Salud Ingresá
Salud

Foto: Sergio Meresman

“Escribir es una forma de decir basta”: un taller literario se propone cambiar la narrativa de masculinidades y discapacidades

7 minutos de lectura
Contenido exclusivo con tu suscripción de pago

De su primera edición surge el libro Lo que arde: cuentos de alteridades latinoamericanas, disponible en descarga gratuita.

Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta
Registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

“Nunca tuve sexo / Y tengo 23 años / Es una vergüenza que no se me va / Lo escondo como si fuera un defecto / Nadie lo sabe / Me inventé una vida que no tengo / En casa no se hablaba del tema / Jamás / Y en el liceo, cuando los gurises contaban sus historias, yo callaba”. Así arranca “Gallo de madera”, un relato en verso del uruguayo Pablo Zelis –actor, comediante, conductor de radio y presidente de la Unión de Ciegos del Uruguay–, incluido en el libro Lo que arde: cuentos de alteridades latinoamericanas, editado en diciembre de 2025 y disponible de forma gratuita en formato digital.

El libro reúne relatos de un taller literario de modalidad virtual convocado por el Instituto Interamericano sobre Discapacidad y Desarrollo Inclusivo (iiDi), y nace de una invitación a cambiar las narrativas en torno a las masculinidades y las discapacidades, y a reafirmar “el coraje de arder”, a través de la escritura.

La primera edición del taller, coordinada por Soledad Castro Lazaroff, se llevó adelante entre abril y octubre de 2025 en el marco del proyecto La Luz de Frida y contó con la participación de personas con o sin discapacidad de Uruguay, México, Ecuador, Guatemala, El Salvador, Colombia y Bolivia.

Una segunda edición del taller comenzó en marzo, y habrá otra en el segundo semestre del año.

Según Sergio Meresman, coordinador del proyecto Masculinidades y Discapacidades del iiDi, cambiar estas narrativas implica “atravesar el laberinto del lenguaje, revisar lo heredado, permitirnos reescribir y reescribirnos”, para darle a la palabra un espacio de transformación.

“Durante siglos, lo ‘masculino’ fue sinónimo de músculo, fuerza, dureza. Una idea que atraviesa la crianza, la cultura, el deseo y los vínculos, y que aún sostiene mandatos, privilegios y violencias”, reza un texto introductorio a la propuesta del taller. En el extremo opuesto de ese imaginario la discapacidad aparece marcada por ideas de debilidad, limitación o falla.

En ese sentido tanto el taller como la literatura que surge de su actividad vienen a despertar las siguientes preguntas: ¿qué ocurre cuando estas dos dimensiones conviven dentro de una misma vida?; ¿qué narrativas se construyen –y cuáles habría que desarmar– para habitar esa experiencia con dignidad, deseo y libertad?

La igualdad de las voces

“El iiDi trabaja desde hace más de diez años promoviendo los derechos sexuales y reproductivos de niños, niñas y adolescentes con discapacidad, en Uruguay y en toda América Latina. Los desafíos que se presentan van mucho más allá de un marco legal que (si bien reconoce formalmente muchos derechos) deja bastante que desear a la hora de su cumplimiento. En el acceso a educación sexual, en la posibilidad de tomar decisiones propias e informadas, en la protección de la violencia y el abuso, los y las adolescentes con discapacidad están lejos aún de experimentar la igualdad de derechos. Más aún, la sobreprotección familiar y el prejuicio de que no pueden atraviesan toda su experiencia de vida”, explica Meresman, en diálogo con la diaria, sobre la labor de la institución y la importancia de este proyecto participativo.

“En ese contexto, abrir un espacio de reflexión y escritura creativa acerca de la construcción (y deconstrucción) de ‘lo masculino’ en la experiencia de la discapacidad constituye una aventura sensorial y narrativa”, agrega, y destaca entre los hallazgos del taller y la publicación del libro, el de reunir “voces, experiencias, tensiones y búsquedas que pocas veces encuentran un espacio en la literatura contemporánea”.

Lo que arde incluye relatos de amor, recuerdos traumáticos, semblanzas familiares y monólogos internos de cuidada factura cuyo carácter común queda bien resumido en el título de la publicación. En el prólogo del libro la coordinadora del taller, Soledad Castro Lazaroff, se explaya en la decisión: “El título se impuso sin demasiada discusión, por su potencia en torno a la metaforización del deseo y también por su simpleza de fogata, que entra en diálogo con la mejor tradición de la literatura latinoamericana”.

“Soy un adulto varón de la sierra ecuatoriana. Mi madre, Eulalia, de niña vivía en Uchupucun, en ese entonces un barrio pequeño a diez minutos de la ciudad, con casas de adobe y caminos de tierra, lleno de sembríos, baconas, árboles frutales como eucalipto, pencas y monte hasta donde se viera. Pegado a la casa, en la parte izquierda, mi abuelo Ignacio había construido un cuarto de madera para cocinar. Mis abuelos no querían a mi madre ni a mi tío Carlos, un año menor que ella. Dormían al ras del piso y, para aplacar el frío, tendían un trozo de estera vieja en el suelo y un poncho usado que los cubría”, relata el artista multidisciplinar ecuatoriano Víctor Hugo Torres Uhzca en el cuento “Las historias de mi madre”.

Torres inició su carrera artística a los 19 años como grafitero. Estudió Artes Visuales en la Universidad de Cuenca y actualmente trabaja en una cestería, elaborando objetos abstractos con fibras naturales.

“En mi caso presento una malformación congénita en el pie izquierdo, caracterizada por la ausencia de cuatro de los cinco dedos, que se enmarca dentro de una hipoplasia ósea”, explica el artista sobre su discapacidad. “Adicionalmente, presento una hiperacusia de tipo binaural, una alteración auditiva caracterizada por una sensibilidad aumentada a los sonidos cotidianos. Además tengo un antecedente de cirugía por labio leporino y presento paladar hendido, una malformación craneofacial congénita en la que existe una apertura o falta de fusión en el paladar, con la presencia de dos piezas dentales desalineadas en la mandíbula”.

Estas condiciones, dice, configuran una diversidad funcional que involucra componentes ortopédicos, auditivos y craneofaciales, con implicaciones tanto físicas como sensoriales, y a la vez, puntualiza, “constituyen una experiencia corporal singular que atraviesa la percepción, la movilidad y la relación con el entorno”.

A pesar de sus dificultades, Torres cuenta que intenta llevar una vida “lo más normal” posible, aunque no siempre le resulte sencillo: “Mis condiciones no son visibles a simple vista, por lo que muchas personas no perciben mi discapacidad. Esto suele generarme dificultades, especialmente al no contar con un reconocimiento formal como un carnet. Cuando mi cuerpo se descompensa, tanto física como emocionalmente, me resulta complicado explicar o hacer comprender mi condición. En esos momentos, debo continuar con mis actividades, incluso en el trabajo, a pesar del dolor o de las alteraciones emocionales que se derivan de mi situación”, relata.

Tras estudiar su propia condición, el escritor ecuatoriano tiene claro que los fundamentos detrás de su discapacidad no tienen nada de azarosos y derivan de contextos sociales marginales, de desigualdades “y de un sistema que históricamente ha abandonado a muchos”: “Vivimos en un país donde la corrupción y la mala gestión han generado carencias profundas, afectando sobre todo a quienes menos tienen”, sostiene sobre la realidad ecuatoriana en esta temática.

A través de la escritura, sostiene Torres, ha logrado entender su situación de manera más integral y por qué historias como la suya se siguen repitiendo: “Escribir se ha convertido en una forma de resistencia, de memoria y de denuncia frente a un entorno donde muchas veces no hay respeto ni apoyo desde las autoridades, y donde las personas más vulnerables se ven obligadas a sobrevivir en condiciones precarias”, afirma, y agrega: “Escribir es una forma de decir basta, de mostrar lo que incomoda, de poner en palabras lo que muchos quieren callar. Es mi forma de existir sin pedir permiso”.

Escribir sin límites

Carlos Escobar Castro también nació en Ecuador, pero en 1990, y manifiesta que su discapacidad física nunca ha funcionado como limitación.

Trabaja como periodista deportivo y su gran pasión es la música, la que despunta cuando se desempeña como DJ. “Los sueños son metas con fecha de entrega” es su frase de cabecera.

“La luz de la tarde universitaria se filtraba por la ventana de la cafetería, danzando sobre las páginas del libro de Roberto. Se instaló en su mesa de siempre, la que daba a la calle, bajo el pretexto de concentrarse mejor. Pero la verdad era otra: era su puesto de observación, su palco secreto para un espectáculo íntimo”, comienza su cuento “Más allá de las letras”, incluido en Lo que arde.

“Este taller es una experiencia que me ha dejado nuevos lazos de amistad y familia en la literatura, que es algo tan gratificante como cada uno de los aprendizajes”, reflexiona Escobar, y resalta la actividad como un lugar habilitado para compartir emociones y vulnerabilidades en el que cada participante puede “mostrarse tal cual es, sin miedos”.

En su caso, sostiene, escribir le sirve para liberarse tanto de situaciones negativas como positivas. Además, y en relación con los énfasis propuestos por la tallerista Castro Lazaroff, el cronista deportivo adquirió con gusto el ejercicio de “reescribir un mismo texto las veces que quieras hasta alcanzar la magia en cada letra”.

Por su parte, el uruguayo Leodán Ravelo encontró en este taller las condiciones para escribir lo que se le diera la gana y la perspectiva de un grupo que podía valorar su producción literaria. “Es un poco el tema del arte”, resume. “Hay cosas que uno tiene por ahí que se estructuran de una manera en tu interior y cuando se exteriorizan toman una forma distinta”.

“Era enero, pasado el mediodía, y hacía un calor fuerte. El sol golpeaba sobre el techo de chapa del almacén, que largaba ese olor particular, mezcla de metal caliente y cosas guardadas con polvo. A mí me encantaban esos días porque, además del cumpleaños número 9 de Martín, siempre estaban las botellas y podíamos jugar. Como el almacén de su familia juntaba botellas vacías –algunas las traía la gente, otras las usaban para vender nafta–, había un montón tiradas por ahí. Con eso solíamos armar guerrillas de agua”, inicia su relato en Lo que arde, particularmente breve, crudo y contundente.

Sobre su discapacidad, precisa: “Tengo atrofia muscular espinal grado 3. Esa es mi patología, en realidad. Mi discapacidad es motriz y lo que me genera la patología es un constante deterioro muscular y una limitación en la movilidad. Donde me destaco un poco más es en la movilidad de la mano izquierda, con la que puedo mover el mouse con el que escribo en el teclado virtual”. Y agrega: “También tengo una hipoacusia lateral izquierda. Yo escucho, pero me resulta fundamental visualizar a las personas cuando me comunico para poder leer sus labios”.

En su presentación personal, inserta en las páginas del libro, Ravelo asegura que le cuestan las definiciones. En su intercambio con la diaria suelta una frase que lo contradice: “Estos espacios de escritura son como canales de transmisión”. Y continúa: “Aunque a veces cuesta, con la escritura exteriorizás, en definitiva, lo que sos”.

Por más información sobre los talleres literarios del Instituto Interamericano sobre Discapacidad y Desarrollo Inclusivo escribir a iidi.educacion@gmail.com

¿Tenés algún aporte para hacer?

Valoramos cualquier aporte aclaratorio que quieras realizar sobre el artículo que acabás de leer, podés hacerlo completando este formulario.

¿Te interesa la salud?
Suscribite y recibí la newsletter de Salud en tu email.
Suscribite
¿Te interesa la salud?
Recibí la newsletter de Salud en tu email todos los martes.
Recibir
Este artículo está guardado para leer después en tu lista de lectura
¿Terminaste de leerlo?
Guardaste este artículo como favorito en tu lista de lectura