El economista salteño Adolfo Fernández de AF Consultoría (Análisis Económico Regional) advirtió en diálogo con la diaria que la desocupación en Paysandú no responde únicamente a una coyuntura puntual, sino a problemas estructurales que se arrastran desde hace años. El cierre parcial de industrias, la dependencia del comercio y la pérdida de competitividad en la frontera configuran un escenario que golpea a trabajadores, empresas y familias del departamento.
Paysandú atraviesa una realidad laboral que preocupa y que vuelve a colocar al departamento entre los de mayor desempleo del país. Según los datos de la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondientes al trimestre enero-marzo de 2026, la tasa de desempleo alcanzó el 11%, casi cuatro puntos por encima del promedio nacional, situado en 7,5%.
Para el economista Adolfo Fernández, el dato “no es una anomalía estadística”, sino la expresión de una “fragilidad estructural” que el litoral norte arrastra desde hace años y que vuelve a quedar expuesta ante cada crisis industrial o comercial. “El 11% de desempleo en Paysandú no es un número abstracto: detrás hay industrias que se apagan, comercios que venden menos y jóvenes que migran en busca de oportunidades”, señaló el análisis elaborado por AF Consultoría.
Durante el primer trimestre del año, el departamento acumuló una serie de impactos negativos que ayudan a explicar el deterioro laboral, preexistente a estos nuevos hechos. Uno de los principales fue la paralización temporal de la producción en AmBev-Cympay, que envió al seguro de paro a unos 90 trabajadores, cerca del 90% de su plantilla. La empresa argumentó problemas de competitividad, altos costos de producción y presión de mercados internacionales.
A esto se sumó la decisión de Ancap de apagar el horno de la planta de portland de Paysandú y concentrar la producción en Minas. La medida implicó el traslado de funcionarios y dejó sin actividad a decenas de trabajadores tercerizados vinculados con las extractivas.
El panorama ya venía golpeado desde fines de 2025 por la situación de Paycueros, histórica curtiembre sanducera que desvinculó a 89 trabajadores tras la no renovación del seguro de paro. Fernández advierte que estos episodios tienen consecuencias que van mucho más allá de los empleos directos. “Cada trabajador industrial moviliza consumo en almacenes, farmacias, transporte y servicios. Cuando una planta se detiene, el impacto se multiplica rápidamente en toda la economía local”, sostiene el informe.
Sin embargo, el economista subraya que las causas del problema no pueden explicarse únicamente por cierres o dificultades empresariales recientes. Uno de los principales factores es la escasa diversificación productiva del departamento. Paysandú depende en gran medida del comercio y los servicios, sectores con menor estabilidad laboral y más sensibles a las fluctuaciones económicas.
Otro elemento clave es la dinámica de frontera. El diferencial cambiario con Argentina continúa afectando el consumo interno y debilitando la actividad comercial local. La conveniencia económica de cruzar el puente para comprar alimentos, combustible o indumentaria termina repercutiendo directamente en las ventas del comercio sanducero.
A eso se agrega una baja captación de inversiones privadas en sectores intensivos en empleo. Comparado con otras zonas del país, el litoral norte recibe menos proyectos vinculados a industria, logística o servicios de alto valor agregado, lo que limita la generación de puestos laborales estables y mejor remunerados.
Fernández entiende que revertir esta situación requiere políticas de largo plazo y una estrategia coordinada entre el sector público y privado. Entre los desafíos centrales aparece la necesidad de diversificar la matriz productiva, atraer inversiones y aprovechar herramientas como la Ley de Promoción de Inversiones para fomentar nuevos emprendimientos.
El economista también advierte que las estadísticas muchas veces no reflejan completamente la calidad del empleo. “Muchos trabajadores que pierden puestos industriales formales terminan en actividades más precarias o informales. La desocupación puede bajar, pero eso no significa necesariamente una mejora real en el bienestar laboral”, indicó.