En los días previos a la elección del domingo, las aguas se han caldeado en Colombia entre las candidaturas de derecha, fundamentalmente a raíz de las tres últimas encuestas correspondientes a las consultoras Invamer, Guarumo y AtlasIntel, que ubican a la candidata uribista del Centro Democrático, Paloma Valencia, en tercer lugar, detrás del ultraderechista Abelardo de la Espriella. Esta es una tendencia que se ha consolidado en los últimos meses pese a la gran votación obtenida por Valencia en las internas, en las que compitió contra ocho candidatos en marzo, y pese a que es la representante del establishment político y económico que ha actuado, en las últimas décadas, bajo el mando del expresidente Álvaro Uribe.
Ya en las elecciones pasadas, el entonces candidato del Pacto Histórico, Gustavo Petro, terminó por enfrentarse en segunda vuelta a un empresario, Rodolfo Hernández, quien, como De la Espriella, se presentó ante los votantes como un outsider. La diferencia con 2022, que no pasa desapercibida para Valencia, es que el entonces candidato de la derecha tradicional, Federico Gutiérrez, decía abiertamente no ser el alfil de Uribe. Ahora, aunque ella se diga “hija” y heredera de ese legado, las encuestas exponen que eso no basta para pasar a un balotaje. Todos los sondeos muestran también que se terminará de definir quién será el próximo presidente en la segunda vuelta del 21 de junio, y no este domingo.
El nerviosismo con las mediciones fue lo que llevó a la candidata a decir en su acto final en el Movistar Arena de Bogotá, el domingo, que ella “no gana encuestas, sino elecciones”. Más allá de esa frase, no hubo ataques a De la Espriella en esa jornada. Sin embargo, el trato no fue recíproco, pues, al finalizar el acto, las calles se vieron invadidas por una caravana de autos del outsider.
No era unánime la postura de los militantes que estaban presentes en el cierre de Valencia. Hubo quienes se sintieron muy molestos con la provocación de la extrema derecha, pero los hubo, también, quienes expresaron a la diaria que ven, desde ahora, con muy buenos ojos que quien pase a segunda vuelta sea De la Espriella. Es apoyarlo en segunda vuelta o “volverse Venezuela o Nicaragua”, dijeron.
También el vivo de Valencia en Youtube durante su acto fue cooptado por comentarios de seguidores del “Tigre”, como ha dado en llamarse De la Espriella, que es quien ha volcado más recursos en redes sociales.
Y a Valencia la paciencia se le agotó. Lejos de la cordialidad que manejó en su último acto, esta semana arremetió contra De la Espriella en distintos programas. Cuanto más furibunda está ella, más cordial se muestra el ultraderechista, con la tranquilidad de quien asciende en las encuestas y quien, de ser correcta la previsión, será la cara de la derecha que disputará la presidencia con el oficialista Iván Cepeda.
La maquinaria mediática
El sistema de medios colombiano, que siempre ha estado en manos de la derecha, está jugando fuerte y no necesariamente a favor de Valencia. El miércoles, De la Espriella dio una entrevista de más de una hora junto a su esposa, Ana Lucía Pineda, en el medio Semana. Antes de que comenzaran las internas para estas elecciones, ese medio fue dirigido por una de las precandidatas que compitió con Valencia, Vicky Dávila, quien, al perder, volvió a integrarlo.
Si bien es cierto que al retornar a su rol de periodista realizó una tensa entrevista a De la Espriella, en la que se lanzaron varios dardos, Semana decidió que él fuera el último candidato entrevistado antes de la jornada electoral, con todo lo que eso significa. Fue una entrevista centrada en la disputa con Valencia, en la que el candidato no fue cuestionado por sus múltiples vínculos con el narcotráfico, el paramilitarismo y otros negocios non sanctos.
En cambio, le consultaron al matrimonio por las críticas de Valencia a su candidatura. “Todo el respeto y toda la consideración por Paloma, porque meterse en esto no es nada fácil y ella es presa de las presiones, de la calidad de su campaña, que evidentemente se ha desinflado”, contestó con serenidad el candidato. Y sentenció: “No tiene ninguna posibilidad, entiendo la angustia”.
Fue enfático en marcar que “los únicos enemigos son Petro e Iván Cepeda”. Se le preguntó cómo cree que actuaría Valencia en una eventual segunda vuelta entre él y el candidato oficialista. De la Espriella respondió con la misma seguridad: “A pesar de lo que ella ha dicho en medio de su rabia y desesperación, creo que termina votando acá; no la veo con Cepeda”.
No obstante, lo más interesante vino más adelante, cuando volvió a mostrar los cimientos sobre los que ha construido su candidatura. “A mí no me tienen acá los partidos políticos a los que rechacé, me tiene el fervor popular y la decisión de Dios”, afirmó. Bajo esa premisa, concluyó: “Entonces, pensar que ella es dueña de unos votos, que alguien es dueño, no sé hasta dónde sea posible, porque aquí el pueblo es el que decide, y esa alianza ya la hice con Dios y los colombianos”.
El argumento de el elegido es el relato que ha construido y parece estarle funcionando, habida cuenta de los fieles que se han acercado a su campaña. Una supuesta elección de Dios, lógicamente, solo puede sostenerse sobre la base de la fe de la gente.
Pero hay una explicación en el plano de lo constatable, compartida por cualquier politólogo, que también fue expuesta con meridiana claridad en la entrevista. “Las bases del Centro Democrático están acá hace rato. Porque yo represento la verdadera doctrina uribista. Es un legado a la democracia colombiana, un legado que no tiene dueño”, argumentó.
“Lo que hice –prosiguió– fue recogerlo y actualizarlo y las bases entendieron que quien representa esa visión del país soy yo”.
El politólogo de la Universidad del Norte, Ángel Tuirán, manifestó en diálogo con la diaria que, efectivamente, Uribe estaría “jugando con dos candidatos” y que “el uribismo es, en la práctica, una forma de entender la sociedad colombiana, de entender la economía, la política”.
Tiene la certeza de que “el uribismo iría a segunda vuelta donde Abelardo, que ha mostrado su cercanía” con el expresidente, “y reconocido su liderazgo, pese a apostar a una derecha posuribista”.
Más allá de la calma de De la Espriella en la entrevista mencionada, el candidato reiteró críticas que ya había hecho a Valencia, aunque sin nombrarla abiertamente. Una vez más, la cuestionó por tener como candidato a vicepresidente a Juan Daniel Oviedo, que le ha llevado la campaña un poco hacia el centro.
“Yo no he cambiado de discurso, no me he acomodado por las circunstancias, no elegí un vicepresidente por unos votos o por moda”, afirmó. El “por moda” se refiere a la homosexualidad de Oviedo y su defensa de la nueva agenda de derechos.
Esa entrevista exasperó más los ánimos de Valencia, que contraatacó entrevistada en Blu Radio por todos los frentes. “Estuve aquí defendiéndonos de Petro, mientras el doctor Abelardo estuvo en Florencia, buscando setas y tomando ron”, lanzó la candidata en referencia al sitio donde vivía De la Espriella hasta volar a Colombia a hacer campaña. El candidato tiene residencias en Italia y Estados Unidos.
Valencia también aseguró que, si pierde, seguirá en el país “liderando a la oposición”. Esto fue una respuesta a lo dicho por la esposa de De la Espriella en la entrevista con Semana, en la que aseguró que no habría ningún problema si su esposo no ganara: “Tenemos la vida resuelta, vivimos en otro país, vamos a Colombia si queremos”.
Además, la candidata dijo que él y Cepeda “son demasiado iguales”. En ese sentido, criticó las formas que, piensa, son comunes: “Se terminó pareciendo mucho más a Petro, a Cepeda, en la política del espectáculo”. Una política distinta a la suya, que definió como “de la seriedad, del orden, de la familia”.
En Blu Radio le preguntaron qué pasaría con De la Espriella si fuese ella la que pasara a segunda vuelta, a lo que contestó: “Nosotros vamos a ganar y aquí es bienvenido todo el mundo”.
En cuanto al legado del uribismo, manifestó que De la Espriella “nunca estuvo en ese tren”, sino “entregado a hacer plata y enriquecerse”.
Semana resumió los dichos de la candidata en este titular: “Paloma Valencia perdió el rumbo y se ahoga electoralmente peleando sola”.
Por su parte, el medio El Heraldo publicó esta semana un editorial en el que anunció que respaldará a De la Espriella. “En todo caso, no renunciamos, si es que De la Espriella vence, a vigilar su ejercicio en el poder para evitar abusos, actuando como contrapeso fiscalizador de su gestión y exigiendo que rinda cuentas”, concluye el anuncio.
En su acto final en Barranquilla, Cepeda arremetió contra El Heraldo: “Deplorable, muy deplorable. Un diario de tradición liberal que hoy se arrodilla ante las mafias y respalda la opción fascista”.
¿A quién prefiere enfrentarse el progresismo?
Cepeda continúa primero y con holgura en los últimos sondeos pese al crecimiento de De la Espriella. Curiosamente, la excepción es AtlasIntel, contratada por Semana y observada por el Consejo Nacional Electoral, que da un empate técnico en primera vuelta entre ambos con, aproximadamente, 37% cada uno.
Desde la campaña de la candidatura oficialista, las predicciones difieren entre sí. “Hay mucho triunfalismo en este lado, pero yo dije desde el principio, como politóloga, que si analizamos las anteriores elecciones, se ha ido a segunda vuelta, y haciendo las cuentas, no tenemos los 13 millones de votos necesarios” para triunfar en primera, dijo a la diaria la exviceministra de Interior para el Diálogo Social, la Igualdad y los Derechos Humanos Lilia Solano.
“Era obvio que la planeación de la campaña no debió estar siempre con los nuestros, sino ir a buscar, como yo digo, no a los creyentes, sino a los que no están convertidos”, agregó. Solano no piensa solo en la militancia, sino en los candidatos de centro que siguen en competencia, aunque sin llegar al 2% de intención de voto: Claudia López, Sergio Fajardo y Roy Barreras.
En tanto, Tuirán ve una fortaleza en la elección que se hizo en la campaña de Cepeda. “Hay una fórmula muy muy sintonizada en lo ideológico, es una fórmula interna, cerrada”, explicó en referencia a la elección de la lideresa indígena Aída Quilcué como número dos de Cepeda. Pero Tuirán va más allá de la fórmula: “Esta candidatura ha tenido menos señalamientos de alianzas con sectores de la política tradicional, con lo que se conoce en Colombia como las castas políticas, estos capitanes o caciques territoriales”. Para el politólogo, se trata de un acierto de esta campaña. “Esto no quiere decir que no existan, que no estén en la campaña, pero no son visibles”, aclara.
Por su parte, Solano tiene la certeza de que a Cepeda le conviene ir a una segunda vuelta con De la Espriella y no con Valencia. “Hay un centro que podría votar por Paloma, indecisos que también podrían estar cerca de ella o las otras candidaturas de centro en primera vuelta, que podrían sumarse al programa del Pacto Histórico en la segunda”. Además, señala que es más difícil competir contra Valencia “porque el uribismo se ha consolidado en el poder por décadas”, mientras que De la Espriella “tendría que comprar demasiados votos para ganar”.
Tuirán coincide en que, si Valencia pasara al balotaje, podría “disputarle los votos de centro a Cepeda” y para el oficialista sería “más difícil crecer”. Plantea, por otro lado, “que el cálculo es que podría también crecer menos en el sector de indecisos”, si la competencia fuese con Valencia.
En estas hipótesis, Solano también suma la consideración de que quienes se decidan por no ir a las urnas puede favorecer a Cepeda. Ese porcentaje, en Colombia, ronda el 40%.
Ella reflexiona sobre De la Espriella: “Él es misógino y en la costa les parece bien, es mucho de la cultura paramilitar, de esa influencia, pero asusta mucho que un tipo como él logre llegar a la segunda vuelta, ¿no?”. “¿Qué tipo de país es este?”, pregunta en el intento de desentrañar cómo, con esas características, siendo “peor que un narco, porque roba a los narcos, siendo su abogado”, podría ser presidente. Renglón seguido se responde, en un repaso instantáneo por las décadas de violencia, corrupción y profunda desigualdad en Colombia: “O lo contrario, es obvio que, con esta historia, un defensor de narcos, ladrón y misógino, sea el candidato”.
La apuesta es que, en los 20 días de campaña que habrá entre primera y segunda vuelta, el oficialismo muestre “toda la información que hay para probar que sería lo peor”. “Eso es más fácil que ir contra el uribismo”, reitera.
La voz de quienes pueden mover la aguja
En el caso de Barreras, anticipó esta semana, pese a sus críticas a Cepeda durante la campaña, que en segunda vuelta no acompañará “a la extrema derecha”. Irá con el progresismo “esperando que se abra al diálogo”.
En cuanto a Fajardo, fue invitado por Valencia a “tomar un café”, encuentro que se concretó el sábado con la condición que puso el convidado de que fuese filmado para que la ciudadanía pudiese verlo. El intercambio no arrojó los resultados que la candidata esperaba. El centrista no va a bajarse de su candidatura ni se comprometió a acompañarla si ella pasara a segunda vuelta.
Por su parte, la candidata Claudia López, que se define como una mujer de “centroizquierda moderna que cree en la justicia social”, confirmó entrevistada el miércoles por el programa Sin Anestesia que el cálculo que hacen desde la campaña de Cepeda es correcto. Si se enfrentara a De la Espriella en segunda vuelta, el triunfo estaría más cerca para el progresismo. “Yo con Paloma y con Iván me llevo bien, confronto ideas, pero sé que ambos son decentes; en cambio, Abelardo de la Espriella me parece un tipo oscuro”, sostuvo López.