Opinión Ingresá
Opinión

Neoprotectorados, capitalismo y democracia

4 minutos de lectura
Contenido exclusivo con tu suscripción de pago
Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta
Registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

La noticia conmociona y rápidamente se asimila, casi naturalizando una práctica recurrente del emperador de turno: Estados Unidos invade Venezuela y secuestra a su presidente y su esposa. Después le siguen especulaciones e interpretaciones acerca de lo efectivamente sucedido, así como sus causas, consecuencias y derivaciones. Los expertos en geopolítica ensayan sus tesis, al tiempo que muchos ciudadanos manifiestan su repudio y algunos otros expresan su alegría sin disimulo. Lo que todos –sin duda– admiten es la violación del derecho internacional, justificado para algunos e inaceptable para otros. Traición y entrega negociada es manejado como hipótesis, en tanto la “débil resistencia” armada y las concesiones ulteriores del gobierno venezolano pudieran abonar esta perspectiva. No lo sabemos y resultaría difícil llegar a ciertas conclusiones acerca del “exitoso” rapto, no obstante las autoridades del gobierno venezolano hayan reacomodado las piezas internas.

Sin embargo, lo que resulta explícito e indisimulado es el objetivo del emperador de turno: el control hegemónico del planeta. Mientras el Occidente europeo observa inoperante, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) permanece incapaz y maniatada y la Organización de Estados Americanos (OEA) se mantiene impávida. En suma, el mundo se encuentra atrapado en una vorágine de sangre y fuego, allá en Gaza y más cerca en el Caribe. Las potencias del BRICS evalúan y declaran su condena ante la prepotencia totalitaria del imperio norteamericano, pero con mesura. ¿La entrega de Ucrania a Rusia sería una moneda de cambio? ¿Taiwán para China? No lo sabemos, pero lo cierto es que, más allá de declaraciones altisonantes, al emperador de turno no lo mueve nadie.

La caída de los autoritarismos y dictaduras constituye la materia prima de muchos analistas y politólogos enfrascados en sus paradigmas y teorías, intentando explicar el proceso venezolano. Este enfoque analítico resulta, desde mi perspectiva, un mero ejercicio académico, pero totalmente desenfocado y limitado respecto de la sustancia de la problemática. No se trata particularmente de promover la democracia en aquel país; eso es absolutamente irrelevante para el emperador de turno y no se necesita mucho para entenderlo; basta con examinar los significantes y significados expuestos por el gobierno norteamericano. El motivo es explícito y ya no se oculta: es el petróleo y todos los recursos naturales que necesite el centro imperial. Por detrás y por delante, están las empresas multinacionales y sus corporaciones conexas.

Trump es un delincuente, no cabe duda, pero es apenas el personaje a quien le toca actuar su papel. Trump podría ser algo así como un híbrido o mezcla patológica de Nerón y Calígula, un megalómano y narcisista. Pero si aquel otro personaje de horror emergido en la Alemania del 30, que lideró la destrucción y la muerte de millones de personas, representaba una ideología y unos intereses económicos y geopolíticos, hoy retorna “reencarnado” con nuevos aires triunfales en Estados Unidos, paradójicamente, la democracia liberal “ejemplar”.

Lo que resulta explícito e indisimulado es el objetivo del emperador de turno: el control hegemónico del planeta, mientras el Occidente Europeo observa inoperante.

Por otra parte, en setiembre del año pasado el Consejo de Seguridad de la ONU acordó generar un nuevo esquema de gobernanza en Gaza bajo los supuestos de aplacar la sublevación del pueblo palestino, eliminar toda resistencia y garantizar al régimen sionista la continuidad de la colonización, para lo cual se resolvió generar un protectorado administrado por el virrey asignado. Mismo fundamento y similar modalidad de gobierno. Curiosamente, tanto Estados Unidos como Israel se asumen –cada vez menos– como modelos de la democracia liberal representativa, lo cual resulta paradójico (y sin adentrarnos en los fundamentos que, efectivamente, invalidarían aquella afirmación).

Aunque los formatos son diferentes, en lo sustancial se asemejan, al menos desde la perspectiva del vértice imperial: neoprotectorados versión siglo XXI. Por un lado, el dominio y la sujeción de Venezuela a los intereses económicos y políticos de Estados Unidos son lo enunciado para la etapa actual de medio y largo plazo; las instituciones democráticas poco o nada importan. Por otro, en Gaza tampoco la democracia es lo primordial; lo fundamental es la subordinación del pueblo palestino a los intereses del régimen sionista. Asimismo, en ambos casos el desconocimiento y la cancelación de las reglas jurídico-normativas resultan la estrategia asumida y declarada por los centros hegemónicos, con un matiz significativo en el caso de Gaza, que se apoya en una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU.

El estilo prepotente de Trump empuja a la ruptura de todos los códigos –aun cuando fueran formales– en el trato y relacionamiento con el resto de las naciones del mundo, en tanto promueve y sustenta la misma postura de Netanyahu. La democracia se extingue como posibilidad y como proyecto de convivencia entre seres humanos, entre naciones y entre pueblos.

Las corporaciones económicas imponen su agenda y negocian el reparto de las utilidades de los países como si estos fueran objetos de intercambio en el “libre juego” del mercado internacional. El triunfo del capitalismo empuja irremediablemente a la degradación de la democracia liberal o, al menos, la convierte en un conjunto de reglas y procedimientos formales que habilitan la alternancia de gobernantes funcionales en la estructura de poder. Empero, no permite la interpelación de los modos de producir y mucho menos cuestionar los mecanismos para distribuir los supuestos beneficios que acarrea el patrón de acumulación. En ese sentido, la intervención de Estados Unidos en Gaza se reduce a una mercantilización de la Franja, proyectando una suerte de enclave con potencial turístico para “invitar” a los inversores (estados o multinacionales) y multiplicar sus ganancias a futuro. Nada de democracia en Palestina. En el mejor de los casos, se trataría de generar oportunidades de trabajo para la población.

La democracia nada importa en Gaza. La Junta de Paz es una ficción, un invento execrable para disfrazar las intenciones de sujeción del pueblo palestino. Más acá, en Venezuela, los nuevos arreglos se someten a los designios del imperio. La democracia, en cualquier caso, no resulta relevante y perdió todo significado en un mundo en el que la ultraderecha, esencialmente autoritaria, es liderada desde el vértice imperial. La estrategia alternativa debiera apuntar a generar un movimiento en la dirección contraria: en América Latina, cohesionando a las organizaciones populares, y en Palestina, unificando la lucha por la liberación.

Christian Adel Mirza es profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República.

¿Tenés algún aporte para hacer?

Valoramos cualquier aporte aclaratorio que quieras realizar sobre el artículo que acabás de leer, podés hacerlo completando este formulario.

¿Te interesan las opiniones?
None
Suscribite
¿Te interesan las opiniones?
Recibí la newsletter de Opinión en tu email todos los sábados.
Recibir
Este artículo está guardado para leer después en tu lista de lectura
¿Terminaste de leerlo?
Guardaste este artículo como favorito en tu lista de lectura