la diaria Posturas

Un nuevo Panteón Nacional

Contenido exclusivo con tu suscripción de pago
Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta Ingresá
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

“Por eso no es exagerado o irreverente pedir, como lo vengo haciendo con insistencia, que los restos del criollo Artigas, el campeón de los humildes, el defensor de los derechos humanos populares, sean flanqueados, de un lado, por los de Vaimacá Perú, el lancero charrúa de fuerte brazo y probada lealtad, en representación de todos los indios que lo siguieron, y, del otro, por los que se atribuyan simbólicamente al fiel Ansina, el compañero íntimo, el camarada generoso, el amigo del alma, en representación de todos los valientes y abnegados negros de la Banda Oriental. Y de tal modo las tres etnias de la Patria Vieja, juntas durante la gesta tumultuosa y aguerrida de los tiempos en los que se forjó la nación, y con ella el sentimiento nacional de los ‘bravos orientales’, también lo estarían en la viviente memoria de los uruguayos de este y los venideros siglos”.

Estas palabras de Daniel Vidart (El rico patrimonio de los orientales, 2003) vuelven a resonar en las vísperas del Día del Patrimonio que se celebra este 3 y 4 de octubre. Es la única ocasión del año en que se abre el Panteón Nacional, ubicado en el Cementerio Central, a excepción del 2 de noviembre, Día de los Muertos. Podría decirse que Uruguay, en vez de honrar a sus héroes, los oculta.

Contrasta esa actitud vergonzante con la que tienen otras naciones. Francia, por ejemplo, que en el Panteón de París rinde homenaje permanente a figuras de su historia militar y política, así como de la ciencia y las artes. Cada nuevo episodio de “panteonización” da lugar a verdaderas misas laicas como la que ocurrió durante el ingreso a ese recinto de Missak Manouchian, primer comunista y primer miembro extranjero de la Resistencia en recibir ese reconocimiento, en un acto realizado el 21 de febrero de 2024, a 80 años de haber sido asesinado por los nazis. Así, Francia va moldeando, de manera permanente, la rica y cambiante identidad de su ser nacional.

El Día del Patrimonio es la única ocasión del año en que se abre el Panteón Nacional, ubicado en el Cementerio Central, a excepción del 2 de noviembre, Día de los Muertos. Podría decirse que Uruguay, en vez de honrar a sus héroes, los oculta.

¿No sería buena cosa que el tapiado Panteón Nacional uruguayo dejara de una vez por todas los muros del cementerio? Que en el Mausoleo de Artigas, en la plaza Independencia, se flanqueara la urna del prócer por esos dos restos simbólicos que pedía nuestro mayor antropólogo. Y que en las paredes laterales, en una organización del espacio que se abriera a concurso de arquitectos y artistas, se colocaran las urnas –transformadas en su materialidad y contextualizadas a través de herramientas que brinda la tecnología– de quienes hoy están en el Panteón cerrado. Que convivan, además de los próceres de batallas de antaño, Delmira Agustini, Florencio Sánchez o Carlos Quijano, por citar solo tres casos de los que ahí están actualmente.

Sería también una oportunidad para que una amplia y plural comisión de historiadores e historiadoras, en diálogo con la sociedad civil, estudiara nuevos ingresos. Pensar juntos cuál es la mejor forma de reflejar esa “comunidad espiritual” que es la Patria en la acertada definición de Wilson Ferreira Aldunate. Nos daríamos cuenta, probablemente, de que ahí faltan forjadores del Uruguay moderno como José Batlle y Ordóñez, científicos como Clemente Estable, mujeres de la historia como Paulina Luisi o Alba Roballo, y símbolos de la memoria como el maestro Julio Castro. Quizá, incluso, cada Día del Patrimonio, o una fecha patria que se elija para sacarla del formol en el que hoy languidecen todas las del calendario oficial, podría implicar un nuevo enriquecimiento de esta identidad del ser colectivo que vamos siendo.

Tendríamos, así, un diálogo permanente de la sociedad con su pasado, para ser visitado y revisitado en el más céntrico de los ejes urbanos. Para la reverencia y para el parricidio. Porque se necesita un lugar para esos “puntos de apoyo” –tomando prestado el término de Raúl Forlán Lamarque, hermano mayor de nuestra generación– a los que cuestionar y rechazar si es necesario. Un sitio que en una primera capa de lecturas implica un homenaje al ayer, pero que también puede ser entendido, si se lo enfoca de manera adecuada, como un insumo para imaginar futuros.

Roberto López Belloso es escritor, periodista y director de Le Monde diplomatique, edición Uruguay.

¿Te interesan las opiniones?
None
Suscribite
¿Te interesan las opiniones?
Recibí la newsletter de Opinión en tu email todos los sábados.
Recibir