En las memorias constitutivas de nuestro país, el año 1904 se asocia a la última guerra civil en territorio oriental. Al menos en la acepción clásica de guerra. Quizás no forme parte de la batería de información escolar respecto del pasado del país, pero ese enfrentamiento fue cruento, como todas las guerras, y blancos y colorados se enfrentaron en diversos escenarios de la Banda Oriental, ya entonces República. Fue el levantamiento de Aparicio Saravia contra las fuerzas del gobierno que presidía entonces José Batlle y Ordóñez.
Paso de los Carros, en el río Olimar, a quince kilómetros de la ciudad de Treinta y Tres, fue escenario, el 20 de mayo de 1904, de un combate entre los revolucionarios de Aparicio y el ejército del gobierno. Como han dicho los autores del libro, la batalla fue sangrienta, muy lejos de la máxima artiguista de “clemencia para los vencidos”. Degüellos y despenes se sucedieron en un enfrentamiento en el que los del general salieron derrotados.
Fernando Gallardo y Julio Castillo son olimareños. Es el primer libro de Gallardo, mientras que Castillo tiene una larga trayectoria en el campo del dibujo publicitario. Fernando trae a este libro una recreación del paisaje emocional de sus años de infancia y juventud: Paso de los Carros era su lugar de juegos, y estas historias las escuchó una y otra vez en boca de sus mayores y de los paisanos del lugar.
Fernando Gallardo y Julio Castillo, en la diaria Radio.
Cualquier uruguayo sabe que –en especial en el interior– hay múltiples leyendas de “aparecidos”, luces malas, almas en pena que se niegan a apartarse al mundo de los quietos, porque alguna incomodidad o cuenta pendiente las retiene entre nosotros. El libro es una recreación, a partir de esas leyendas y cuentos camperos que se contaban para amenizar noches de fogón, mate amargo y churrasqueada. En la mejor tradición de la literatura uruguaya de temática campera, Gallardo construye una serie de relatos que pueden ser leídos por separado o, en su conjunto, como nouvelle.
Pero no se limita a poner por escrito lo que sus paisanos le contaron: hay un trabajo de orfebrería en cada una de las historias, que la transforma en literatura. Una narración por momentos poética, en la que la musicalidad y el ritmo del texto trascienden lo meramente narrativo, el libro tiene como una de sus virtudes más relevantes la incorporación del habla regional como materia central de la narración. Entre los varios guiños de estos relatos aparece una mención nada casual al también paisano y minuano Juan José Morosoli.
El libro cuenta con un breve capítulo de introito, útil para aportar información de contexto sobre lo que la historia indica que sucedió en el Paso de los Carros en 1904. En cuanto a las ilustraciones que acompañan el libro, desde la portada se señala el carácter de coautores de escritor e ilustrador. Producto de un trabajo de creación conjunto y de diálogo entre disciplinas, no se limitan a narrar o traducir en forma figurativa los cuentos, sino que cada una es también pieza de un relato.
En un país y una literatura demasiado acostumbrados a pensar que lo uruguayo es lo que se produce en el sur metropolitano, en el que el habla literaria es construida a imagen y semejanza de las clases medias productoras, en tiempos de globalización y de borroneado de las culturales locales, este libro viene a hablarnos en uruguayo del Olimar, y se agradece.
Presentación y muestra de dibujos
El bote de la muerte y otras leyendas del Paso de los Carros se presenta el miércoles 19, a las 19.00, en la biblioteca José Artigas de la Casa de la Cultura de Maldonado (Pérez del Puerto y Sarandí). La presentación estará a cargo del poeta y gestor cultural Luis Pereira Severo. En paralelo, estará expuesta una muestra de dibujos y bocetos de Castillo que forman parte del libro, en el foyer del teatro de la Casa de la Cultura.