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Los límites de la democracia

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Desde hace algunos años veo la democracia más como una amenaza que como una garantía. Es que encuentro inconsistente que el Estado determine el voto obligatorio, siendo que este, antes de serlo, es una opinión. Las opiniones son únicamente subjetivas, por lo tanto, el Estado carece de autoridad para introducirse en la mentalidad del ciudadano y obligarlo a que para una determinada fecha tenga madurada una definición. Pero resulta que aun sin asistirle derecho a hacerlo, lo legisló de ese modo. O sea, extralimitándose de sus atributos. En caso de que el ciudadano no vote, se le aplicará una multa o se le impedirá hacer ciertos trámites. En síntesis, debe concurrir a votar bajo amenaza de sanción. Quiere decir que la opción de votar no es libre, sino que vota bajo amenaza... y en ese momento el Estado arruinó el proceso electoral. El voto es obligatorio desde la década de 1960 y hasta ahora no se corrigió esta incongruencia (notoriamente la filosofía no es bienvenida entre los políticos).

De modo que las elecciones tienen lugar con la ciudadanía obligada a votar, le guste o no. Las encuestadoras nos van dando un panorama de la evolución de los favoritismos a lo largo de todo el período, pero ya faltando pocos meses se acerca la definición.

Me interesa señalar la evolución de los indecisos, que resulta definitoria. Cinco meses antes de octubre de 2024, los indecisos alcanzaban el 17%. Tres semanas antes de la elección habían disminuido al 13%, pero entonces la distancia entre los bloques era del 3%. O sea, los indecisos cuadruplicaban esa diferencia. Esto significa que las decisiones más importantes de la elección, que son la presidencia y la mayoría parlamentaria, las definen aquellos que menos información o interés tienen en el tema. En la última semana la relación indecisos/bloques disminuye, pero de todos modos los primeros superan a los segundos por varias veces. ¿En qué tema de la vida se procede con el criterio de que los menos interesados tomen la decisión? En ninguno. Indecisos habrá siempre, pero ¡no los obligues a votar!

Las decisiones más importantes de la elección, que son la presidencia y la mayoría parlamentaria, las definen aquellos que menos información o interés tienen en el tema. Etiquetas: elecciones, voto, voto obligatorio, indecisos

Ahora, un caso anecdótico. En una reunión familiar, una adolescente cuenta que en su casa, su madre y las amigas votaron a Andrés Ojeda porque era el más lindo, y en las elecciones anteriores, a Juan Sartori. Esto nos aclara que para un sector de la población las elecciones son un concurso de belleza, pero si recordamos el video de la propaganda de ese candidato… bueno, para él también.

Si nos manejamos con un criterio técnico, no se nos ocurriría introducir un factor de error artificialmente, porque cuando vamos a controlar nuestro trabajo no funcionará y debemos encontrarlo y corregirlo. Pero en este caso el legislador lo mantiene durante 60 años. De otro modo, si uno desea obtener un buen resultado en su procedimiento, debe ser cuidadoso con el método que emplea. O para ser más claro: si el método incluye componentes cuya influencia desconocemos o que son incompletos, el resultado en consecuencia será insatisfactorio (en este caso introducimos factores que deforman los datos de una manera que no podemos cuantificar). Por el contrario, si somos cuidadosos y no nos permitimos errores, a la larga o a la corta el fruto será satisfactorio.

También debemos atender a otras particularidades del diseño que afectan las consecuencias:

  1. Las listas electorales pueden contener candidatos y suplentes que a menudo sobrepasan el centenar, a los cuales el votante está confirmando sin siquiera conocerlos.

  2. Ni a los candidatos a legisladores, ni presidenciales o a intendentes se les exige ningún nivel de calificación para el cargo que ejercerán. Comparémoslo con el ejercicio de un oficio. Ya sea para manejar una moto, para ser electricista, enfermera, etcétera, uno debe acreditar competencia en esa especialidad, pero para legislar, no. No es necesario: con tener los suficientes votos alcanza.

  3. En conclusión: obligamos a votar a cualquiera, aunque no le interese el tema. Si además a aquellos que son elegidos los premiamos con altos sueldos, ningún control y privilegios (viáticos y fueros parlamentarios), lo que estamos promoviendo es la incompetencia. También es cierto que estos parlamentarios son asesorados por personal idóneo, pero, en definitiva, los que redactan y aprueban son los elegidos, y no es raro que desoigan las opiniones de los especialistas.

Por supuesto que considero valiosa la participación de funcionarios honestos y competentes que trabajan para el desarrollo de la sociedad, pero ¿a quién le gusta trabajar en un equipo donde una mitad se esfuerza por mejorar y la otra mitad por empeorar?

En definitiva: la democracia, así como funciona actualmente, no coincide con su definición de “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Los medios de información y las redes sociales son factores que favorecen en gran medida a los grandes capitales, a sus intereses, y contribuyen a una mayor acumulación y a formar opinión pública favorable a esos intereses, lo que constituye un mecanismo de involución y no de desarrollo.

Queda mucha tela por cortar, por ejemplo, profundizar más en las debilidades institucionales y qué alternativas tenemos, pero eso quedará para otro día.

Luis Sobrino es militante del Frente Amplio, fue preso político y exiliado.

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