Fin de semana Brasil

Foto: Wikimedia, sin datos de autoría

Elvino Bohn Gass: se puede gobernar “con la derecha democrática, pero es indispensable incorporar al movimiento popular”

El diputado por el PT de Brasil dijo que para la segunda vuelta se expuso “el riesgo Bolsonaro”, tuvo protagonismo el “ejército de Janones”, que “se convirtió en una referencia”, aumentó la participación de la gente en la elección y “el factor de cambio más destacado fue la movilización de los jóvenes, que salieron a las calles por miles”.

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La campaña por la reelección del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se modificó luego de la derrota en la primera vuelta, en la que Flávio Bolsonaro fue el candidato más votado. La conjunción de distintos cambios permitió dar vuelta el resultado en el balotaje, con una victoria que, para el diputado federal reelecto por Rio Grande do Sul, “solo puede cuestionar un estúpido”.

El legislador, que en 2027 comenzará su quinto mandato consecutivo, advierte que los grandes referentes del bolsonarismo a nivel internacional están en problemas. Igualmente, como miembro del Parlamento del Mercosur que sigue de cerca la agenda regional, se refiere al impacto negativo que tiene el triunfo de Lula en el gobierno argentino de Javier Milei.

¿Qué aspectos considerás que cambiaron entre la primera y la segunda vuelta para lograr la victoria del presidente Luiz Inácio Lula da Silva?

Se hizo un planteo más directo respecto del “riesgo Bolsonaro”, quien, efectivamente, iba a perjudicar la economía y el medioambiente, a entregar las riquezas a [Donald] Trump y a Estados Unidos, así como a pasar la tijera recortando derechos de forma similar a como hizo Javier Milei con la “motosierra”. Esa es una primera parte: la gente comprendió el riesgo que representaba [Flávio] Bolsonaro. El de Jair Bolsonaro fue un gobierno pésimo, vinculado al mando del crimen organizado y la mafia y que, además, entregó la economía y se cuadró ante Estados Unidos. Incluso ahora la candidatura de ellos era muy agresiva e irrespetuosa. En el segundo debate Lula respondió muy bien cuando Flávio se refirió a él como “nueve dedos”. Dijo: “Solo quien trabaja pierde un dedo”. En cuanto al segundo aspecto, Lula habló más de esperanza y de futuro. En la primera vuelta el debate se centró mucho en comparar gestiones, qué se hizo y qué no, pero era necesario hablar del futuro. En tercer lugar, hubo una mayor presencia en las redes, que estuvieron muy activas. Nuestro “ejército de Janones” se convirtió en una referencia. Estaba todo el mundo, eran más de diez millones. La cuarta razón es que la gente fue a votar. Tuvimos el índice más bajo de votos nulos y de abstenciones. Los jóvenes, pero también las mujeres y muchas personas mayores acudieron a votar. Sin embargo, el factor de cambio más destacado fue la movilización de los jóvenes, que salieron a las calles por miles y miles. Creo que eso fue lo que marcó la gran diferencia de cara a la segunda vuelta.

¿Es un objetivo del futuro gobierno continuar con una presencia tan fuerte en redes sociales y con la juventud movilizada?

Es nuestro deber, es el deber de Lula mirar hacia el pueblo. Y Lula, en su pronunciamiento, expresó que quiere hacer de su cuarto mandato el mejor de todos sus mandatos, porque conviene recordar que, por primera vez en la historia de Brasil –en democracia y mediante el voto popular–, alguien es elegido por cuarta vez. Lula constituye un referente para América Latina y para el mundo. Dentro de los BRICS, se convierte además en la referencia de un sector más orientado hacia la izquierda y el desarrollo sostenible. Todo esto debe abordarse en el contexto de un Congreso que ha quedado fuertemente dominado por la extrema derecha. Por lo tanto, Lula tendrá la necesidad, en eso consiste el esfuerzo actual, de articular alianzas con la derecha democrática, con la derecha no golpista, con una derecha civilizada, porque la extrema derecha no es civilizada, es, decididamente, fascista. Es posible entonces construir un proceso de gobernabilidad junto con esa derecha, pero es indispensable incorporar al movimiento popular, lo que representa un gran desafío. Nuestro esfuerzo, el del Partido de los Trabajadores [PT], de la izquierda, de Lula, será garantizar la gobernabilidad para aislar a la extrema derecha.

La extrema derecha tiene presencia en el Congreso hace ya muchos años, pero con el crecimiento que tuvo en las elecciones de octubre, ¿es posible conseguir esas alianzas y hacerle frente?

Ellos están primero. De los 513 diputados, ellos tienen 121 y nuestra Federación Brasil de la Esperanza [PT, Partido Comunista de Brasil y Partido Verde] tiene 88. Será una disputa permanente, pero en un contexto político marcado por una victoria en la que nosotros fuimos protagonistas. Perdimos en la primera vuelta, logramos darle la vuelta al resultado y terminamos superándolos por más de cuatro millones de votos. No estamos hablando de diez, 20 o 500 votos. Al padre le ganamos por dos millones y al hijo por cuatro, así que no es poca cosa. Nadie cuestiona el resultado, solo un estúpido lo puede cuestionar. Ellos intentarán mantener una confrontación permanente para deslegitimar al gobierno. Sin embargo, confío en que el “ejército” de comunicación, las redes y la participación se mantengan activos y ejerzan presión sobre el Congreso.

Hablás de hacer alianzas con partidos de derecha, con partidos del centrão, pero ¿con cuáles están pensando concretamente que es más fácil llegar a acuerdos?

La verdad es que estamos conversando con todos los partidos, con la excepción del Partido Liberal [PL], que es el partido de Bolsonaro, y del NOVO, que es un partido muy cercano a la extrema derecha. Estamos hablando con los demás partidos del centrão, con el partido Progresistas, União Brasil, el Movimiento Democrático Brasileño, Podemos y los Republicanos, con todos ellos. Pero tengo que dejar muy claro que no es porque se identifiquen con nuestro programa: no es una alianza estratégica programática, es una alianza para la gobernabilidad. Para lograr una gobernabilidad en el Congreso será necesario que esta composición se refleje también en algunos ministerios. Pero se llevará a cabo bajo la orientación y la pluma del presidente Lula.

¿Integrarán el gabinete ministerial entonces?

Algunos de esos partidos van a ocupar ministerios. Por ejemplo, con el Partido Social Democrático de Gilberto Kassab, que estaba muy vinculado a Tarcísio [de Freitas, gobernador de San Pablo], ya se está en conversaciones y actualmente ocupa ministerios. La mayoría de esos partidos ya ocupan ministerios en el actual gobierno. Sin embargo, queremos mejorar esto para que ahora el programa de gobierno esté más alineado con el programa elegido en las urnas. Eso es un desafío, no es una cosa que esté resuelta. Es una disputa que implica un debate permanente, aunque en un contexto político marcado por una victoria que logramos alcanzar.

¿Cuánto puede dificultar a la bancada del PL la huida de Flávio Bolsonaro a Estados Unidos, cuando él se había anunciado como su futuro coordinador?

Ellos están desmoralizados. Ya habían perdido la elección, ya habían quedado con la cabeza gacha y ahora su líder, que decía que no abandonaría el país, que lucharía por la patria, huyó. Y huyó para escapar de los procesos judiciales que enfrentará por los delitos que cometió. Su padre está en la cárcel y su hermano [Eduardo Bolsonaro], que tiene una orden de detención, se encuentra en Estados Unidos operando contra Brasil. Si Flávio se hubiera quedado le habrían confiscado el pasaporte –el cual no entregó, incurriendo así en un incumplimiento–, por lo que podría haber sido objeto de una orden de arresto. Sin embargo, huyó y tratará de presentarse como un exiliado político. Lula puede avanzar frente a la huida de Flávio, que llegó incluso a redactar una carta en la que se consideraba el verdadero presidente de Brasil y luego tuvo que modificarla para hablar solo de líder de Brasil. No lo logrará, ha quedado desmoralizado y quienes lo acompañaban también. Ahora, para la contienda de 2030, apostarán por el gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas. Pero 2030 queda muy lejos, es un error político que cualquiera se presente ahora como un precandidato para entonces. Mucha agua va a pasar debajo del puente. Así que nosotros ahora vamos a trabajar para tener un buen gobierno, contar con la participación popular, hacer un amplio uso de las redes y establecer una gobernabilidad parlamentaria. Ese es el esfuerzo que hará el presidente Lula.

Por otro lado, la realidad es que, si bien existe un mundo de extrema derecha, [el primer ministro de Israel] Benjamin Netanyahu, el gran referente de Flávio, está enfrentando dificultades en este momento. Por su parte, Trump afronta elecciones la próxima semana, en las que los demócratas se impondrán a los republicanos, a su partido, dejándolo en minoría en el Congreso. Y ya hay demócratas que le exigen a Trump que no dé refugio a criminales de otros países, pues, de hecho, está acogiendo a criminales provenientes de otras naciones. Así que esta es una disputa que él también sufrirá internamente. Y, en cuanto a la vía de escape que buscó Flávio a través de Argentina, ¡que Milei también se cuide! Porque esta victoria de Lula ha simbolizado una unidad del campo de la centroizquierda también en Argentina, para afrontar de manera unificada la elección contra Milei del próximo año. Las candidaturas que estaban fragmentadas ante Milei se van a unificar con la esperanza de vencerlo, como vencimos nosotros a la extrema derecha en Brasil. Así pues, los grandes referentes actuales de la extrema derecha aquí en América del Sur, Trump, Netanyahu y Milei, deben tener cuidado porque podrían perder en sus propias naciones. De todos modos, como la política es una disputa permanente, debemos avanzar para no permitir que el mercado imponga sus reglas, para evitar que Trump nos imponga aranceles, para preservar nuestras riquezas y para no recortar derechos aquí. Ese es el debate que seguiremos dando, fortalecidos por la extraordinaria victoria de nuestro gran líder.

A propósito de estas negociaciones permanentes que generalmente tuvieron y tienen que hacer los progresismos en la región para llevar adelante sus programas, ¿cómo será este cuarto gobierno de Lula?, ¿será igual al tercero, habrá pequeños matices o cambios relevantes?

Lula se comprometió con nuevas agendas. El tema de la seguridad es algo muy importante, así como los derechos de los trabajadores, la implementación del esquema de cinco días de trabajo y dos de descanso, ahora que se aprobó el fin del esquema de seis días de trabajo y uno libre. Existen también cuestiones relacionadas con los micro y pequeños empresarios, con los emprendedores. Por lo tanto, hay que trabajar en los sectores que van de la clase media hacia abajo. Es necesario el reajuste salarial para que la gente tenga poder adquisitivo. Y hay aspectos muy estratégicos relacionados a las privatizaciones que llevó a cabo el gobierno de Jair Bolsonaro, que alejaron a Brasil de sectores clave como el caso de Petrobras. Se vendieron las estaciones de servicio, es decir, se perdió el control de toda la cadena, desde la extracción de petróleo hasta la distribución de combustible. Además, en este negocio se involucraron actores del sector del transporte, lo que resulta muy negativo. Ante esto, Lula ya se ha comprometido a revertir la situación mediante la participación estatal.

Pienso que esos son aspectos bien importantes, además de la puesta en valor de nuestro Sistema Único de Salud, por ejemplo, para evitar las colas. También será muy relevante el ámbito educativo. Nosotros creamos un programa llamado Pé de Meia, que consiste en un apoyo del gobierno para que los jóvenes de educación secundaria no tengan que abandonar la escuela para ir a trabajar. Queremos que nuestros jóvenes permanezcan en el sistema educativo y puedan estudiar. Lula se ha comprometido a ampliar este programa a las universidades y así lo hará. Porque el joven debe tener el derecho de completar su formación.

En cuanto a la economía, al otro día del triunfo de Lula los mercados en Brasil se desplomaron y el real se depreció. El ministro de Hacienda, Darío Durigan, dijo entonces que el mercado había apostado por el candidato Flávio Bolsonaro. ¿Lula se enfrentará a una fuerte presión del empresariado, de los bancos privados?

Siempre es así. El mercado nunca le da tregua a ningún gobierno. Nosotros lo enfrentamos. Cuando Lula eximió del impuesto a la renta a los trabajadores que ganan hasta 5.000 reales [unos 36.900 pesos], les exigimos una mayor contribución a los de arriba, a los que tienen salarios altos. Fue la primera vez que les pedimos un esfuerzo a los de arriba para que el pueblo pudiera beneficiarse. Llevamos a cabo una reforma, que entrará en vigor a partir del próximo año, pero que los ajustes fiscales no le aprieten el cinturón a la población ni afecte a las políticas sociales, como suele ocurrir, sino que empiecen por los sectores de arriba, siempre representa un desafío y un enfrentamiento. Así que este tema no va a ser fácil. Que el dólar haya subido y la bolsa bajado cuando ganó Lula es una reacción del mercado para indicar que querían a Bolsonaro para seguir siendo ricos, para continuar con pocos ricos y muchos pobres, que es lo que quiere un gobierno de extrema derecha. Esa disputa va a continuar.

Cuando hablo de la presión popular, de la composición de la gobernabilidad en el marco de un programa que ganó, esa es la fuerza con la que contará Lula para poder hacer frente a esta situación. Pero no es algo de fácil solución, será la gran disputa lograr que las medidas que se adopten impliquen exigir a quienes tienen más, en lugar de quitarles a quienes tienen menos. Nosotros, desde la izquierda, desde el PT, ya hemos definido nuestra postura. No aceptaremos ningún recorte de derechos: que pague quien tiene más.

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