Tras ser declarado sitio de memoria en diciembre, el excuartel de la Unidad de Infantería que durante la dictadura cívico-militar funcionó como centro de detención y torturas, donde hoy está el Paseo San Fernando, quedará señalizado, de forma oficial, con la instalación de una placa de memoria.
Para la ceremonia, que se realizará este sábado 27 a las 11.00, se cortará un tramo de la calle 25 de Mayo (frente a la plaza San Fernando) y se dispondrán sillas orientadas hacia el ingreso al edificio, desde donde hablarán referentes de la Comisión Nacional de Sitios de Memoria y de la Comisión de Sitio de Memoria del excuartel de Maldonado.
En el acto oficial participarán, además de autoridades departamentales, la subsecretaria de Educación y Cultura, Gabriela Verde, la representante del Ministerio de Educación y Cultura en la Comisión Nacional de Sitios de Memoria, Magela Brun, y autoridades del Centro Universitario Regional del Este de Maldonado.
La señalización permitirá “la construcción de la memoria actual”
Entre 1970 y 1985, el cuartelillo militar fue un centro clandestino de detención y tortura de referentes políticos y sindicales regionales y departamentales, bajo la órbita del Órgano Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA IV). Para Raquel Hernández, integrante del Colectivo 20 de Mayo y una de las promotoras de la declaratoria, enmarcada en la Ley 19.641, este sábado será “una fecha muy particular”.
No solo porque coincide con el aniversario de los 53 años del golpe de Estado, sino porque la señalización permitirá “la instalación de la memoria sobre el pasado reciente y la construcción de la memoria actual, de cómo nos ven los jóvenes que estudian dentro del sitio de memoria, que fue totalmente modificado”.
Miles de jóvenes pasan por las aulas del Paseo San Fernando, que hoy alberga las escuelas de cultura de la Intendencia de Maldonado (propietaria del inmueble), y poco saben de lo que ocurrió allí en los años más oscuros de nuestra historia reciente. Hernández remarcó que la transformación de este espacio implicó un “lentísimo borrado de la memoria de los habitantes de Maldonado”.
La imagen actual de quienes circulan por allí en diversos talleres artísticos “contrasta enormemente con lo que fue el cuartel: un centro clandestino de detención y tortura, por el que pasaron incluso menores de edad”, en un contexto marcado por un “estado permanente de alerta, de desconfiar del otro y de consecuencias al hablar del avasallamiento de los derechos y el cercenamiento de las libertades individuales”, remarcó.