la diaria Medio Oriente

Combatientes leales a las autoridades hutíes se reúnen durante un acto de reclutamiento, l 10 de septiembre, en Saná. Foto: Mohamed Huwais, AFP

Yemen: la ofensiva rebelde pone en jaque a Arabia Saudita

Cuando la situación en Medio Oriente parecía estancada, el avance de los rebeldes yemeníes sobre el mar Rojo complica aún más la situación de Estados Unidos y sus aliados en la zona.

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Tras una semana de ofensiva, los rebeldes yemeníes conocidos como hutíes derrotaron rápidamente a las fuerzas “gubernamentales” apoyadas por Arabia Saudita y Estados Unidos y ocuparon diversas ciudades de la costa occidental del mar Rojo –así como varias islas estratégicas–, lo que les permitiría el total control del tránsito por esa vía. Por eso, el devenir del conflicto en el país más pobre de la península arábiga se torna aún más relevante en la cambiante realidad geopolítica de Medio Oriente.

Yemen, un país pobre entre las monarquías ricas

La República del Yemen está situada al suroeste de la península arábiga. Tiene una superficie de 455.000 km², de los cuales 2.500 kilómetros son de costa repartida entre el mar Rojo y el mar Arábigo, y limita al norte con Arabia Saudita y al este con Omán. Con unos 43 millones de habitantes, es el país más poblado de la península. Tiene llanuras costeras utilizadas en agricultura, zonas desérticas y la capital, Saná, con una población de casi cinco millones, está ubicada en la región montañosa cercana al mar Rojo.

El árabe es el idioma oficial y la inmensa mayoría de la población practica el islam, mayoritariamente de distintas corrientes sunitas. También hay fuerte presencia chiita de una rama exclusiva yemení, el zaidismo. Los hidrocarburos han sido la columna vertebral de su economía, aportando cerca del 25% del PIB y la gran mayoría de los ingresos fiscales, si bien el conflicto interno ha afectado el rubro. El PIB per cápita (PPA) de Yemen es de solo de 1.657 dólares/año, ubicándose en el lugar 194º a nivel mundial.

La guerra civil y la injerencia de Arabia Saudita y Estados Unidos

La historia reciente yemení es compleja. Resumidamente, en 2011, en el contexto de la llamada Primavera Árabe, miles de yemeníes se movilizaron y provocaron la caída de quien gobernó el país por más de 30 años. Eso abrió un período de transición en el que los intereses de las monarquías del Golfo se fueron cruzando, se generó inestabilidad política recurrente, desempleo descontrolado, corrupción y divisiones en el ejército. En 2014, un grupo de la minoría chiita zaidí del norte del país avanzó sobre la capital, logró capturarla y obligó a huir a quien fungía de presidente, que buscó refugio en Arabia Saudita. Ese grupo había sido fundado a inicios de 1990 por hermanos de apellido al-Houthi –de ahí la denominación de “hutíes” utilizada en Occidente–, pero el nombre del grupo rebelde es Ansar Alá (“Partisanos de Dios” en árabe). Los saudíes, constatando que chiitas cercanos a su rival regional, Irán, controlaban parte de Yemen, conformaron una coalición militar de países sunitas con apoyo occidental, para bombardear a los hutíes y restaurar el gobierno exiliado. La intervención internacional no logró desalojar a los hutíes del norte de Yemen y el conflicto se estancó, provocando la destrucción de la infraestructura básica y bloqueos económicos brutales que causaron una profunda crisis humanitaria.

Cuando, en 2015, los saudíes intervinieron directamente en Yemen, Estados Unidos, gobernado por Barack Obama y luego por Donald Trump, dio apoyo técnico y militar a esa campaña sin entrar en combate directo. En febrero de 2021, el presidente Joe Biden puso fin a ese respaldo. Pero luego, dos años y medio después, cuando el ejército israelí avanzó sobre Gaza, y los hutíes, en solidaridad con los gazatíes, lanzaron proyectiles hacia Israel y bloquearon el tránsito comercial de barcos vinculados con ese país en el estrecho de Bab el-Mandeb, Estados Unidos envió buques de guerra a derribar los misiles y drones yemeníes. Posteriormente, fuerzas estadounidenses, y también británicas, atacaron por meses con aviones y misiles instalaciones hutíes en el interior de Yemen, debilitando su infraestructura y provocando muchas bajas civiles colaterales. En mayo de 2025, Omán medió un acuerdo entre los hutíes y Estados Unidos por el cual el gobierno de Donald Trump detenía los bombardeos tras el anuncio de los hutíes de interrumpir sus hostilidades hacia buques estadounidenses. El pacto no cubría las acciones hutíes dirigidas contra Israel. A partir de allí comenzó un impasse con una frágil tregua entre Arabia Saudita y los hutíes yemeníes. Estos continuaron controlando Saná y la región más populosa de Yemen, y el “gobierno reconocido” por los saudíes y otros países lo hizo en otras ciudades y en territorios menos habitados.

El nuevo ataque saudí

El 13 de julio, la coalición liderada por Arabia Saudita bombardeó la pista del aeropuerto de Saná para impedir el aterrizaje de un avión comercial iraní que traía de regreso a yemeníes que habían acudido a las exequias del asesinado ayatolá Jamenei. La acción sorprendió a todos. Los saudíes han sido hasta ahora los menos afectados por el bloqueo del estrecho de Ormuz, pues su petróleo tiene cierta salida a través de oleoductos que dan al mar Rojo. En ese contexto, que se provoque una ampliación del conflicto confunde a los analistas. Ante la acción, los hutíes respondieron bombardeando con misiles la mayor refinería saudí en Jizan, sobre el mar Rojo, y anunciaron el bloqueo al tránsito marítimo saudí por el estrecho de Bab el-Mandeb.

El estrecho de Bab el-Mandeb (la “Puerta de las Lágrimas” en árabe) conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y el océano Índico, sirviendo como entrada obligatoria al canal de Suez. Se estima que por él transita alrededor del 15% del comercio mundial de mercancías y petróleo. En la zona más angosta, la distancia entre las costas de Yemen y los países africanos Yibuti y Eritrea no supera los 29 kilómetros. La isla yemení de Perim, tomada ahora por los hutíes, genera dos canales, de los que uno, profundo y ancho, permite el tránsito de los grandes buques y petroleros.

La actual ofensiva hutí y los posibles auxilios a Arabia Saudita

Los hutíes continúan avanzando sobre otras ciudades yemeníes y regiones controladas por las fuerzas prosaudíes. Arabia Saudita solicitó apoyo tanto a Estados Unidos como a sus aliados Turquía y Pakistán. Formalmente, rige aún el acuerdo mediado por Omán entre Estados Unidos y los hutíes antes referido. Según el portal Axios, “la directiva de Trump es mantener a las fuerzas estadounidenses centradas en Irán y en la protección del estrecho de Ormuz, evitando al mismo tiempo la apertura de otro frente militar”. Para no reconocer eso, el sábado 12 Trump dijo: “Los hutíes nos llamaron y no quieren luchar contra nosotros”.

El foco se ha puesto sobre cómo actuarán Pakistán y Turquía, con quienes Arabia Saudita firmó en agosto pasado un acuerdo de defensa mutua, conocido como Pacto de la Meca, que aún se encuentra en fase de estructuración organizativa e institucional, incluidas las reglas de enfrentamiento, los mecanismos de consulta y la defensa y disuasión colectivas.

Trascendió que funcionarios saudíes se reunieron en Riad con representantes militares de Pakistán y Turquía para coordinar su respuesta, acordando que sus tropas no entrarían en Yemen y que cualquier respuesta se lanzaría desde territorio saudí. Se sostiene que el Pacto de la Meca es defensivo y se limita a la protección del territorio saudí. Pakistán podría proporcionar apoyo militar, técnico, terrestre o aéreo dentro de Arabia Saudita, pero no participar en combate en territorio extranjero. 

Pero Islamabad también ha estado buscando mecanismos diplomáticos para disminuir la escalada. Instó a Irán a frenar a los hutíes para que no ataquen Arabia Saudita ni amenacen el estrecho de Bab el-Mandeb. En relación a esto último, ya el portavoz hutí, Yahya Saree, declaró “que la navegación marítima es segura para todas las compañías de transporte... la ruta [solo] está prohibida y no es segura para los buques de Arabia Saudita”. Los hutíes plantean un contrabloqueo a los saudíes como alternativa al que sufren desde hace un decenio.

El error estratégico que significó el ataque de Estados Unidos a Irán, promovido por Israel, queda en evidencia cada día. Lo que sería una incursión de unos días viene durando meses y transformando las relaciones de fuerzas regionales. Las bases estadounidenses, claves para apoyar a Arabia Saudita en su bloqueo a los rebeldes yemeníes, están mayoritariamente destruidas. Arabia Saudita, que invirtió billones de dólares en armamento militar, parece ser incapaz, sin el apoyo estadounidense, de controlar al poder emergente dentro de Yemen. Ahora bien, ¿logrará hacer jugar el Pacto de la Meca a su favor, involucrando a Turquía y Pakistán en su propio conflicto? Y en ese caso, ¿estarían dispuestos esos aliados a enviar tropas a enfrentar en el terreno a los hutíes? No parece ser el caso, y Arabia Saudita deberá probablemente encarar la guerra con su vecino en soledad o transitar vías de negociación. Mientras tanto, la cotización del barril de petróleo ya superó nuevamente los 100 dólares.

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