La guerra mundial demuestra el agotamiento de un sistema irracional como el capitalista, que no se puede dudar de que tuvo larga vida, pero cada vez más se generan situaciones putrefactas socialmente y terriblemente barbáricas.
Hay que oponerse terminantemente a la guerra capitalista; esta es una de las grandes tareas de la izquierda. Se trata de levantar la consigna de la paz mundial hoy más que nunca.
¿Cuál es el problema de construir diez metros cuadrados más? Es obvio que lo que más les molesta es que se ponga en cuestión una ley como la de vivienda promovida, que les otorgó un negocio extraordinario.
Estoy convencido, desde que estudié la propuesta realizada por el movimiento sindical, de que no solamente es acertada, sino que, al contrario de debilitar al gobierno, lo fortalecería y mucho.
Al igual que Hitler en su momento proclamó que los territorios de habla alemana pertenecían a la gran Alemania, Trump afirma que el Golfo de México, Groenlandia y Panamá son posesiones de su país que deben protegerse por la fuerza.
Ante la barbarie de Donald Trump, hay que oponerse sin miramientos y sin falsos debates que sólo intentan confundir el eje central de lo que hoy hay que discutir.
Reivindico y felicito a la Coordinadora por Palestina y a todas las organizaciones sociales que una vez más estuvieron a la altura de los acontecimientos. El internacionalismo no ha muerto, está más vivo que nunca.
La defensa de la propiedad privada está sustentada en una serie de aristas sociales, políticas, económicas y culturales que invisibilizan muchas veces la lucha de intereses que está detrás de su acérrima defensa