“Honorables visitantes extranjeros, desde un país como el nuestro, enclavado en el sur de América, queremos sumar esfuerzos para contribuir con la estabilidad y la paz en un mundo cada vez más complejo y cambiante”, expresó Yamandú Orsi, minutos después de ser proclamado presidente de la República, ante una Asamblea General que reunió a los legisladores de ambas cámaras y a líderes internacionales como los presidentes Pedro Sánchez (España), Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia), Gabriel Boric (Chile) y Frank-Walter Steinmeier (Alemania).
Orsi mencionó como “algunas de las banderas” a desplegar durante el período “el avance de las acciones y acuerdos del Mercosur, el reforzamiento de la Celac [Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños], la participación cada vez más activa en la OEA [Organización de los Estados Americanos], la profundización de la cooperación Sur-Sur, la multiplicación de los acuerdos con los grandes países de referencia de nuestro mundo en forma bilateral y multilateral”.
Afirmó, además, que una de las “principales responsabilidades” de Uruguay tiene que ver con que la región “siga siendo un continente de paz, con mayor estabilidad, equilibrio social y económico”, y resaltó la importancia de tener “un mejor proceso de integración”.
Nueve meses después de aquel discurso pronunciado por el presidente, el canciller Mario Lubetkin dijo a la diaria que su valoración de la política exterior desplegada en este tiempo es “positiva”. “Cuando asumimos, el 1° de marzo, nos proyectamos un conjunto de líneas estratégicas en los próximos dos años, y creo que las principales autopistas o carreteras las logramos concretar básicamente este año”, expresó. “Los resultados de 2025 diría que son extraordinarios”, afirmó el ministro de Relaciones Exteriores.
El compromiso con el multilateralismo, la integración regional, la diversificación del comercio y el posicionamiento de Uruguay como promotor de la paz fueron “las líneas maestras con las que llegaba el Frente Amplio [FA] al gobierno” y sobre las que, luego de abrir “grandes autopistas” el año pasado, la cancillería aspira a “recorrerlas y ponerles contenido” en 2026, destacó Lubetkin.
Sin embargo, en materia de política internacional –concretamente respecto de la situación humanitaria en la Franja de Gaza y de cómo definirla–, las posturas del FA no siempre coincidieron con la posición del gobierno. Cuando la fuerza política hizo un llamamiento a “condenar los crímenes de lesa humanidad y genocidio que está cometiendo contra Palestina el gobierno de Israel”, Orsi sostuvo que la postura del gobierno es “otra cosa”.
La postura “bastante cauta” de Orsi contra el personalismo de Lacalle Pou
En la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en setiembre del año pasado, el presidente uruguayo no mencionó directamente a Israel en su discurso ni habló de genocidio; en cambio, empleó la palabra exterminio para referirse al “objetivo central de las guerras actuales” y ofreció a Uruguay como “promotor de redes de diálogo y mediación”. Uruguay sí votó a favor de una resolución de la ONU que exigía “un alto el fuego inmediato, incondicional y permanente” en la Franja de Gaza, lo que supuso un cambio con respecto al gobierno anterior, que se abstuvo en varias oportunidades. También se decidió pausar el acuerdo entre la Agencia Nacional de Investigación e Innovación y la Universidad Hebrea para la instalación de una Oficina de Innovación y Emprendimiento en Jerusalén.
La postura del gobierno sobre este asunto no conformó ni a propios ni a ajenos. El exvicecanciller Nicolás Albertoni (2022-2025) entiende que hubo “un cambio de postura o algunos matices que muestran que es diferente a como se venía entendiendo la política, con una clara defensa de los valores de Occidente, en el gobierno anterior”, según señaló a la diaria. De todos modos, Albertoni reconoce el “pragmatismo” del actual gobierno, si bien considera que no es momento de “quedar en el medio”: “Acá es momento de defender valores, sea para un lado o para el otro”. Albertoni mencionó, por ejemplo, la situación de Venezuela, sobre la cual considera que “es difícil quedarse en el medio, cuando ante nuestros ojos tenemos claramente una violación de los derechos humanos”.
Al mismo tiempo, Albertoni apuntó que “nunca es buena práctica alejarse del partido que lo llevó al gobierno”. “Como el partido político es tan relevante en las acciones de gobierno, donde uno lo quiera negar, en algún momento del período de gobierno se termina notando”, analizó.
En diálogo con la diaria, Viviana Barreto, licenciada en Relaciones Internacionales e integrante de Redes-Amigos de la Tierra, consideró que la postura “excesivamente conservadora” sobre las acciones del gobierno de Israel en territorios palestinos fue “una de las notas negativas” de la política internacional de los primeros meses de la administración de Orsi. Sobre el desapego entre las resoluciones del FA y las declaraciones del gobierno, señaló que “hay una discusión para dar sobre hasta qué punto el gobierno se puede despegar de las definiciones históricas y de principios sobre el internacionalismo que ha construido la izquierda, y representar otra cosa”.
Para Barreto, la incidencia del partido en la política del gobierno es “parte de la discusión política sana en la que la fuerza política que juntó los votos a partir de un programa discutido orgánicamente, y que permitió que el gobierno haya sido asumido por los compañeros que están en el gobierno, reclame el respeto al programa, a la discusión que se dio en este tiempo y a la historia de la perspectiva que se ha construido históricamente”. Para la especialista, debería “enorgullecer la capacidad de incidir que se puede tener desde las fuerzas políticas en la conversación de las políticas públicas”. En ese sentido, consideró que la política internacional “tendría que ser una de las discusiones más populares y democráticas que pudiéramos dar”, y no “algo para iluminados y expertos en un círculo pequeño”.
En la misma línea que Barreto, María Sara Elola, licenciada en Relaciones Internacionales, calificó la postura del gobierno uruguayo sobre los asuntos internacionales como “bastante cauta”. En diálogo con la diaria, consideró que en el primer año de gestión hubo un cambio en cuanto al “protagonismo personalista” que tenía la figura del expresidente Luis Lacalle Pou.
El doctor en Ciencia Política Camilo López Burian, por su parte, dijo a la diaria que “muchas veces los temas de política exterior se utilizan políticamente a nivel doméstico”; esto, sostuvo, se “usó de forma muy clara” en el gobierno de Lacalle Pou. Asimismo, apuntó, que la conducción se centró principalmente en el presidente de la República.
Barreto valoró como “una buena noticia” que Uruguay, en un nuevo período de gobierno, “recupere una política internacional activa”, ya que en la anterior administración “era muy pobre lo que se ejercía” en esta materia. “Era más bien una lógica comunicativa a partir de las salidas internacionales del presidente Lacalle Pou, que lo que había de agenda efectivamente”, opinó.
El vice primer ministro Ding Xuexiang, y el presidente Yamandú Orsi, durante la visita del jerarca chino, el 4 de noviembre de 2025.
Foto: Gianni Schiaffarino
Gobierno tiene expectativas de fortalecer los vínculos con países asiáticos
Al hacer un repaso de los acontecimientos del año en materia de política exterior, Lubetkin dijo que el gobierno, al asumir, se propuso expandir la visión hacia los países asiáticos y del Caribe, más allá del “mercado de los países fronterizos y de China”. Una “carretera” que se frustró –si bien confía en que se concretará en “un período muy corto”– es el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), que lleva más de 25 años de negociación.
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Según Barreto, “lo comercial tiene una centralidad ineludible” para el actual gobierno. En ese sentido, la aceptación de la solicitud de adhesión de Uruguay en el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) –que Lubetkin anunció a finales de noviembre junto a la vicecanciller Valeria Csukasi en una conferencia de prensa– es considerada uno de los principales hitos. Sin embargo, la especialista dice que “es discutible que sea un hito”. A su entender, se trata del inicio de “un proceso de discusión” que implica “analizar múltiples elementos” y dar el debate político “a la interna del país para ver qué sucede después”.
Además del CPTPP, el canciller destacó la firma entre el Mercosur y la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, por sus siglas en inglés), integrada por Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza. Asimismo, destacó que hubo “una aceleración de reuniones bilaterales al más alto nivel con un conjunto muy importante de países asiáticos”. En julio, en Kuala Lumpur, la capital de Malasia, Lubetkin firmó la adhesión de Uruguay al Tratado de Amistad y Cooperación con el Sudeste Asiático como una “valiosa oportunidad” –según valoró entonces el canciller– para “profundizar los lazos con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático y con cada uno de sus estados miembros”.
Sobre las relaciones con los países asiáticos, Lubetkin espera que se desarrolle “rápidamente” el acuerdo. De cara a 2026, el ministro tiene la expectativa de profundizar el vínculo con China, en el marco de la visita que hará Orsi al gigante asiático en la primera semana de febrero. Lubetkin también destacó la visita a Uruguay del vice primer ministro chino, Ding Xuexiang, la cual calificó como “una señal muy poderosa” por cómo “los chinos manejan las relaciones con los países”. “Ahí estamos hablando de integración; estamos hablando de diversificación de mercados”, agregó.
“No hay una agenda tan clara” sobre el regionalismo
Para López Burian, cuando se piensa en la posición de Uruguay en el mundo es necesario “pensar que estamos en un contexto de cambio” en cuanto a las “capacidades materiales a nivel global”, vinculadas a la economía, la política y la estrategia. Esto, señaló, “se demuestra, por ejemplo, en tener una Argentina más cercana a [el presidente estadounidense, Donald] Trump”.
El especialista situó el accionar de Uruguay en un contexto de una “crisis muy importante del multilateralismo”, en la que algunos países, “particularmente de gobiernos con signos de derecha extrema con un perfil fuertemente antiglobalización”, cuestionan los valores y los principios promovidos desde la ONU y la Organización Mundial del Comercio. En este escenario, Uruguay “aparece apostando” a las reglas del multilateralismo, apuntó López Burian.
Por su parte, Barreto consideró que el gobierno se instaló con un “discurso muy prointegracionista, de construcción de regionalismo, de compromisos de construcción de mecanismos latinoamericanos y sudamericanos”, así como de respaldo al “proceso de la Celac”.
Elola, en tanto, coincidió en que “sin dudas se le está dando un énfasis a la Celac” y valoró como “un logro” la presidencia pro tempore del bloque que Uruguay asumirá en el segundo semestre de 2026. “En general, los países [miembros] están viendo con buenos ojos que Uruguay vaya a presidir la Celac”, resaltó.
“Era absolutamente impensable, en febrero o marzo, que recibiéramos el respaldo que recibimos para esto”, destacó Lubetkin sobre la próxima presidencia pro tempore de la Celac. El canciller puntualizó que se trata del único ámbito que reúne a los 33 países de América Latina y el Caribe, lo que supone para Uruguay una “responsabilidad importante en relación con cómo debe actuar [la región] en este escenario tan cambiante”.
Al respecto, si bien remarcó que Uruguay “nunca” dejó de participar en la Celac, Albertoni señaló que “es innegable” que “se ha notado otra impronta por parte de este gobierno”. “Sí puede ser que [el gobierno actual] lo vea como una plataforma de inserción, que quizá por variables diversas no se entendía como una plataforma central de inserción del país en el gobierno anterior”, apuntó.
De todos modos, a pesar del cambio de postura respecto de este espacio regional, Barreto consideró que “no se ve una agenda tan clara de proactividad del gobierno de compromiso con esos esquemas de integración regional”. A modo de ejemplo, recordó que Orsi no participó en la última cumbre de la Celac en Santa Marta, Colombia, en noviembre del año pasado, y sostuvo que “no hay una interpretación tan clara” sobre por qué no asistió. A su juicio, lo que incidió en este caso fue la denuncia “con muchísima claridad, y capaz virulencia”, del presidente de Colombia, Gustavo Petro, al “ataque de Estados Unidos a la soberanía latinoamericana” por la situación en Venezuela”. En ese sentido, consideró que “hay como una lógica de no enemistarse con el gobierno de Estados Unidos por parte del gobierno uruguayo”.
“No hay una agenda tan clara que diga: ‘Aprovechemos el espacio de la Celac para discutir un posicionamiento regional frente a algo que es un ataque claro a la soberanía latinoamericana’”, recalcó Barreto.
Con respecto al Mercosur, Lubetkin sostuvo que, tras la última cumbre y pese a la postergación del acuerdo con la UE, el bloque se reconfirmó “al máximo nivel, sin ninguna señal de retirada”. En esa instancia, que se llevó a cabo en Foz do Iguaçu, Brasil, Orsi afirmó que Uruguay apostó por la modernización del Mercosur, promoviendo una “mirada pragmática y constructiva que contemple las distintas velocidades, sensibilidades y realidades de cada socio”.
Para Albertoni, la postura de Uruguay “sigue firme hacia la flexibilización” del Mercosur. “Que algunos lo expliciten más desde la práctica, desde el testimonio, desde la palabra, desde las señales, eso va cambiando por gobiernos”, apuntó, en referencia a los matices con el gobierno anterior. El exvicecanciller aseguró que Lacalle Pou nunca “amenazó con irse”, sino que la postura que transmitió fue la de que “necesitamos avanzar; si es juntos, muchísimo mejor”.
Según Elola, el actual gobierno ve al Mercosur “como algo instrumental”, es decir, “nos viene bien si facilita el desarrollo, el comercio y demás; sirve, pero se reconoce que tiene límites”. No obstante, observó que “hay una apuesta por mejorarlo desde adentro”, y señaló que el bloque regional se valora “como una plataforma negociadora” para llegar a socios grandes, como en el caso de la UE. “Creo que ahora el gobierno lo que tiene es una posición de flexibilidad, o sea, mantiene esa postura histórica de exigir mayor flexibilidad, pero ahora lo hace negociando, quizás no tanto chocando”, apuntó.
Barreto consideró que el debate sobre la flexibilización del Mercosur “se va saldando por la vía de los hechos”, por ejemplo, a partir del acuerdo marco entre Argentina y Estados Unidos, o incluso con la nueva fase de negociación de Uruguay con el CPTPP, que catalogó como violatoria de la normativa del Mercosur. “Es una salida unilateral que no está conforme a la norma, pero que está autorizada, digamos, por el tono del momento político”, expresó. A la interna del bloque, “cada uno está haciendo su juego porque no hay un consenso sobre cómo resolverlo con un acuerdo”, acotó.