Trabajo Empleo y producción

Vista aérea del predio de la Asociación Rural del Uruguay, año 1930. Foto: s/d de autor, Intendencia de Montevideo, CDF

La construcción del Uruguay moderno y el rol protagónico de la Asociación Rural del Uruguay en este proceso

Las últimas décadas del siglo XIX, signadas por el caos, las crisis y la violencia, fueron tierra fértil para que prosperara el proceso fundacional de la ARU y se transformara en el epicentro tecnológico del sector agropecuario.

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Aseverar que la Asociación Rural del Uruguay (ARU) fue fundada el 3 de octubre de 1871 es aportar un dato que, en sí mismo, poco dice acerca de la relevancia de tal acontecimiento en el más amplio de los sentidos, considerado un punto de inflexión en la transición del Uruguay pastoril y caótico hacia el Uruguay moderno, tal como sostienen los historiadores José Pedro Barrán y Benjamín Nahum.

La coyuntura política y económica al momento de la creación de la institución gremial agraria más antigua del país es la razón fundamental que explica por qué un grupo de productores rurales deciden crear una organización que defienda y fomente la producción agropecuaria, llevando a un Uruguay feudal, violento y pastoril hacia el capitalismo agrario integrado al mercado internacional.

Desde la jura de la primera Constitución, acontecimiento que marcó el nacimiento oficial y la organización de la Provincia Oriental como un Estado soberano e independiente apenas 41 años antes de la fundación de la ARU, la nación estuvo permanentemente sacudida por conflictos bélicos internos. El sistema de gobierno instaurado no pudo ejercer su autoridad en todo el territorio nacional, en un escenario donde la guerra y la lealtad a los caudillos locales eran el mecanismo habitual de negociación y de presión al gobierno nacional para exigir cuotas de poder político, amnistías, o la coparticipación en los cargos públicos.

En 1870 estalló la Revolución de las Lanzas, que se extendería a lo largo de dos años, y que es considerada por la historiografía uruguaya como la primera guerra civil netamente local, debido a que se financió, organizó y combatió sin la intervención directa o el tutelaje de Brasil, Argentina o de potencias europeas. Cabe destacar que los diferentes sectores de los partidos tradicionales –Blanco y Colorado– no tuvieron una posición homogénea con respecto al conflicto, ya que fracciones de ambas colectividades combatieron en alguno de los dos bandos, sin importar la divisa que los agrupaba.

En su serie de investigaciones sobre el nacimiento del Uruguay moderno, el periodista e investigador Miguel Arregui afirma que la ARU nació porque los empresarios rurales más avanzados estaban “hartos de los desarreglos de los revolucionarios y de los gobiernos”. La inestabilidad política crónica impedía cualquier proyección productiva, por lo que un grupo de hacendados decidió agremiarse corporativamente, por fuera de las divisas políticas, en el entendido de que “el progreso agropecuario requería imperiosamente paz y garantías legales para consolidar el derecho de propiedad y atraer la inmigración laboriosa”.

En tanto, el historiador y politólogo Gerardo Caetano define a la ARU en su origen como la vanguardia técnica, social e ideológica de empresarios terratenientes. El académico enfatiza que la asociación no representó el sentir de todo el agro, sino de un grupo selecto y concentrado geográficamente que entendió tempranamente que para defender sus intereses económicos precisaba un aparato corporativo con fuerte peso e incidencia institucional.

Según Barrán y Nahum, la fundación de la ARU tuvo como uno de sus tantos objetivos desplazar “al ganado criollo” e imponer una “civilización ganadera” basada en el refinamiento de las razas ovinas y bovinas, adoptando un rol pedagógico y civilizador.

Por otra parte, la coyuntura económica determinada por un territorio inmerso en la violencia, el vandalismo y el abigeato planteaba una contradicción adicional para la producción ganadera. En ese entonces el principal producto de exportación de Uruguay era el tasajo con destino a Brasil y Cuba, utilizado como alimento de bajo costo para los esclavos.

La preferencia de los saladeros por el ganado cimarrón o criollo y el impulso de la ARU por mejorar la genética bovina reflejan el choque entre dos modelos económicos e históricos opuestos durante la segunda mitad del siglo XIX en Uruguay, así como dos idiosincrasias y formas de encarar la producción: por un lado, la de la burguesía agraria “colonial” o tradicional; por otro, la “moderna” o progresista, como las definen Barrán y Nahum.

Semana Criolla en el predio de la Asociación Rural del Uruguay, año 1953. Foto: Miguel Paternostro, Intendencia de Montevideo, CDF

La paradoja radicaba en que el saladero, principal comprador de hacienda de la época, castigaba económicamente el esfuerzo de los productores modernizadores. Si un estanciero invertía dinero en alambrar su campo y comprar toros de origen británico para mejorar su rodeo, el saladero le compraba esos animales mestizos a un precio más bajo. El mercado premiaba la reproducción del ganado rústico y desalentaba la inversión genética, de acuerdo con el análisis de Gustavo Huesca en el portal de internet Mundo Agropecuario.

Esta contradicción comercial y tecnológica se mantuvo estancada hasta la aparición de una innovación revolucionaria: el frigorífico, comenzando con tecnologías como la planta productora de extracto de carne de Liebig, instalada en Fray Bentos en 1866, y consolidándose luego con el frío artificial como conservador de alimentos, y el primer envío de carne a Europa, en el buque Le Frigorifique, el 29 de mayo de 1876.

Cuando el frigorífico desplazó al saladero, el mercado europeo comenzó a demandar masivamente carne congelada y enfriada de alta calidad. El ganado criollo dejó de ser rentable y el proyecto de mestizaje genético promovido por la ARU triunfó definitivamente, transformando la matriz productiva del país, como explica Ricardo Reilly, delegado de la ARU en el Instituto Nacional de Carnes.

Si bien puede ser verdad el anónimo dicho popular de que “la patria se hizo a caballo”, no menos cierto es que el Uruguay moderno nació a la luz del fogonazo de un fusil Remington. Un hito clave en la historia de Uruguay fue la adopción del fusil Remington Rolling Block, de retrocarga y eficaz hasta 1.000 metros. Esto transformó la tecnología militar del ejército y le brindó al gobierno una supremacía táctica absoluta sobre las huestes lideradas por caudillos locales, armados mayoritariamente con lanzas, boleadoras y facones. “Esta ventaja se hizo aún más notoria en la década de 1890, cuando los gobiernos uruguayos adquirieron fusiles Mauser de diseño alemán; primero de un solo tiro y luego de repetición por cerrojo y calibre 7 mm, mucho más potente y preciso, además de ametralladoras estadounidenses Colt para enfrentar a las guerrillas a caballo del Partido Nacional”, como narra Arregui.

Entre los posibles caminos a seguir para lograr la pacificación, la implementación de medidas tendientes a expandir la capacidad productiva y exportadora del país, la consolidación de un sistema jurídico y la de un gobierno que efectivamente ejerciera el poder en todo el territorio, Uruguay optó por instaurar un régimen sustentado en el monopolio de la violencia y un exacerbado centralismo administrativo, con sede en la capital.

La ARU jugó un papel destacado en la modernización del país gracias a su capacidad de incidencia en ámbitos de gobierno. Fue la gran impulsora del Código Rural en 1875, y de la posterior política de alambramiento de los campos, medida que, además del positivo impacto en el mejoramiento de los sistemas productivos, favoreció la consolidación de la propiedad privada rural. Además, demandó con firmeza la creación de escuelas rurales y de oficios, una policía de campaña, la construcción de caminos, vados y puentes, y la creación de bancos en los pueblos del interior.

Asimismo, la institución jugó desde 1902 un papel protagónico y esencial en la mejora genética animal en el país también en lo administrativo, ya que ese año, por decreto presidencial, se dispone encomendar a la ARU “la formación de los registros genealógicos de las razas puras de las especies vacuna, ovina y caballar, exceptuándose de esta última las razas de carrera”, que más tarde en el tiempo se incorporarán a la nómina, al igual que aves, conejos y cerdos.

La constante desde aquellos convulsionados días hasta la actualidad es que, sin lugar a dudas, la ARU continuó siendo el epicentro tecnológico del campo.

Semana Criolla en el predio de la Asociación Rural del Uruguay, año 1953. Foto: Miguel Paternostro, Intendencia de Montevideo, CDF

Antecedentes de la Expo Prado

A pesar de un intento fallido de organización de la que debería haber sido la primera exposición ganadera llevada a cabo por la ARU en 1874, la gremial mantuvo enhiesto su objetivo bajo el firme liderazgo de Domingo Ordoñana. Se planificó una exposición para agosto de 1875, en la quinta de Lapido, junto al Arroyo Seco, pero otra vez problemas políticos y económicos obligaron a postergarla.

La iniciativa recién se pudo materializar en octubre de 1883, en un terreno de Emilio Ponce de León, en 18 de Julio y Magallanes, actual enclave de la sucursal 19 de Junio del Banco de la República Oriental del Uruguay.

A fines de 1885 y principios de 1886 se hizo la segunda Exposición Nacional, esta vez en la estación de tranvías de la Unión, en la intersección de 8 de Octubre y 20 de Febrero.

La tercera debió ser dos veces postergada, en 1889 y 1891, hasta que finalmente, en 1895, pudo realizarse en el predio donde hoy se encuentra el edificio sede de la Intendencia de Montevideo.

La ocurrencia de crisis económicas y las cruentas guerras civiles de 1897 y 1904 retrasaron la realización de la cuarta exposición, que debió esperar hasta noviembre de 1905 para concretarse en el Campo Euskaro, ubicado en la zona de la calle Uruguayana y la costa del arroyo Miguelete, en Capurro, en el lugar donde alrededor de 1900 funcionó una plaza de toros. La ARU utilizó este predio para las ediciones de 1906, 1908 y 1909.

Por ese entonces, la ARU firmó un convenio con el Estado y la Intendencia de Montevideo para usufructuar de forma permanente el predio ferial del Prado. De ese modo, en 1913, en las instalaciones especialmente diseñadas para este fin y recién edificadas, se inauguró la 8ª Exposición de Ganadería, que por primera vez tuvo carácter internacional y desde la cual las exposiciones se sucedieron de manera ininterrumpida cada año, acumulando en 2026 las 121 ediciones.

Desde su origen las exposiciones de la ARU fueron fiel espejo de la evolución histórica, económica y social de Uruguay. Un espacio privilegiado de integración entre el campo y la ciudad. Una plataforma de agronegocios. Un foro clave para el debate de nuevas tecnologías y políticas públicas.

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