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Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry, belleza y grieta social

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“Uy, uy, uy, pero vos tenés agua en la bóveda, viejo”. (Improvisación de Carlos Gardel al final del tango “Al mundo le falta un tornillo”. Enrique Cadícamo, 1932).

El Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA) está ubicado en Manantiales, Maldonado, en el kilómetro 4,5 de la ruta 104. Se trata de una institución sin fines de lucro que se administra a través de la Fundación Pablo Atchugarry. Este nombre corresponde al principal operador (y, por qué no, especie de dueño) de la Fundación, el escultor de 71 años, quien “a partir de 1989 comenzó a realizar obras monumentales que hoy integran espacios públicos y colecciones privadas”.1

Su esposa, Silvana Neme, es la directora ejecutiva de la organización.

La obra de Atchugarry es transparente, y en ella impresiona, por ejemplo, cómo el duro y crudo mármol blanco de Carrara se transforma en algo grácil, como si se plegase una servilleta de papel o un pañuelo. Además de contundente, es original y sorprende. La experiencia positiva obra-espectador está muy garantizada. El artista tiene obra valorada en dos millones de dólares, como “La mariposa de la vida”, implantada en la rotonda de la ruta 104 y la ruta 10. Ha vendido piezas por un precio mayor de 600.000 dólares, por ejemplo, en Sotheby’s, Nueva York.

Desde hace algunas décadas, Manantiales –y también La Barra, José Ignacio y Garzón– son una extensión “naturalista” de Punta del Este. Constituyen urbanizaciones con impronta rural, de chacras sin producción, con pasto cuidado, ajardinado, mayormente usadas en verano. En este contexto, el MACA brinda una oferta cultural variada y con entrada gratis. En arquitectura destaca aquí —y en todo el mundo— la construcción del Museo, diseñada por el arquitecto Carlos Ott (autor de la Ópera de la Bastilla en París, el Edificio Libertad Plaza en Buenos Aires y la Torre de las Telecomunicaciones en Montevideo) y el propio Atchugarry.

El edificio parece la abstracción de una ballena, una estilización. La estructura, bien visible, está construida con madera local de eucalipto colorado, que se envió a Francia en busca de un tratamiento que la volviese resistente. El techo proviene de Alemania y es de aluminio, que lo hace rígido y más liviano que otras posibles soluciones. Lector, si aún no fue al MACA y no tiene pensado ir, dele una mirada a través de internet y comprobará la originalidad, la sutileza y el expresionismo que contiene, funcional y bello.

El predio, de 40 hectáreas, reúne 70 esculturas al aire libre, instaladas de forma irregular. Al caminar se van descubriendo. Cada una parece un mojón de un juego que no va a ninguna parte, pero entretiene y mucho. Dentro del edificio destaca una exposición permanente de la colección de Atchugarry, que incluye más de 50 obras de artistas latinoamericanos y europeos entre los que se encuentran Julio Le Parc, Carlos Cruz-Diez, Joaquín Torres García, Ernesto Nieto, Carmelo Arden Quin y el propio Atchugarry.

Todos los años sorprende con exposiciones temporales, como las de Christo y Jeanne-Claude, Lucio Fontana, María Freire y José Pedro Costigliolo, y unas cuantas más, de igual nivel. La variedad de propuestas se complementa con programas de artes escénicas (teatro, música, danza) que se ejecutan en una sala diseñada para eso o al aire libre. Con cine, festivales, conferencias, seminarios y talleres, el museo está abierto todo el año y recibe grupos escolares. Cuenta con un servicio gastronómico, una capilla y una tienda en la que se pueden adquirir catálogos, objetos de diseño y recuerdos exclusivos inspirados en las obras de Pablo Atchugarry y otros artistas contemporáneos.

El valor del MACA asciende al menos a 19 millones de dólares entre edificio y parque. ¿Cómo se compone? Un valor de seis millones de dólares tiene la tierra, el área donde se asientan la fundación, el museo y otras construcciones. Son 40 hectáreas de parque (dato extraído de la web del museo) a un precio de 150.000 dólares la hectárea, de acuerdo a información inmobiliaria de propiedades en el entorno. No existe dato público sobre el costo del edificio museo; sin embargo, profesionales que han trabajado en proyectos similares estiman el costo por metro cuadrado entre 3 y 3,5 mil dólares. Se trata de una obra excepcional, con 5.000 metros cuadrados construidos. Eso permite estimar el costo del edificio en unos 13 millones de dólares, a 2.600 dólares el metro cuadrado, suponiendo que, por ser una obra sin fines de lucro con propuesta cultural relevante y entrada gratuita, haya obtenido un descuento significativo de impuestos y cargas sociales por las implantaciones que corresponden al padrón 28.672. En un predio contiguo, el 25.631, se erigen otras construcciones, pero no se dispone de datos fiables para valorarlos. También hay que contabilizar el valor de las obras de arte, el acervo, tanto en el interior como en el jardín. Y otro rubro a tener en cuenta son los gastos de funcionamiento, ¿unos 500.000 dólares anuales?

El MACA es un lugar hecho por personas con dinero para personas con dinero. La ubicación condiciona muchas cosas.2 Al MACA hay que llegar en auto. La distancia entre el centro de Manantiales y el museo es de cinco kilómetros. Para ir desde Montevideo y varios departamentos de Uruguay, además del auto se precisa invertir un día o más entre ida, vuelta y la estadía en el lugar. Para llegar sin auto hay que tomar un ómnibus interdepartamental o local a Manantiales y luego un taxi o remís, ya que no hay transporte público hasta la puerta del museo. Así, para visitar el MACA hay que llevar comida o consumirla en algún restaurante de la zona, donde el cubierto cuesta unos 1.500 pesos en las opciones más baratas.

El público del MACA está compuesto por personas que participan de la movida de Punta del Este y alrededores. El MACA es un lugar fashion, tiene onda, es glam playero. Está rodeado de otros espacios reservados para élites, como el club de golf y el barrio privado Pueblo Mío: 159 hectáreas con 180 casas y lotes de 4.000 metros cuadrados cada uno, con valores que oscilan entre 1 y 1,5 millones de dólares, en construcciones de vivienda ya realizada, según informa su sitio web. Todo alrededor del MACA es de mucha plata.

La cultura en Uruguay, como en cualquier parte del mundo, necesita de la participación del Estado. Como los recursos no son infinitos, no hay más remedio que optar, y financiar al MACA sería una opción política y socialmente regresiva.

La Fundación Atchugarry en algún sentido fue pionera en esto de ofertar artes visuales colaborando en la conformación de un territorio segmentado, promoviendo brecha, grieta, bien arriba en la escala económica. En la actualidad hay alrededor de 15 galerías y espacios instalados en una zona que va desde Punta del Este hasta Garzón. En una lista no taxativa puede mencionarse a Piero Atchugarry (galería del hijo del artista), Galería Sur (que ya está construyendo nueva sede frente al MACA), Pueblo Garzón, Micaela Marine Art Collection, Black Gallery, Galería del Paseo, Galería de las Misiones, Casa Neptuna, Fundación Cervieri Monsuárez, Las Musas, Art Space y Xippas (esta última a cortísima distancia del MACA).

En términos de Uruguay, todo lo nombrado no conforma un espacio inclusivo, como se pregona en las políticas culturales progresivas (las que buscan favorecer el acceso a los bienes y servicios culturales). Estas son directrices gubernamentales centradas en la democratización, el acceso universal, la diversidad cultural y el ejercicio efectivo de los derechos culturales, que procuran la inclusión social, la descentralización y la participación ciudadana. Suelen enfocarse en transformar la gestión cultural, fomentando expresiones artísticas contemporáneas y comunitarias para promover el desarrollo humano y la equidad social. Ejemplos en Montevideo han sido la restauración (lamentablemente inconclusa) de buena parte del patrimonio ferroviario del barrio Peñarol (explicito: hay autorreferencia, trabajé para eso) o Sacude (Salud, Cultura, Deporte), en la cuenca de Casavalle.

Ahora bien, resulta que el 6 de enero el presidente Yamandú Orsi visitó el MACA, con motivo de la inauguración de la muestra de Lucio Fontana. Compartió una mesa acompañado por Julio María Sanguinetti, Miguel Abella, intendente de Maldonado, y el dueño de casa, Pablo Atchugarry (el video se encuentra fácilmente en Google: “6 de enero Atchugarry Orsi video”). El actual mandatario expresó: “Nos extraña que Pablo nos agradezca. Pablo, es increíble esto. [...] Llegó el tiempo, llegó el momento donde el Uruguay tiene que tomar el tema del MACA y poner el hombro que necesita esto que es un faro cultural (aplausos). Más que el hombro, Pablo, el hombro y todo el cuerpo; el Uruguay está en deuda contigo. Hace un tiempo que venimos hablando con Robert [Vivo] para encontrarle la vuelta [...]. Este es un muy buen living de esta casa maravillosa, que parece no tener techo. Así que mal haríamos si a partir de todo esto, a partir de esta enorme generosidad que representa el MACA, si no nos hacemos cargo como país de mantener la llama; la llama tiene que seguir prendida por mucho tiempo. Nos comprometemos, sabemos que somos muchos, y sabemos que hay un espíritu que acompaña esta generosidad y esta escala maravillosa de creación y de valores que tú nos has sabido hacer entender. Estamos ahí. Gracias” (aplausos).

Es una opinión de buena fe, pero poner dinero público en el MACA estaría fuera de las orientaciones vigentes en los partidos políticos, en particular del Frente Amplio. Alguna exoneración, aunque no sería prioritaria, podría considerarse.

El MACA está alejado de casi todos los uruguayos. Integra lo que ya está requeteintegrado, pone vallas materiales y simbólicas entre una élite de ciudadanos pudientes y los otros. Se maneja bien con el sector privado empresarial con fines de lucro, tiene mecenas y patrocinantes. No tenemos todos los uruguayos que aceptar una herencia que no creamos ni estuvo en las políticas públicas de nadie.

Por otra parte, es redundante que artistas y familiares de artistas que ya no están entre nosotros quieran darle trascendencia a su obra, dejando un legado para que lo financie el Estado. Un ejemplo es el Museo de Arte Precolombino de Francisco Matto (la Intendencia de Montevideo manejó mal el legado y tuvo que quedarse con la casa de La Blanqueada sin las piezas; la viuda, Ada Antuña, llegó a amenazar con un juicio). Otro es el del pintor Manuel Espínola Gómez, que en sus últimos años armó una fundación para que se hiciera cargo de su obra y la expusiera en el lugar donde residía, propiedad del Estado; por suerte, todo fracasó y las obras están a buen resguardo en el Museo Nacional de Artes Visuales del parque Rodó. Los familiares de Gurvich terminaron haciendo involucrar al Estado, que compró más de 200 obras y el inmueble donde hoy reside la colección: 2,8 millones dólares más compromisos de funcionamiento.

En este marco, deben interpretarse las referencias de Atchugarry a su propia institución en su sitio web: “Así que ya hace algunos años nació la idea de construir un museo, aquí mismo en la Fundación Pablo Atchugarry, que es de alguna manera la herencia cultural que yo dejo para el Uruguay”; “pienso que el MACA va a pertenecer a la humanidad y que, como una nave cargada de arte, de vida y sueños, nos va a conducir a un mundo de mayor comprensión y amor” [sic].

Para mencionar alternativas de inversión pública prioritaria en cultura, basta mencionar los museos nacionales y departamentales, como el nombrado; los museos Histórico y de Artes Decorativas (Palacio Taranco), en Ciudad Vieja; el Espacio de Arte Contemporáneo; el Centro Cultural Miguel Ángel Pareja, en Las Piedras, Canelones; el Anglo y el Luis Alberto Solari, en Fray Bentos Bentos, Río Negro; y otros servicios como la Biblioteca Nacional, que está en la llaga. También hay que atender el necesario incremento, con una asignación del doble del presupuesto actual, a los Fondos Concursables, que son la forma más progresiva, con tendencia a la imparcialidad, de apalancar proyectos que se ejecutan a lo largo y ancho de todo el país.

El pasado 30 de diciembre se publicó en el semanario Búsqueda una carta en la que propuse, con unos cuantos detalles, un sistema de subvenciones para artistas visuales, algo que urge. Hay mucho para hacer en cultura de calidad desde el sector público, incluyendo la forma de gestión delegada a instituciones sin fines de lucro.

La cultura en Uruguay, como en cualquier parte del mundo, necesita de la participación del Estado, ya que el mercado no financia todos los bienes en cantidad y calidad. Como los recursos no son infinitos, no hay más remedio que optar, y financiar al MACA sería una opción política y socialmente regresiva.

Manuel Esmoris es magíster en Gestión Cultural por la Universidad de Barcelona y fue presidente de la Comisión de Patrimonio.


  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Pablo_Atchugarry 

  2. Kotler, N, Kotler, P. Estrategias y marketing de museos 

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