciente Frente Amplio, y la participación de Rada en la campaña del Voto Verde de 1989, que buscaba anular la Ley de Caducidad, son dos casos paradigmáticos de modos contrapuestos en los que el arte y la política pueden llegar a confluir.

Queda sugerido, abierto –tal vez sea otra de las virtudes del libro– el asunto de los procesos creativos de Rada, es decir, qué caminos lo llevaron a plasmar, en medio de rescates del habla cotidiana, versos imperecederos, como “los pensamientos son todos míos / pero mi lengua ya no es tan mía”, o de dónde –más allá de la práctica temprana, ininterrumpida y gozosa– surgía la aparente facilidad para encarar cada toque, cada entonación. Y, por supuesto, el gran misterio de su voz, toda una excepción, por su belleza y originalidad, en un panorama de cantores populares locales que construyeron su carrera con base en la desestimación de carencias o la adopción estricta de patrones establecidos. Quizás la mejor aproximación a ese fenómeno sea a través de la metáfora, como hace Litto Nebbia en los epígrafes, al comparar la emisión de Rada con la de un saxo famoso: “Te llega por su humor, su rítmica, su humildad. Indudablemente, por su canto. Una manera de emitir la voz que está totalmente basada en el aire, así como el sonido del tenor de John Coltrane”.

Rada, de Ruben Rada y Fernando Peláez. 270 páginas. Aguilar, 2014.

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