Basura acumulada en una calle de Nápoles, el lunes.

Foto: Efe, Ciro Fusco

Algo huele mal

Otra vez la basura se convirtió en un problema en Nápoles.

Dos pueblos cercanos a un basural protestan en Nápoles, generando enfrentamientos con la Policía. Los habitantes de esta provincia de Italia también se quejan por el anuncio de la construcción de un nuevo vertedero en las cercanías del otro.

Contenido exclusivo con tu suscripción de pago
Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta Ingresá
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

Miles de vecinos de dos pueblos de la provincia italiana de Nápoles protagonizaron distintos enfrentamientos con la Policía en la madrugada del miércoles y del jueves por la gestión de la basura.

Vecinos de Terzingo, principalmente mujeres y niños, critican la existencia de un basural a 500 metros de sus casas. Hace meses que el comité ciudadano exige el cierre de este basural, lo que no sólo fue rechazado por el gobierno, sino que también se anunció la apertura de un nuevo vertedero, muy cerca del actual.

El basural de Terzingo es el único activo en todo Nápoles, porque los otros 18 están llenos, y según los habitantes del pueblo, hay malos olores y riesgo sanitario, informó la agencia de noticias Reuters. Como medida de protesta, los vecinos intentan impedir que los camiones recolectores vuelquen la basura, lo que genera que los basureros se vean obligados a trabajar con protección policial.

El anuncio de la construcción de un nuevo vertedero cerca de allí reavivó los conflictos ya crónicos de la zona, al punto que los patrulleros que acompañaban a los camiones de basura fueron atacados con piedras, bengalas y barras de hierro. Fue incendiado un ómnibus y un auto policial. La Policía utilizó gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes y detuvo a dos personas.

El alcalde Domenico Auricchio se reunió en Roma con el primer ministro Silvio Berlusconi para tratar el tema, que también tenía previsto abordar hoy el Consejo de Ministros. “Queremos respuestas. Si no se encuentra una solución, yo a partir de mañana por la mañana estaré por la calle junto a mis convecinos para protestar: Berlusconi es nuestra última esperanza”, dijo Auricchio, de acuerdo a la agencia de noticias EFE.

En el pueblo de Boscoreale sucedió algo parecido. Allí un grupo de personas incendió cinco camiones recolectores luego de hacer bajar a sus conductores, destruyó las vidrieras de varios comercios de las calles céntricas e incendió una bandera italiana, además de lanzar piedras a la Policía que hacía de escolta.

El alcalde Gennaro Langella, del gobernante Pueblo de la Libertad, indicó ayer que dejará el partido de Berlusconi, en protesta por la decisión de abrir un nuevo basurero.