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Valeria Csukasi y Mario Lubetkin, el 17 de febrero, en el edificio anexo del Palacio Legislativo.

Foto: Martin Hernández Müller

A la espera de un estudio de impacto actualizado, empresarios y trabajadores ven oportunidades y amenazas en el acuerdo Mercosur-UE

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“En algún momento se planteó este acuerdo como, sencillamente, de agricultura versus industria”, pero “hoy sabemos que eso no es así y que no es tan sencillo de evaluar”, afirmó la subsecretaria de Relaciones Exteriores en el Parlamento.

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Leído por Mathías Buela
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El 17 de enero, en Asunción, se firmó, tras 25 años de negociación, el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), compuesto por dos instrumentos: el acuerdo interino de comercio, conocido como ITA, y el acuerdo de asociación, conocido como EMPA. El primero es el que se remitió el 10 de febrero al Parlamento Nacional, dado que el segundo –que comprende los aspectos políticos y de cooperación entre los bloques– no fue remitido aún a ningún parlamento de los estados del Mercosur, a la espera de la firma de los 27 estados de la UE.

Después que el texto del acuerdo ingresó al Parlamento, el martes de Carnaval comenzó el desfile de delegaciones de autoridades y representantes del sector empresarial y sindical para informarse y transmitir sus opiniones e inquietudes sobre el impacto concreto que tendrá en nuestro país.

La primera delegación en asistir a la comisión especial que se creó para el tratamiento del acuerdo, que funciona en el Senado, estuvo encabezada por el ministro de Relaciones Exteriores, Mario Lubetkin, la subsecretaria de esa cartera, Valeria Csukasi, y la directora general para Asuntos de Integración y Mercosur, Paola Repetto, quienes plantearon que para conocer con más claridad el impacto sectorial de la aplicación del acuerdo será fundamental el análisis que se le solicitó al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que estaría pronto dentro de las próximas dos semanas. Igualmente, un documento que elaboró la cancillería este año enumera los productos que se verán más beneficiados por el acceso libre de aranceles al mercado europeo y los cambios en las condiciones de ingreso de algunos productos de interés para nuestro país.

Este lunes 23 la comisión terminará la recepción de delegaciones, y en este caso volverá a concurrir la cancillería, pero en esta oportunidad acompañada del ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone. El objetivo es que el texto se considere en el plenario del Senado el miércoles 25 y el jueves 26 en una sesión extraordinaria de la Cámara de Diputados, se le dé ingreso e incluso, según consideró el diputado nacionalista Juan Martín Rodríguez, podría ser tratado ese mismo día como asunto grave y urgente.

La UE: socio estratégico para Uruguay

En términos generales, la trascendencia del acuerdo se desprende de que la UE es la segunda economía mundial y un socio estratégico para Uruguay: en 2025 permaneció como tercer destino de las exportaciones uruguayas de bienes, por detrás de China y Brasil, según el informe anual de Uruguay XXI. Las ventas al bloque alcanzaron unos 1.835 millones de dólares, lo que implicó un aumento cercano al 2% respecto de 2024, aun en un contexto de descenso de cerca de 8% en la cantidad exportada.

En su comparecencia en la comisión, Repetto apuntó que, una vez entrado en vigencia el acuerdo, “todas las exportaciones de hoy en día de Uruguay hacia la Unión Europea van a tener un trato preferencial al momento de ingresar al bloque europeo”. El análisis que divulgó la cancillería sobre el impacto del acuerdo en Uruguay señala que “la tasa de arancel promedio pagado en 2023 por Uruguay a este bloque fue de 3%, con máximos promedio en cítricos, frutas y carne bovina”, por lo que “la eliminación de esa barrera arancelaria al final del período de desgravación será una de las principales ganancias para Uruguay”.

En 2025 la celulosa siguió siendo el principal producto de exportación hacia la UE, por un valor de 687 millones de dólares, aunque no tuvo su mejor desempeño, con una baja interanual cercana al 29% en valor y de alrededor de 18% en toneladas. En contraste, la carne bovina –segunda en el ranking– mostró una mejoría, con ventas en el entorno de los 596 millones de dólares y un crecimiento del 60% frente al año previo, sumado a un avance en términos de volumen del 42%.

En el tercer lugar se mantuvo el arroz, con algo más de 105 millones de dólares exportados, aunque también registró caídas tanto en valor –cercanas al 20%– como en volumen –cuatro puntos menos–. Uruguay XXI destaca también “las colocaciones de subproductos cárnicos, la madera y los productos de lana y tejidos”.

Principales beneficiados

Dado que el último estudio sectorial data de 2019, para conocer los ganadores y perdedores del acuerdo en nuestro país es clave el estudio que está terminando por estos días el BID, indicó Csukasi en su comparecencia en el Parlamento. Asimismo, la subsecretaria advirtió sobre algunas simplificaciones: “En algún momento se planteó este acuerdo como, sencillamente, de agricultura versus industria. Se veía la idea de que el Mercosur iba a vender agricultura y la Unión Europea iba a vender industria; hoy sabemos que eso no es así y que no es tan sencillo de evaluar”, apuntó.

Csukasi indicó que esto se debe a que “la industria europea tampoco puede competir con la industria de otras regiones y, por lo tanto, ya no es la amenaza para nuestros sectores industriales que podía haber sido 20 años atrás”, y a que “la agricultura del Mercosur –en particular la uruguaya– ha evolucionado y ha incorporado valor agregado en grandes dimensiones, muchas veces siguiendo las imposiciones europeas en materia de sostenibilidad, de ambiente, de protección del trabajo y demás”.

No obstante, la jerarca reconoció que en el largo debate que precedió a la firma del acuerdo siempre estuvo sobre la mesa la preocupación de “un par de sectores en Uruguay” por el “impacto que el acuerdo puede tener en la competitividad y en la producción, en particular, el sector lácteo, el industrial en general, el del metal, el metalmecánico, el de los plásticos y demás –que hoy exportan a Brasil y temen un poco por la competencia europea en esos terrenos–, el vitivinícola y también el del aceite de oliva”. Sobre este último, aclaró que, “en realidad, tiene otras preocupaciones que hoy ya están muy presentes y que no salen del acuerdo en sí mismo, que no tienen que ver con aranceles, sino con la composición del propio aceite, a lo que también estamos prestando una especial atención”.

En ese sentido, Csukasi señaló que para esos sectores “el BID va a hacer un trabajo sectorial para determinar cuáles son los impactos reales, dónde están las pérdidas de competitividad con Brasil y qué capacidad tiene Europa, realmente, de entrar más y sacarnos de cierto espacio”. También se analizará la capacidad que tiene Uruguay para exportar, “si se proyecta un crecimiento y una modernización de esos sectores para ingresar a un mercado europeo en el que ya está”. Por su parte, Repetto marcó que para conocer el “impacto es necesario conocer qué cuotas vamos a poder conseguir en esa diversidad que vamos a tener”.

Según el análisis de la cancillería, el potencial resultado del acuerdo para productos como los cítricos, la pesca y los cueros es de “especial relevancia, ya que estos habían perdido sus condiciones preferenciales de acceso al mercado europeo tras la caída del Sistema Generalizado de Preferencias en 2014”. A esto se refirió César Bourdiel, analista de la Cámara de Industrias del Uruguay, en la comparecencia de la delegación en el Parlamento: “Un primer objetivo que siempre vimos en el avance de este acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea era recuperar ese acceso preferencial para este universo de productos”, apuntó, y puso el ejemplo de la pesca, “un comercio muy significativo de decenas de millones de dólares que se perdió” y para el cual “puede ser un estímulo recuperar este acceso preferencial”.

Otro de los actores que concurrió a la comisión fue la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI). El viernes Amílcar Perea dijo que “ojalá” se refrende el acuerdo, aunque este “no alcanza: necesitamos ser competitivos para aprovecharlo”. Explicó que la industria de la tecnología tiene como principal mercado Estados Unidos, adonde va 80% de las exportaciones de servicios, mientras que otro 10% va a Reino Unido. “Tenemos 90% por fuera de la Unión Europea, pero necesitamos mercados que sean capaces de pagar los costos de la calidad uruguaya, y la Unión Europea es uno de esos”, sostuvo.

Sectores amenazados y salvaguardias

En su visita a la comisión especial, la delegación del PIT-CNT manifestó algunas preocupaciones sobre el impacto del acuerdo en algunos sectores, en particular, el lácteo, el automotor y el manufacturero. Al respecto, el dirigente de la central sindical José Olivera apuntó que también “a estas horas, uno tiene dudas con relación a algunas salvaguardas que acaba de aprobar, hace muy poquitos días, el Parlamento europeo, presionado fuertemente por el sector agrícola” y en torno al “tema de las compras públicas, en el que una estrategia nacional de desarrollo tendría un papel clave sobre cómo el Estado promocionaría la situación de las micro, pequeñas y medianas empresas”.

“Hay que ver el tema de los derechos laborales y no la utilización de la rebaja de estos derechos, condiciones de trabajo y salariales como un elemento de competición a la hora de que los distintos países participen en el acuerdo. Son un conjunto de elementos con los que, a priori, no manifestamos una posición cerrada, pero sí una preocupación o necesidad de tener que discutirlos”, agregó Olivera.

En la misma línea, el dirigente sindical Danilo Dárdano indicó que la inquietud pasa por “saber cómo vamos a cuidar, especialmente, a los agricultores familiares del Mercosur y de nuestro país, como son los colonos o los pequeños chacareros”. “Es muy preocupante, reitero, porque nosotros hasta el día de hoy no tenemos salvaguardas similares, incluso teóricamente podrían serlo, pero todos sabemos el lobby y la fuerza que tiene el empresariado europeo en comparación con el nuestro”. También hizo hincapié en “las compras públicas”, que a la central sindical le “preocupan mucho porque hay empresas uruguayas, especialmente las micro y pequeñas empresas, que dependen de la compra del Estado, y esto abre mucho el panorama contrario a los intereses de los trabajadores, de las pymes y las microempresas”.

Con respecto al sector lácteo –amenazado por el ingreso de productos de la UE a Brasil, principal socio comercial de Uruguay dentro del Mercosur–, el PIT-CNT manifestó “una enorme preocupación”. “Allí muchos de nuestros productos lácteos tienen mercado; si bien hay algunos que en el acuerdo se reservan, como es el caso de la muzzarella, hay otros que van a tener fuerte competencia de productos europeos, muchos de los cuales obviamente van a llegar mediante subsidios”.

En su comparecencia, Csukasi señaló que, para atender situaciones en las que las industrias locales puedan verse amenazadas, por ejemplo, por un aumento exponencial de las importaciones, a partir de la entrada en vigencia del acuerdo, se incluyeron cláusulas de salvaguardia. La subsecretaria señaló que la salvaguardia bilateral establece que, “si como resultado de nuestro comercio bilateral aumentan tanto las importaciones que provocan la destrucción de una rama de mi producción, tengo la posibilidad de hacer una investigación y, después de una prueba muy clara de causalidad entre el aumento de las importaciones o la caída de los precios y el acuerdo comercial, puedo dar marcha atrás y eliminar esa liberalización o suspenderla en el tiempo”.

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