Durante muchos años, el vertedero municipal de Rivera era punto de partida y final del día para decenas de hurgadores. Entre el olor penetrante del desecho urbano y la incertidumbre cotidiana, hombres y mujeres revolvían la basura buscando qué llevar a la mesa familiar.
Ocho años después, la historia se escribe con otro tono: la basura dejó de ser un desecho sin valor, y se transformó en trabajo formal, sustento y dignidad para 27 familias de Rivera.
El cambio no sucedió de la noche a la mañana. Requirió capacitación, asesoramiento y fundamentalmente que los clasificadores tomaran la decisión de organizarse. Así se consolidó una cooperativa de trabajo integrada por 24 familias de Rivera y tres de la localidad de Tranqueras.
Actualmente, gestionan dos plantas de clasificación y operan dos camiones recicladores que recorren las calles del departamento. Además de limpiar la ciudad, la gestión de los residuos genera ingresos para la cooperativa, que se convirtió en un engranaje clave para la economía circular del departamento.
El arte de clasificar y el valor de lo descartado
En las plantas de clasificación el trabajo es minucioso. El aluminio, el cartón, el papel, el vidrio y las botellas de plástico PET se seleccionan, limpian y enfardan antes de salir al mercado formal de reciclaje. En este circuito, los números cobran vida: el kilogramo de plástico PET cuesta hoy 25 pesos, mientras que el de aluminio llega a costar 80 pesos. Lo producido y enfardado se negocia en el departamento, alimentando un “sistema comercial sustentable”, señalan desde la cooperativa.
Para que la maquinaria funcione, resulta vital la cooperación de los vecinos. La Intendencia de Rivera ha implementado la recolección selectiva por barrios y con días fijos; los camiones recogen únicamente residuos secos de la vía pública. El sistema exige disciplina, ya que si un ciudadano mezcla residuos orgánicos con reciclables, el camión deja la bolsa en la vereda y hasta se podrían aplicar multas. De esa manera, señalan las autoridades, se capacita a la comunidad para respetar horarios y clasificaciones.
A esto hay que sumar el trabajo estratégico en el microcentro de Rivera, donde Renacer del Norte levanta cartones, plásticos y aluminio, en un circuito delimitado por la División Higiene de la Intendencia, integrando a comercios locales mediante iniciativas como el proyecto “Microcentro Más Circular” y la entrega del Sello Verde.
Plan Vale:un ecosistema nacional
La experiencia de Renacer del Norte no es un hecho aislado; forma parte de un engranaje nacional mayor. Bajo el lema “Le damos valor a tu envase”, la cooperativa se nutre del respaldo del Plan Vale, un impulso articulado por el Ministerio de Ambiente, la Cámara de Industrias del Uruguay y las intendencias.
Este plan contempla un fondo de inversión estimado en 50 millones de dólares para infraestructura y automatización a nivel nacional, e involucra a más de 2.500 empresas. Entre sus metas están la implementación del Sistema de Depósito, Devolución y Reembolso (SDDR) hacia 2027-2028, que permitirá a los consumidores devolver envases a cambio de un incentivo económico, así como la construcción de una gran planta de procesamiento en la Unidad Agroalimentaria de Montevideo (UAM), que tiene previsto procesar más de 100 toneladas diarias.
Entre el rugido de los motores de los camiones recolectores y el estruendo de la prensa de fardos, los integrantes de la Cooperativa Renacer del Norte dicen estar satisfechos con la posibilidad de generar un sustento en base a un ecosistema “que funciona muy bien” y que le cambió la vida a 27 familias riverenses.