Con el objetivo de visibilizar la trayectoria de las mujeres y promover su participación activa en el medio rural, Cooperativas Agrarias Federadas (CAF) homenajeó a referentes de cooperativas del interior del país.
La instancia se enmarca no solo en el Día Internacional de la Mujer, sino también en el Año Internacional de la Agricultora, una campaña de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura que busca reconocer la contribución de las mujeres a los sistemas alimentarios y promover el cierre de las brechas de género.
Este martes, CAF celebró la quinta edición de Mujeres que inspiran un mañana sostenible y este año distinguió a tres trabajadores rurales: Graciela Sánchez, funcionaria de Cooperativa Agroindustrial del Norte de Uruguay Salto (Calsal); Cecilia Abelenda, veterinaria y directora de la Cooperativa Laboratorio Veterinario de Colonia (Colaveco); y Lucy Prochet Diz, socia de la Cooperativa Ruralista Agraria de Colonia (Cradeco).
El presidente de CAF, Pablo Perdomo, saludó a las homenajeadas –postuladas por cooperativas socias de CAF– y destacó la “superación y resiliencia” de todas las mujeres reconocidas en los cinco años que lleva desarrollándose esta actividad.
Reconocimiento compartido
La encargada de presentar y hacer entrega de la placa de reconocimiento a Graciela Sánchez fue Nina Szwec, directiva de CAF y socia de Calsal.
Sánchez comenzó a trabajar en Calsal como ayudante de caja en el área administrativa a los 19 años. Szwec la retrata como una mujer “que ha puesto su espalda, su fuerza y su tesón para ser una cooperativista más […] Trabajar en Calsal es parte de su identidad”.
Sánchez, que se encarga de las finanzas de la cooperativa y trabaja en el área de cuentas corrientes, se presenta orgullosa como cooperativista de Calsal. Aprendió el cooperativismo trabajando y viéndolo día a día y está convencida de que el pequeño productor “puede y debe” tener las mismas oportunidades que el grande. Para ella, “el gran desafío actual” es atraer a los jóvenes y fortalecer el sentido de pertenencia “en tiempos en los que predomina la individualidad”.
Emocionada, Sánchez agradeció el reconocimiento y lo aceptó “como un mimo al alma”. “Lo comparto con tantas mujeres que en distintos lugares sostienen, organizan, gestionan, lideran y hacen posible que sus espacios de trabajo crezcan y se fortalezcan”, expresó.
El trabajo de la mujer en el campo “ha sido y es históricamente fundamental y muchas veces invisibilizado”, cuestionó, y valoró esta instancia como una oportunidad para reconocer trayectorias, esfuerzos y compromisos “de tantas mujeres que día a día aportan con su mirada, su capacidad de trabajo y su sensibilidad para construir espacios más justos y solidarios”. Por último, cerró: “Arriba, mujeres agricultoras. Sí se puede y las cooperativas son una herramienta excepcional”.
Habilidades de la mujer rural
Belén Lechini, directiva de CAF y funcionaria de la Cooperativa Agraria Río de la Plata Limitada (Cariplal), presentó a Cecilia Abelenda.
Nacida en Rosario, eligió Colonia Valdense como lugar para asentarse. Creció en una familia no directamente vinculada al campo, aunque con raíces agropecuarias por parte de sus abuelos maternos. Pasó su infancia jugando entre vacas, tractores y cosechadoras en el campo de la familia de su mejor amiga. Esa experiencia despertó su interés por el campo y con 17 años ingresó a la Facultad de Veterinaria.
Como pasante en el Instituto de Higiene de la Universidad de la República, trabajó en un proyecto de investigación junto con veterinarios japoneses sobre fasciola e hidatidosis, experiencia que le abrió las puertas al mundo de la investigación y al trabajo analítico del laboratorio.
Después de recibirse, volvió a Colonia Valdense, donde instaló un consultorio veterinario en el fondo de la casa de sus padres, pero la creación de un laboratorio cooperativo, Colaveco, llamó su atención y se presentó a un concurso para poder ingresar. Lo logró, aunque al poco tiempo viajó al exterior para cursar un posgrado. No obstante, Abelenda volvió a Colaveco y hace diez años que es directora técnica en el laboratorio.
Tras recibir la placa, destacó “habilidades importantes” para mujeres que ocupan puestos de liderazgo y que, a la vez, son habilidades que “naturalmente tienen las mujeres en el medio rural”: ser pacientes, empáticas, simples, oportunas, únicas, “y poder vivir nuestro propósito de vida”.
En segundo lugar
Finalmente, Sofía Fossati, directiva de CAF, presentó a Lucy Prochet Diz, socia de Cradeco, quien creció en el medio rural, en una chacra cercana a Colonia Valdense.
Hija de un productor tambero que integraba la directiva fundacional de Cradeco, desde niña participó de forma activa en las tareas de campo: ordeñaba a mano, elaboraba quesos, cortaba maíz, cosechaba alfalfa y realizaba conservas y dulces.
Prochet Diz recuerda con cariño la escuela rural a la que asistió, que se encontraba a tan solo una cuadra de su casa. Durante su adolescencia combinó el trabajo en el campo con momentos de recreación: campeonatos de vóley, idas a la playa Fomento, al cine y a la iglesia evangélica valdense.
A los 17 años se casó y comenzó junto con su esposo un emprendimiento familiar: tenían un tambo y elaboraban quesos. Después de años de trabajo, lograron adquirir su propio campo y consolidar la producción.
Cradeco ha sido desde siempre el lugar de referencia para toda la familia y Prochet Diz valora especialmente que sea una mujer quien ocupa el rol de gerenta en la cooperativa e insiste en continuar con el apoyo a las mujeres rurales.
En un breve discurso, Prochet Diz recordó a su madre, una mujer rural “muy trabajadora”. “Las mujeres rurales siempre estuvimos en un segundo lugar. Estoy muy contenta de las mujeres de mediana edad y jóvenes que siguen. Hay que apoyarlas para que tengan un mejor pasar y puedan salir adelante, estudiar y prepararse para un futuro mejor”, manifestó.
Tiempos de cambio
La producción agroindustrial es un rubro históricamente masculinizado, pero tanto directivas como cooperativistas coinciden en que la participación de la mujer en las cooperativas agrarias ha aumentado significativamente.
Las protagonistas del evento conversaron al respecto con la diaria. Para Sánchez, este cambio ha venido acompañado de otros como el advenimiento de la tecnología. Al “hombre rural”, sobre todo a los mayores, “le cuesta la tecnología”, mientras que la mujer se adapta, “tiene esa paciencia de aprender”.
Como ingeniera agrónoma, Fossati tuvo que “hacerse el lugarcito”, pero considera que el sector es cada vez más accesible para las mujeres.
Lechini también es ingeniera agrónoma y socia de Cariplal, cooperativa que tiene como gerenta a una mujer y cuenta con una plantilla en la que la mitad de trabajadoras son mujeres. “Gracias al trabajo que han hecho muchas mujeres, yo en hoy día disfruto de ciertos privilegios y esto tiene que seguir cambiando y hay muchas cosas por mejorar. Mi realidad ha sido diferente por el trabajo de otras mujeres”, reafirmó.
No obstante, Szwec observó que aún “la mayoría” de los socios de las cooperativas son hombres. Calsal, cooperativa de la cual es socia, “tiene alrededor de 460 socios y solo 60 son mujeres”, señaló.
Prochet Diz, en tanto, trabajó siempre a la par de su marido. Sin embargo, “todo estaba a nombre de él, todo lo firmaba él”. “Cuando falleció fue una catástrofe porque estaba todo a su nombre, hasta la cuenta en el banco. Las tarjetas me las sacaron todas […] Por eso yo le insisto a la nieta: tratá de estudiar y tener tus cosas, tu independencia”, sostuvo.
En este sentido, Abelenda percibe un cambio “generacional”. “Antes el hijo varón iba a tener que tomar el mando del tambo. Ahora, de pronto, es la hija la que quiere y al hijo no le interesa para nada. Pueden decir que el trabajo no es para mujeres, que es esclavizante, que es un rompedero de cabeza, pero hay mujeres jóvenes que quieren y toman el desafío”, aseveró.