la diaria Posturas

Ilustración: Ramiro Alonso

Lo que sabemos y lo que ignoramos sobre la propuesta de Solaria

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El 14 de octubre, el presidente de la República, Yamandú Orsi, firmó un acuerdo con la empresa española Solaria para desarrollar un proyecto que incluye centros de datos y parques fotovoltaicos con una inversión proyectada de 5.700 millones de dólares. El anuncio disparó de inmediato una discusión multifacética que va desde interpretaciones que lo relacionan con destrucción de centros de datos por los drones iraníes hasta críticas airadas del tipo “que se vayan todos”. Intentaremos hacer un resumen equilibrado.

La palabra es “sustentables”

Hay una corriente, que creo razonable calificar de ludista, que está en contra de los centros de datos y punto. Es muy divertido que publique en las redes sociales y que tenga blogs y foros de discusión. Señoras y señores: esas herramientas utilizan centros de datos.

A mí me hace acordar a la consigna “no a las papeleras”, que traducida al español antiguo implica “no al papel”. Porque, de otro modo, es “no a las papeleras en mi país” y eso quiere decir que si naciste 50 centímetros al otro lado de la frontera entonces me importás un comino. Triste postura si las hay.

Sin centros de datos no hay inteligencia artificial, pero tampoco hay internet, streaming de video, celulares inteligentes, gobierno electrónico y mundo digital como lo conocemos hoy. Por eso lo que tenemos que exigir es sustentabilidad, el desarrollo de las actividades humanas garantizando que las generaciones siguientes van a poder seguir haciendo lo mismo que hacemos nosotros. Con ese criterio es que analizamos el anuncio.

La inversión y sus características

Lo primero que hay que decir es que, como en cada uno de estos anuncios, todo lo que se afirma está sujeto a revisión futura, por lo que hay que tomarlo con pinzas. En ese contexto, comencemos por que el acuerdo parece más sólido que otros, por ejemplo, el de HIF Global, al que Ramón Méndez, exdirector nacional de Energía, calificó como “proyecto de papel” que hoy “no existe”.

La inversión está planificada en dos etapas; la primera, con un centro de datos de 200 MW, y la segunda, con 300 MW. En la primera se construirá la planta fotovoltaica, que tiene capacidad de proporcionar el 35% de los 200 MW. El resto de la energía la proporcionará UTE. Tanto los centros de datos como las plantas de producción de energía operarán dentro de una zona franca.

Solaria es una empresa de porte, que cotiza en bolsa en España e integra el índice IBEX 35 de dicha bolsa, enfocada en la producción de energías limpias. Ya tiene dos parques fotovoltaicos en Uruguay dentro del ecosistema de generación limpia de UTE. No tiene experiencia en centros de datos; incluso su área Solaria Datacenters, según su sitio web, se dedica a proveer energía a los centros de datos, no a construirlos, gestionarlos o comercializarlos. Está previsto que en 2027 se cierren los detalles –tarea no menor– para que la primera etapa del proyecto comience a construirse en 2028.

Las inversiones en centros de datos tienen varios puntos críticos: agua, energía y empleo como los centrales. Veámoslos uno por uno, a partir de la entrevista que Martín Rodríguez le realizó a Alejandro Sánchez en La mañana de la diaria.

Comencemos por el agua. Prácticamente toda la energía que consume un data center es transformada por los chips en calor. Lo que se consume en “mover los electrones” adentro del chip es ínfimo. Ese calor se saca para afuera del recinto con una manguera muy larga de agua que recorre todas las estanterías (racks, en la jerga técnica), en un circuito cerrado. Hasta ahí no hay gasto de agua; el problema es afuera del edificio. La forma más barata de enfriarlo es hacer una gran serpentina y rociarla con abundante agua para que se evapore y en la evaporación consuma el calor. Ese sí es el problema. Hay dos alternativas a la evaporación para eliminar el consumo: utilizar aire y utilizar también allí un circuito cerrado de agua. Dice Sánchez: “Solaria tiene dos alternativas: una es que pueda ser sin agua, y la otra alternativa, para mitigar este problema, es que sea un circuito cerrado de agua”. En principio, según lo manejado, no habría un inconveniente con el agua.

Desde el punto de vista de la energía, lo primero es que, como se señaló más arriba, el parque fotovoltaico incluido en el proyecto cubre apenas un 35% de la energía de los centros de datos de la primera fase y 13% del proyecto terminado. El resto Solaria debería comprarlo a UTE. El problema central es el precio al que UTE le venderá la energía. En la entrevista, Sánchez afirmó que “los contratos de energía eléctrica o el pago de la energía eléctrica a UTE está dentro del rango de lo que ya existe hoy en el data center de Google, para decirlo de alguna manera”, y luego complementó sobre el precio de Google: “Es público, creo que anda en los 70 dólares”. El precio del contrato con Google es confidencial y no hay información pública al respecto, pero no vamos a dudar de la palabra de Sánchez. Punto para el trabajo periodístico de Martín Rodríguez.

En la discusión sobre HIF Global se transparentó que le está proponiendo a UTE comprar la energía a 45 dólares, mientras que se manejan entre 60 y 65 dólares el precio de seguridad, por lo que 70 dólares sería un valor que dejaría ganancia a la empresa estatal.

Como antesala del análisis de la creación de empleos, es importante citar al presidente Orsi en su intervención en el evento organizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Nueva York, paralelo a la cumbre de las Naciones Unidas, específico sobre la inteligencia artificial. Allí afirmó que “si una inversión deja únicamente servidores, habrá dejado un depósito de hardware. Si, además, deja investigadores, emprendedores y trabajadores capacitados, habrá construido capacidad”. Es obvio que cuando dijo esto la negociación con Solaria estaba muy avanzada, lo que genera un buen augurio.

El anuncio habla de 3.700 puestos de trabajo en la construcción y 1.500 puestos de trabajo en régimen de funcionamiento. Los primeros no están en cuestión y siempre son bienvenidos, la discusión es sobre los últimos. Las inversiones en centros de datos generan relativamente pocos puestos de trabajo. Por ejemplo, en el sector turismo, con una inversión 20 veces menor se generan cientos de puestos. Pero 1.500 puestos es una cifra muy interesante. El centro de datos que construyó y está a punto de inaugurar Google en el departamento de Canelones generará apenas 50 o 60 puestos de trabajo con una inversión en el entorno de los 860 millones de dólares. Haciendo la cuenta brutal, eso es cuatro veces menos que el emprendimiento de Solaria, por lo que el proyecto de la española, si bien está lejos de otras industrias, parece estar alineado con la afirmación del presidente.

Dudas razonables

Quienes hacen un anuncio como el de los centros de datos de Solaria son tan prudentes en cada palabra, usan con tanto ahínco el condicional, que la andanada de dudas y conjeturas se torna infinita. Nos restringimos aquí a las que consideramos razonables en el contexto de esta nota, sabiendo que nos quedaremos cortos.

Sin centros de datos no hay inteligencia artificial, pero tampoco hay internet, streaming de video, celulares inteligentes, gobierno electrónico y mundo digital como lo conocemos hoy.

La primera duda es sobre la zona franca, que no está ni en discusión. ¿No hay ninguna otra forma que renunciar a todos los impuestos antes de empezar a hablar? ¿No podremos cobrar ni un pelín; siempre es nada? Deberíamos, como país, tener alternativas de fomento más equilibradas, por ejemplo, el primer año 0%, el segundo 1%, el siguiente 2% y así hasta el 10% o el 15%. También se podría plantear cero impuestos para la construcción, pero no para la operación. Parece razonable pensar que garantizar impuestos cero por 40 años sin siquiera negociar es una alternativa que privilegia los 3.700 puestos de trabajo y la inversión en la obra en este período de gobierno en detrimento del desarrollo futuro del país.

La segunda es sobre los propios centros de datos y, a partir de ellos, los puestos de trabajo generados. No está para nada claro qué es lo que incluye el proyecto sobre los centros de datos. En el anuncio de prensa de la página web de Solaria se afirma: “Solaria asumirá el desarrollo y la operación de la zona franca, proporcionando suelo, infraestructuras y servicios a los grandes operadores de centros de datos”, lo que da a entender que Solaria planea construir la infraestructura para alojar equipamiento que proporcionarán los “grandes operadores de centros de datos”, el mismo modelo que está proponiendo Antel en su nuevo centro de datos.

Pero para una infraestructura de centro de datos sin equipamiento no se necesitan 5.700 millones de dólares: se necesita muchísimo menos, por lo que se abre la duda razonable de qué está incluido en la inversión y qué no. Y a partir de esta duda entra la de los 1.500 puestos de trabajo en operación. ¿En qué tareas se desarrollan? Los parques fotovoltaicos no generan demasiados empleos en régimen: una decena cubre un parque de 100 MW. Y si el centro de datos no tiene equipamiento, ¿qué hacen los otros 1.490 empleados? Este es un punto crucial que necesita ser aclarado.

Las etapas no tienen dudas por sí mismas, se sabe que la primera etapa va a incluir un centro de datos y la planta fotovoltaica. Pero en la página web de Solaria se afirma que “la nueva capacidad solar y la demanda eléctrica del campus se desarrollarán de forma coordinada, vinculando el crecimiento de las infraestructuras digitales a la incorporación de nueva generación renovable”. Una lectura atenta deriva de esta afirmación que van a ir construyendo en la medida en que vayan vendiendo, siguiendo la línea de que el centro de datos no incluye los equipos y el software, que eso lo proveen los clientes. Y entonces no queda claro dónde está la frontera real de la inversión inicial en la primera etapa; solo queda claro que está lejos de los 5.700 millones de dólares del anuncio.

Dentro del tema etapas, y sumado a lo anterior, la fase 2 del proyecto es condicional incluso con la fase 1 firme. No es un puente en el que hacés la mitad desde una orilla en la fase 1 y la mitad desde la otra orilla en la fase 2, por lo que, si no están ambas, no sirve para nada. La fase 2 es más parecida a una hipótesis de trabajo que a un plan firme. Si les va realmente bien, capaz que en 2040 hay una fase 3; ¿quién puede decirlo hoy?

A diferencia de lo que sucede con la inversión de HIF Global, donde UTE parecería condenada a un negocio ruinoso para subvencionar su viabilidad, en el proyecto Solaria todo hace pensar que la venta de energía será un negocio provechoso. Pero no está claro cuánto debe invertir UTE para que sea viable, dado que es necesario construir las líneas de transmisión que conecten la generación tanto de Solaria como de la propia UTE con los centros de datos. Y tal vez sea necesario aumentar la capacidad de generación. Según El Observador, en nota del 21 de octubre, esta inversión es de 120 millones de dólares. ¿Cuánto tiempo se necesitará para amortizar estas inversiones? ¿Hay que invertir 120 millones todo junto o, como afirma Solaria, se pueden ir desarrollando de forma coordinada con el crecimiento de las infraestructuras digitales? Si UTE invierte 120 millones y después el centro de datos no tiene suficientes clientes, ¿quién asume la pérdida? Todo esto requiere ser aclarado.

Dentro de los aspectos ambientales hay varios puntos sobre los que no hay información alguna. El primero es el calor disipado. Parece claro que no se consumirá una cantidad desproporcionada de agua para disipar el calor producido, pero nada se dice sobre el propio calor. Volcar esa cantidad de calor sin más en el lugar calentará varios grados un área de varios cientos de metros a la redonda del centro de datos, lo que no es ambientalmente neutro. Tampoco se aclara sobre ruido, distancia de separación con centros urbanos y otros aspectos ambientales relevantes.

Una duda que está planteada, en particular por la oposición, es sobre la financiación real de la inversión. Lo destacó por ejemplo el exministro de Energía Omar Paganini. Se entiende que el ministro del gobierno de Lacalle, que firmó el acuerdo con HIF Global, esté preocupado. Es que la inversión con HIF Global no tiene ni clientes ni mercado y por lo tanto es bastante difícil convencer a alguien de que aporte unos miles de millones de dólares. El caso Solaria es bien distinto: el mercado de centros de datos es pujante y hay capital de sobra interesado en este tipo de negocios. Las empresas no hacen estas inversiones con capital propio y es razonable que Solaria busque capital para la inversión en el momento de realizarla, algo que es muy factible asumir que conseguirá sin contratiempos.

En resumen

Estamos frente a un proyecto real que, sabemos, no es de 5.700 millones de dólares, sino mucho menor. Es un proyecto interesante. Para los parámetros de los proyectos de centros de datos, el anuncio tiene afirmaciones que hacen pensar en un desarrollo sostenible, con una generación de empleos moderada, aunque sin pagar impuestos ni para construirlo ni para operarlo.

Quedan demasiadas dudas como para tomar una decisión, por lo que el diagnóstico debería ser de “apoyo condicionado a la evolución”. Como siempre, esa evolución será mejor cuanto más alerta y movilizados estemos.

Daniel Mordecki es docente de Usabilidad y fue director ejecutivo de Agesic.

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