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Un fantasma recorre Europa, se llama vivienda popular

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Las movilizaciones masivas que se suceden en España desde hace días han contagiado ya a otros países, Irlanda, Portugal, Países Bajos, entre otros. La gente le dice basta a la vivienda como mercancía y ello demuestra los resultados que da el mercado como regulador del problema de la vivienda.

El tema de la importancia de la inversión en viviendas a las que no alcanza la gente que verdaderamente necesita, la impresionante rentabilidad que se le quiere sacar al suelo urbano, el extractivismo inmobiliario, el fenómeno de la financiarización y gentrificación es esto lo que produce.

Los cantos de sirena de que esta forma de impulsar la vivienda genera trabajo e inversiones extranjeras se hace trizas frente al reclamo masivo de la gente en estos países europeos.

La importancia de esta movilización llevó al adelanto de elecciones en España, presionados por la masividad y la aprobación de la protesta por la mayoría de la población.

No existe posibilidad alguna de resolver el problema de la vivienda para los sectores que no tienen capacidad de ahorro si el Estado no se involucra directamente en la financiación como uno de los instrumentos políticos fundamentales para atacar el déficit habitacional en cualquier país.

No existe posibilidad alguna de resolver el problema de la vivienda para los sectores que no tienen capacidad de ahorro si el Estado no se involucra directamente en la financiación

Basta ya de que los Estados sean facilitadores del capital de la construcción e inmobiliario. El otro tema es ponerle freno a la voracidad del capital por la rentabilidad del suelo, y tomar a la vivienda como algo que da más intereses que los bancos y de allí la inversión en tantos ladrillos. Basta de seguir cambiando las categorías de suelo rural por urbano, después que compran hectáreas baratas con la categoría de rurales.

Basta ya de anteponer la inversión al destrozo ambiental, donde el capital vende cara la naturaleza y la compra muy barata, importándole muy poco los destrozos ambientales que se puedan producir.

La propuesta del Consenso de Washington de que los Estados se desvincularan del tema de la vivienda y que solo debía cumplir un rol de facilitador, propuesta aplaudida por los neoliberales y puesta en práctica liquidando la financiación estatal, nos trae estos lamentables resultados.

Volvamos a los principios rectores de la ley nacional de vivienda de nuestro país, me refiero a la ley 13.728 aprobada el 17 de diciembre de 1968, envidiada en el mundo y mutilada en temas claves a lo largo de los años.

Gustavo González es senador del Partido Socialista, Frente Amplio.

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