la diaria Posturas

¿Qué propuestas del artiguismo están vigentes todavía?

Contenido exclusivo con tu suscripción de pago
Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta Ingresá
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

Los postulados del artiguismo, presentes principalmente en las Instrucciones del Año XIII, distintos tratados y las epístolas de José Gervasio Artigas, constituyeron el proyecto político que intentó organizar a las provincias de la Liga Federal durante las guerras de independencia rioplatenses. Influenciado por el republicanismo y el federalismo que surgieron tras la independencia de Estados Unidos, aquel proyecto buscaba construir una organización regional basada en amplias autonomías provinciales, soberanía política y cooperación económica entre territorios. No se trataba únicamente de un programa militar para enfrentar a la corona española, sino de una propuesta concreta de organización institucional para los pueblos del Río de la Plata.

A diferencia de la imagen simplificada que suele transmitirse del artiguismo, el proyecto de Artigas no se limitaba a la defensa de la Banda Oriental. Su aspiración era integrar distintas provincias dentro de una confederación donde ninguna pudiera imponer su voluntad sobre las demás. El rechazo al centralismo porteño ocupó un lugar tan importante como la propia lucha por la independencia, porque para Artigas la libertad política carecía de sentido si terminaba reemplazando una dependencia por otra.

Con el paso del tiempo y tras la formación del Uruguay independiente, muchas de aquellas ideas fueron transformándose junto con el desarrollo histórico del país. Algunas sobrevivieron como referencias simbólicas dentro de la identidad nacional, mientras otras quedaron progresivamente relegadas dentro de la práctica política. Esto plantea una pregunta interesante: ¿qué permanece realmente del proyecto artiguista dentro del Uruguay contemporáneo? ¿Existe una continuidad doctrinaria o únicamente una continuidad simbólica?

Uno de los puntos más visibles aparece en la organización territorial. Mientras el artiguismo defendía una estructura federal con fuerte protagonismo provincial, el Uruguay moderno terminó consolidando un modelo político marcadamente centralizado alrededor de Montevideo. La administración nacional, las principales instituciones públicas, la mayor parte de la actividad económica y gran parte de las oportunidades laborales y educativas continúan concentrándose en la capital.

Naturalmente, las circunstancias históricas que dieron origen al Estado uruguayo fueron muy distintas a las de la Liga Federal. Sin embargo, resulta difícil no advertir que muchos de los debates que preocupaban a Artigas (la relación entre la capital y el interior, la distribución del poder político y el desarrollo equilibrado del territorio) siguen presentes dos siglos después. Las discusiones sobre descentralización, autonomía departamental o despoblación del interior muestran que aquella tensión histórica continúa abierta.

Algo similar ocurre con la cuestión agraria. El Reglamento Provisorio de Tierras de 1815 buscaba poblar la campaña y favorecer a sectores marginados mediante el reparto de tierras productivas. Aquella medida respondía tanto a un criterio de justicia social como a una estrategia económica para fortalecer la producción rural y consolidar el poblamiento del territorio.

Con el paso del tiempo, Uruguay desarrolló un modelo agroexportador diferente, caracterizado por una elevada concentración de la propiedad rural y una creciente presencia de capital extranjero dentro del sector agropecuario. No se trata necesariamente de afirmar que el proyecto artiguista pudiera aplicarse sin modificaciones en la actualidad, pero sí de reconocer que existe una distancia considerable entre aquella concepción de la tierra como instrumento de desarrollo nacional y la estructura productiva contemporánea.

El artiguismo ha sobrevivido como uno de los grandes símbolos nacionales, pero mucho menos como una tradición doctrinaria capaz de orientar debates contemporáneos.

También resulta interesante observar el aspecto identitario del proyecto artiguista. La Liga Federal no concebía la Banda Oriental como una nación aislada, sino como parte de una realidad rioplatense mucho más amplia, heredera del antiguo Virreinato del Río de la Plata. La identidad oriental coexistía con una pertenencia regional que hoy suele pasar desapercibida dentro de la memoria histórica.

La consolidación del Estado uruguayo durante el siglo XIX dio lugar, naturalmente, a la construcción de una identidad nacional propia. Ese proceso fue indispensable para el desarrollo del nuevo país. Sin embargo, también terminó desplazando buena parte de la dimensión regional presente en el pensamiento de Artigas, cuya mirada política trascendía ampliamente los límites del actual territorio uruguayo.

Quizás allí se encuentre una de las principales particularidades del artiguismo contemporáneo. Su figura permanece omnipresente dentro de la cultura política nacional: todos los partidos lo reivindican, todas las instituciones lo homenajean y prácticamente nadie discute su lugar como principal referente histórico del país. Sin embargo, esa presencia constante parece convivir con una ausencia casi total de discusión acerca de sus propuestas políticas concretas.

El artiguismo ha sobrevivido como uno de los grandes símbolos nacionales, pero mucho menos como una tradición doctrinaria capaz de orientar debates contemporáneos. Su nombre continúa ocupando un lugar central dentro del imaginario colectivo, mientras que cuestiones como el federalismo, la organización territorial o su concepción económica aparecen con mucha menor frecuencia dentro del debate político.

Y probablemente allí persista la pregunta más interesante: no solamente cuánto recuerda Uruguay a Artigas, sino de qué manera decide recordarlo políticamente. Porque quizá el desafío no consista en seguir invocando su figura, sino en volver a discutir seriamente las ideas que intentó legar.

Gennaro Galoso es estudiante.

¿Te interesan las opiniones?
None
Suscribite
¿Te interesan las opiniones?
Recibí la newsletter de Opinión en tu email todos los sábados.
Recibir