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Una manifestante empuja un vehículo de la Policía durante los incidentes a las afueras del edificio del Congreso Nacional chileno, en Valparaíso, mientras el presidente Sebastián Piñera presentaba la tercera cuenta pública de su gobierno

Foto: Efe, Felipe Trueba

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Protestas sociales y polarización partidaria complican el gobierno de Piñera en Chile, cuando aún faltan más de dos años para las elecciones.

Las protestas silenciosas caracterizaron el discurso del presidente chileno, Sebastián Piñera, ante el Parlamento. Atrás quedó el mayor temor de que los legisladores gritaran consignas, incluso generando enfrentamientos con el oficialismo, algo que habría sentado un precedente en un país en el cual el respeto por las formas suele impedir este tipo de 
manifestaciones.

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Todo comenzó la semana pasada, cuando parlamentarios oficialistas divulgaron un video con el que pretendían probar la responsabilidad de la ex presidenta Michelle Bachelet en la fallida alerta de tsunami después del terremoto de febrero de 2010, por la cual se investigó a varios altos funcionarios, pero no a ella.

Justamente, dirigentes oficialistas criticaron que Bachelet no sea responsabilizada por la falta de la alerta antes del incidente que dejó 156 víctimas, que unidas a las del terremoto, totalizaron 550. Bachelet, que en su momento explicó que no había actuado porque la responsabilidad de hacerlo recaía en otras instituciones y no en la presidencia, no vio afectada su popularidad por estos hechos, y tiene la más alta entre los virtuales presidenciables para 2014.

Mientras la ex presidenta se llama a silencio desde su cargo de directora de ONU Mujeres, la opositora Concertación saltó en bloque a defenderla. Los parlamentarios dieron por cortadas sus relaciones con el Ejecutivo, y argumentaron que dirigía una “operación política” contra Bachelet, y algunos anunciaron que faltarían al discurso del 21 de mayo -que se realiza cada año-, entre ellos, el senador y ex presidente Eduardo Frei (1994-2000).

Los anuncios -y amenazas- llevaron a que Chile temiera un “papelón” en la rendición de cuentas: que algún legislador gritara consignas o insultara al presidente, o incluso que pudiera haber un enfrentamiento físico. Pero los tonos se bajaron a tiempo y los cruces fueron en su mayoría silenciosos. “Estoy contigo”, decían junto a una foto de Bachelet las chapitas que utilizaban los opositores; “Chile cumple”, indicaban las oficialistas.

“Bachelet, da la cara”, se leía en una pancarta desplegada por los jóvenes de derecha. “Aunque les duela, Michelle presidenta”, era el mensaje en uno de los carteles que mostró un legislador de la Concertación. Los parlamentarios iban escribiendo los mensajes a medida que Piñera avanzaba con el discurso, y así, cuando el presidente anunció la entrega de un bono de alimentación para las familias más pobres, uno de ellos enseñó su cartel: “No sólo bonos. Sueldos dignos”, en referencia al reclamo de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) de que el salario mínimo aumente de los 364 dólares actuales a 500. Otros carteles decían “Calama presente” o “No más represión en Freirina”. Excepto la de Bachelet, todas las consignas se relacionaban con reclamos sociales: las hubo también para el rechazo de las hidroeléctricas en Aysén y contra la ley de pesca.

Tanto Freirina como Calama son regiones del norte del país que están reclamando una mayor inversión pública para mejorar su economía; además, en Freirina hay quejas desde hace varios días por el mal olor proveniente de la planta faenadora de cerdos, así como por la contaminación del agua que esa industria provoca. Los manifestantes de Freirina, que aseguran que ya mantuvieron reuniones con autoridades locales y nacionales en los últimos meses y que nadie escucha sus reclamos, denunciaron haber sido reprimidos por los carabineros y que los heridos por estos enfrentamientos -en ambos bandos- superarían el centenar en la última semana. En su discurso, Piñera reivindicó el papel de los carabineros y recordó a aquellos que resultaron heridos el año pasado durante las manifestaciones estudiantiles, normalmente protagonizadas por encapuchados.

Los estudiantes también marchaban ayer por una educación gratuita, aunque tanto su reivindicación como la de la CUT, que también marcharía, no parecía tener muchas oportunidades. Durante su exposición, el mandatario aseguró: “Francamente, en un país con tantas carencias y desigualdades como el nuestro, no nos parece justo que el Estado financie la educación de los más favorecidos”.

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