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La oportunidad de la IA: foco y plata

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Foco

Para entender la oportunidad de la inteligencia artificial (IA) es imprescindible deshacerse mentalmente del rol de usuario, ese que nos imagina en la punta de la cadena escribiéndole a Chat GPT, y pensar en la propia cadena: todos los eslabones técnicos, operativos y económicos que hacen que el chat nos conteste. La oportunidad de la IA implica entender en qué eslabones podemos participar.

La cadena de valor de la IA la describimos en la nota “Regular no es prohibir I”. Lo que es evidente a todas luces es que el objetivo es desplazarse de los roles de usuarios finales en que estamos hoy hacia las actividades más rentables.

Creo que no hay nadie que sensatamente pueda pensar que Uruguay va a fabricar chips especializados en IA, pero no es alocado pensar que Uruguay pueda ser líder en IA para la cadena cárnica. Todo lo contrario.

La IA es una forma de modelar con precisión y minuciosidad un espacio de conocimiento. Es lo que está detrás de la idea de “gemelo digital”, la réplica en algoritmos y datos de cómo funciona un sistema complejo. Y para ello, el punto de partida es lo que sabemos de ese sistema complejo.

El conocimiento acumulado desde 1611, cuando Hernando Arias de Saavedra introdujo la ganadería, hasta hoy es un activo país de valor mundial. Ese valor es el que hay que transformar en productos de IA. Para que eso suceda, el país tiene que focalizar los recursos. Mientras tengamos una política de IA genérica, lo que en la jerga se llama “catch all”, donde cualquier cosa con el rótulo de IA es bienvenida, nos mantendremos en la categoría “usuarios” de la cadena de valor.

Por ejemplo, a pesar de algunas notas de prensa que hablan del potencial en Uruguay de la IA aplicada a la industria aeroespacial, me permito disentir. No hay materia prima, no hay conocimiento acumulado, no hay diferencial país. No va a pasar: en la industria aeroespacial nuestro rol en la IA será el de usuarios finales, consumidores del conocimiento acumulado de otros.

Uruguay tiene que ponerse de acuerdo y regular para que las políticas de fomento e incentivo estén aplicadas a cuatro o cinco sectores en los que está la base material, las condiciones objetivas que hacen posible avanzar en la cadena de valor de IA.

Acá una propuesta inicial:

  • Cadena cárnica: es probablemente el espacio de conocimiento donde más valor diferencial tiene Uruguay en el mundo.
  • Forestación y celulosa: la forestación y la producción de pasta de celulosa se han vuelto una actividad económica sustantiva en Uruguay y desde hace 15 años se mantiene en el top 3 de los rubros exportados. Integramos la lista top 10 de exportadores a nivel mundial, equiparando en volumen a Finlandia y Suecia. Ese potencial se puede plasmar en IA.
  • Producción eléctrica en base a energías renovables: mientras en el primer mundo los países se vanaglorian de un 50% o 60% de producción eléctrica renovable, Uruguay está en el 99%, exportando energía eléctrica y habiendo multiplicado su capacidad total de generación por tres en 20 años. Ese conocimiento es un diferencial país.
  • Educación: Ceibal, con su experiencia de casi 20 años reinventándose permanentemente, es un espacio para el desarrollo de IA propia, modelos que plasmen cómo genera, opera, administra y fundamentalmente cómo lo digital participa activamente en la educación en todos los niveles.
  • Gobierno digital: Uruguay tiene una posición privilegiada en gobierno digital. La penetración de dispositivos y conectividad, la ubicuidad de trámites y servicios digitales, la unificación de los portales en un único ecosistema son hitos que nos distinguen internacionalmente y que constituyen un activo relevante a la hora de pensar en modelos de IA para el sector público.

La lista es discutible, no están el arroz y la soja, donde Uruguay es hace muchos años top 10 en el mundo y tienen más capilaridad que la celulosa. Y seguramente hay muchos otros cuestionamientos.

Sean estos o sean otros, lo importante es que sean pocos y que tengan características objetivas, las “premisas duras” que hacen que su potencial sea real y efectivo. Mientras sigamos encandilados con todo lo que dice IA en el envoltorio, no pasaremos del casillero de usuario.

Uruguay tiene que ponerse de acuerdo y regular para que las políticas de fomento e incentivo al desarrollo de la IA estén aplicadas a cuatro o cinco sectores en los que esté la base material.

Plata

Al contrario de lo que sucede habitualmente, que hay ideas pero no recursos, para una estrategia de desarrollo de la IA hay a mano 75 millones de dólares anuales. Es el desembolso que hacemos año a año en forma de exoneración de IRAE a la producción de software en Uruguay a partir de la Ley 18.083, su decreto reglamentario 150/007 y las sucesivas modificaciones. El dato surge del Inventario de Gastos Tributarios de la Dirección General Impositiva.

75 millones de dólares anuales es en Uruguay mucho dinero. Está en el entorno del doble del aumento del gasto de la Rendición de Cuentas 2026. Es aproximadamente diez veces más que la inversión anunciada por Antel para incorporar hardware especializado en IA a su data center de Pando. Y está ahí todos los años.

El cambio es cantado, como que se cae del árbol. El sector beneficiario sigue siendo la industria de tecnologías de información y comunicación y apoya la reconversión que está en el corazón de la agenda del sector: “Es fundamental la reconversión de nuestra matriz productiva, pasando de vender horas de trabajo a generar productos con propiedad intelectual en Uruguay”, manifestó Amílcar Perea, presidente de la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información, en una entrevista de Iñigo Baín para Infonegocios.

Definir los recursos y formatos para aplicar ese enorme monto de dinero a los cinco sectores que se definan requiere una discusión más capilar, en la que deben involucrarse Uruguay Innova, la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, las universidades públicas, los ministerios de Economía e Industria, la Agencia de Gobierno Digital, Sociedad de la Información y el Conocimiento de Uruguay (Agesic) y Antel, como mínimo.

No es necesario hacer todo de golpe, se pueden ir escalonando programas, evaluando resultados para ir corrigiendo. Hay espacio para muchas cosas, incluida una que no hacemos aún: apalancar los proyectos que utilicen infraestructura de Antel.

Me adelanto a los críticos: los combos no son una novedad. Las empresas privadas apalancan unos productos con otros. Cuanto más grande la empresa, más apalancamiento, al extremo de generar políticas de dumping y participar en mercados perdiendo fortunas financiadas por sus “vacas lecheras”, en la jerga del Boston Consulting Group. De hecho, la gran inversión en IA está prácticamente toda en esta situación. “Si terminamos malgastando un par de miles de millones de dólares, obviamente será muy lamentable, pero yo diría que el riesgo [de no invertirlos en IA] es mayor aún”. Esto dijo Mark Zuckerberg, CEO de Meta, sobre la inversión en IA que financia su vaca lechera de publicidad.

No veo por qué el Estado, si va a invertir 75 millones de dólares al año, no puede con ello apalancar sus productos, vinculando las iniciativas que reciben recursos o exoneraciones al uso de plataformas, productos y servicios de Antel.

Los data centers que soportan los grandes modelos de lenguaje (LLM, por su sigla en inglés), como GPT, Gemini y Claude, tienen cientos de miles de procesadores, pero un modelo especializado que sabe minuto a minuto los parámetros de nutrición, agua, sanidad y bienestar de cada animal puede crearse, entrenarse y operarse en un data center con algunas decenas de procesadores con una inversión que podemos estimar por debajo de diez millones de dólares. Ese modelo no sabe de feng shui, ni te da una receta de lasaña ni te prepara el trabajo que te pidieron en filosofía. Pero eso que hace, el objetivo para el que fue entrenado, lo hace mucho mejor que un LLM en la tarea específica que realiza, porque tiene un conocimiento incorporado que el LLM no tiene.

Y esa es nuestra oportunidad.

Daniel Mordecki es docente de Usabilidad y fue director ejecutivo de la Agesic.

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