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El papa Francisco llegó ayer a República Centroafricana, el último destino de su primera visita a África, luego de haber pasado por Kenia y Uganda. Minutos antes de aterrizar, escribió en su cuenta de Twitter: “Vengo a la República Centroafricana como peregrino de la paz y me presento como apóstol de la esperanza”. Contra todas las advertencias de organismos como las Naciones Unidades, que le explicaran el riesgo que corría en ese país, Francisco llevó adelante su primera visita a una zona de guerra.

El conflicto en República Centroafricana, que desde hace dos años mantiene al país dividido en cristianos y musulmanes, dejó más de 850.000 desplazados y miles de muertos, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

El programa de Francisco durante su recorrida por Bangui, la capital, incluyó la visita a un campo de refugiados y la celebración ayer de una misa en la catedral de la ciudad. Desde ahí, el papa pidió a “todos los que empuñan injustamente las armas” que abandonen la violencia y se “armen” con “la justicia, el amor y la misericordia, garantías auténticas de la paz”. En una reunión que mantuvo con el gobierno de transición de República Centroafricana, Francisco exhortó a las autoridades y al pueblo a que se inspiren en el lema del país, “Unidad, dignidad y trabajo”, para superar el conflicto.

Por su parte, la presidenta de República Centroafricana, Catherine Samba-Panza, pidió “perdón” por la situación de violencia que vive su país y calificó de “ejemplar” la actitud de Francisco por no renunciar a su visita a pesar del peligro que supone.